El Tucumán rural reluce a través de la fotografía

Más de 200 obras se exhiben en el Museo Timoteo Navarro. Retrospectiva del Foto Club Concepción. Trabajos de 14 expositores.

VISTA GENERAL. Los paisajes proliferan la muestra.
VISTA GENERAL. Los paisajes proliferan la muestra.
07 Diciembre 2005
Paisajes y retratos, expresivos y neutros, en blanco y negro y en color. Más de 200 fotografías se exponen en el Museo Timoteo Navarro, en una muestra retrospectiva del Foto Club Concepción que, en esta oportunidad, cuenta con 14 expositores. Las imágenes hablan de un Tucumán rural, de una vida en la que no existen las urgencias de la ciudad.
En las obras de Omar Argañaraz se puede observar el dominio de una técnica casi artesanal que le permite la formulación de verdaderos ensayos como en “Medinas I” y “Medinas II”. El expresivo rostro de una Pachamama sobresale en su producción, así como los retratos de unos niños riendo (“Niños tucumanos”), la composición “Contrastes” y los paisajes de Cochuna, de la Laguna del Tesoro y del Aconquija.
Otra de las representaciones de la naturaleza que sorprenden, en este caso por su geometría, es el trabajo “Simetría invernal”, de Elio Altieri, donde la montaña, el lago y la nieve construyen una equilibrada obra.

Ironías en la vía
Entre tantos paisajes referidos a Tafí del Valle, uno completamente distinto se destaca en la sala del Museo: “Marina”, de Juan Carlos Molina, que más bien se asemeja a una pintura abstracta, organizada alrededor de numerosas líneas horizontales de color. Un retrato de Monseñor Meinvielle se ubica a pocos metros de este trabajo y demuestra, una vez más, que los artistas pueden orientar sus miradas en diferentes focos de interés.
Por otro lado, en Manuel Ituarte ya se aprecia la construcción de un escenario: sentado en una vía, un pordiosero lee atentamente el diario “Ambito Financiero”, bajo el irónico título “Problema de bolsa”.
La soledad y la tranquilidad de un pescador en plena tarea es una de las propuestas de Pedro Sangenis. Y el mundo laboral campesino puede advertirse en “Comienzo de jornada”, de Rubén Perea, donde un jornalero camina en medio de un puente, cargando caña en sus hombros.
“Los ojos que miran”, de Osvaldo Ripoll, es también un retrato fuertemente expresionista: en el rostro de una anciana, sus arrugas cuentan, línea a línea, una vida de pesares y sufrimientos, pero igualmente de resignación.


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