El nuevo boom de la cultura tucumana

Buscando recrear tiempos idos. El teatro, la plástica y la música vivieron un año sin precedentes.

18 Diciembre 2005
En 2005 Tucumán fue sinónimo de cultura. En un esfuerzo por recuperar la mística de los años 60 y 70, en los que la provincia fue una plaza ineludible para artistas de todo el mundo, el teatro, la plástica y la música vivieron un año sin precedentes. Hubo alrededor de 50 estrenos, se realizaron seis festivales y los cuerpos estables llevaron sus espectáculos al interior de la provincia. Además se rescató al radioteatro, se tomaron nuevos actores y músicos para los elencos de la provincia y el nuevo piano le dio un impulso adicional a los conciertos. La presencia de estrellas como Bruno Gelber, Martha Argerich y el Coro Gospel de Nueva York, quedarán en los anales de la historia local. Los cines también vivieron un año de esplendor ya que se estrenaron superproducciones que colmaron las salas, como "Episodio III" y "Harry Potter.

El arte de este tiempo tuvo gran visibilidad
Los nuevos vientos que soplan en el arte tuvieron este año su expresión en esta ciudad. No es que lo que se entiende habitualmente por arte contemporáneo sea nuevo y no se conozca en esta ciudad. Lo distinto fue que, en las mayores instituciones oficiales de la provincia -el Museo de Bellas Artes Timoteo Navarro y el Centro Cultural Virla- obtuvieron alguna visibilidad. No obstante, la ausencia de espacios para las exposiciones, sigue siendo una deuda pendiente en la ciudad.
El Timoteo Navarro abrió la temporada, precisamente, con la muestra "Flores del Jardín" (en la que alrededor de 30 artistas tucumanos exhibieron sus obras); y la apertura de la sala de arte contemporáneo Rodolfo Bulacio. Pero seguramente, el mayor pico de estas tendencias se alcanzó con el Cultural Chandon, una exposición de grandes dimensiones en la que participaron más de 70 artistas nacionales (el envío tucumano constituyó casi el tercio), y en la que el primer premio quedó en manos de Javier Juárez. Los artículos publicados por los críticos especializados en los diarios La Nación, Clarín y Ambito Financiero, entre otros, no dudaron en calificarla como la mejor edición del emprendimiento artístico de la bodega.
Entre "Flores del Jardín" y el Cultural Chandon, los grabados de Goya convocaron al gran público, y fueron, sin dudas, la mayor apuesta oficial. Luego, impresionaron las fotografías de Annemarie Heinrich, la llamada fotógrafa de las estrellas. Posteriormente los xilocollages de Antonio Berni despertaron gran interés, y los retratos de Juanito Laguna y Ramona Montiel fueron vistos por miles de tucumanos.
En el Virla se consolidó la convocatoria del Salón de Arte de la UNT, lo que estimula la producción, sobre todo de los más jóvenes. Más de 200 propuestas hablan del interés que suscitó. Y lo cierto es que no hay en este ámbito alternativas a este salón.
Otro de los hechos del año no sucedió en Tucumán sino en Buenos Aires, y fue la convocatoria del Fondo Nacional de las Artes, donde participaron más de medio centenar de artistas.

"En el espectáculo hay una reactivación muy impresionante"
La llegada de figuras nacionales y la explosión de las expresiones locales, que sumaron en calidad y en cantidad, son los hechos relevantes que destacan quienes trabajan en la producción de espectáculos públicos o privados.
"Fue, por lejos, el año en el que más he trabajado", afirmó de manera tajante Gabriel Fulgado. El productor explicó que la escasez de figuras internacionales en el país ayudó a los artistas nacionales a trabajar, y ello los acercó mucho más al interior. "En la cultura y el espectáculo hay una reactivación muy importante en todos los sentidos", aseguró. "Este año hay que destacar la instalación definitiva del rock en el centro de la escena, y se pudo cumplir con lo prometido", dijo.
Fulgado destacó también "el compromiso, no sólo electoral, del Estado con hechos culturales; eso creo que suma, y yo no tomo como competencia que se hagan espectáculos gratuitos en la plaza, porque ayuda al ánimo de la gente, que también asiste a las propuestas del sector privado", dijo. En ese sentido, Fulgado resaltó el Setiembre Musical, que congregó a figuras como Martha Argerich o el coro Gospel.
Vicky Ríos, quien trabaja en la programación del Centro Cultural Virla y en prensa de emprendimientos privados, ponderó la realización del VII Julio Cultural "porque tuvo mucha variedad y calidad, dándole en algunos casos la oportunidad a artistas no son muy conocidos".
Además, indicó que el Virla "se mostró como el promotor cultural que es". Entre las producciones locales, Vicky puntualizó el caso de Cosa e? Negros. "Es un grupo independiente que trabajó con mucha seriedad y fuerza, y el Virla le sirvió de trampolín", dijo.
"Lo bueno cosas, como el Megaconcierto o el Café Literario en el Virla, es la continuidad, que esperemos que siga existiendo", dijo Viky.

Los rockeros se quejan por la falta de lugares para tocar
Los rockeros tucumanos tuvieron un año explosivo, con varias ediciones y festivales que compartieron con bandas de primer nivel. Pero la sensación es que se podría haber hecho mucho más, si el apoyo no se hubiera limitado al público y a algunos empresarios, y el estado hubiera participado más activamente.
"Casi no hay lugares para tocar, todos fueron cerrados o clausurados, y a los que quedan les ponen un precio demasiado alto para una banda", aseguró Alfredo Socci, de Pelops.
El músico preguntó: "¿cómo puede ser que cobren $ 500 en el centro Cultural Juan B. Terán, que es del Estado?". "Algún día se tienen que dar cuenta de que el rock es cultura", agregó.
Socci sostiene que el efecto de la tragedia de Cromagnon "se trasladó exageradamente a Tucumán, donde casi nunca se usaron bengalas o hubo problemas".
Darío Souza, de Burritos, no está tan convencido de que ese haya sido el mproblema. "Es cierto que no hay infraestructura para el rock, pero nunca la hubo; recuerdo que antes íbamos a teatritos, canchas de paddle y bibliotecas a ver a las bandas", dijo.
De todos modos, señaló que "esto ayudó a aguzar el ingenio, y muchas bandas, como la nuestra, se las arreglaron para tocar".
Un ejemplo de esta situación es "Pogos", un local para bandas que abrió Gringo Zapata, el cantante de Zyon, ayudado por el grupo, y que fue clausurado hace dos meses.
"Hay demasiadas limitaciones para abrir un local, y ahí estaban todas las habilitaciones necesarias y las medidas de seguridad exigidas", dijo Matías Medina, el baterista de Zyon.
Como muchas otras bandas, Zyon recorrió el norte en busca de nuevos escenarios.
"Tienen que hacer algo para que haya facilidades para conseguir lugares, o para dejar de perseguir a los que invierten para hacer las cosas bien; así, todo el mundo se va a acobardar y nos vamos a quedar sin nada", señaló.

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