Trampa para monos

Por Alvaro José Aurane. La oposición avalará la reforma del oficialismo.

15 Diciembre 2005

La trampa es antigua. Los cazadores de monos de la mesopotamia argentina fabrican una caja, con una tapa con traba. Adentro ponen una banana. Y al frente, hacen un hueco por el que apenas pasa la mano del mico. Luego, el animal mete su brazo, agarra la fruta y ahí se queda: no puede sacar el alimento. No hacen falta redes, pozos ni dispositivos complejos. Basta la voluntad del mamífero de no soltar el cebo.
El escenario tucumano de la reforma constitucional reedita, en formato político, esa mecánica. El Gobierno se lanzó a la caza de agrupaciones que lo acompañen en la modificación de la Carta Magna, para darle un barniz de participación y legitimidad. Y para que vayan a las urnas (con orificio al frente incluido) puso diversas carnadas. Y en cantidades bastante efectivas a juzgar por el hecho de que no son pocos los dirigentes que han dejado entrampados a los partidos que representan. Ellos, hay que aclarar, no son ningunos primates.
Los casos de la Izquierda Unida (IU), el Acuerdo Social para la Inclusión (ASI) y la UCR capitalina son emblemáticos. A diferencia del Frente Participación Cívica, Acción Provinciana, el Polo Obrero, las tres primeras fuerzas, en algún momento, pusieron en duda su presencia en el proceso reformista. Para atrapar a la Izquierda Unida, el oficialismo se aseguró de que el resto de los partidos que compiten en su mercado electoral asistan a los comicios. Así, los dirigentes de esa fuerza aducen que si no participan, otro puede acaparar su electorado.
Los socialistas, democristianos y el ARI podrían haber esgrimido idéntico argumento. Pero dijeron que continúan en carrera porque la gente merece conocer su propuesta progresista. Esta idea de que difundir un proyecto es razón suficiente para convalidar la reforma oficialista, es de una inmadurez política sólo superada por los radicales del centro de la capital. Ellos siguen porque van a ser garantes de las instituciones. Es decir, vienen a salvar a los tucumanos (que no pidieron tal auxilio) de las garras del malvado Gobierno, pero convalidarán con su presencia la nueva Constitución. La incongruencia ya se deja ver en sus afiches: quieren pagar con concurrencismo la deuda histórica que tienen con Alem e Yrigoyen, los padres del abstencionismo.
Cada cual puede creer en la excusa que prefiera. Igual, todas se estrellan contra la lógica. IU y ASI promovieron planteos en los que impugnaban las internas abiertas (con ellas inicia el proceso electoral reformista) considerándolas, en algunos casos, inconstitucionales. Pero el domingo manifestarán en los hechos que el sistema es admisible.
Justamente, el proceso reformista no es cuestionable porque el oficialismo tenga serias chances de ganar los comicios e imponer su voluntad en la nueva Carta Magna. Eso es parte del juego de la democracia. Lo repudiable son los vicios mayúsculos del sistema electoral que se implementa, sumado a que nunca hubo un período preconstituyente de debate y consenso. A ello se agrega que el Gobierno rentará constitucionalistas foráneos para llevar a la Constituyente un texto que se vote a libro cerrado.
Habrá que dejar a la UCR fuera de esa incoherencia. La gran advertencia de sus candidatos en esta etapa es el inescrutable eslogan "soy radical, ¿y qué?".
La lógica del subtrópico es única: aquí, es la centroderecha la que enfrenta al "sistema". En esa vereda, Recrear está en una encrucijada, luego de que Esteban Jerez reclamó la abstención este miércoles. O el partido se retira, o busca nuevo presidente.La trampa se cierra. El oficialismo obtendrá la ansiada participación opositora en comicios celebrados bajo el imperio de una ley que impone mecanismos absurdos y violatorios de derechos civiles básicos. Pergeñados, además, para que los motores de la elección sean los aparatos políticos. Esos que les sobran al Estado y al PJ, y del que carecen los partidos que deben enfrentarlo.
Lo macabro de la trampa para monos no consiste en que la presa sea capturada con un cebo insignificante. Lo perverso del artefacto radica en que el mico nunca llegará a saborear la carnada por la cual sacrificó su libertad.

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