05 Diciembre 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- El viernes, luego de dos horas de demora, todo es caos.
El público, completamente desorientado, se mueve de escenario en escenario, y la gente se consulta constantemente sobre lo que está viendo, porque nadie parece saber bien dónde está ni qué está escuchando. El ritual es el mismo, dos temas acá, dos temas allá, sin escuchar nada. Por eso, la cantidad de gente en las arterias del Personal Fest supera ampliamente al público en los escenarios, lo cual lo asemeja más a un shopping que a un festival de música. Y enseguida uno se pregunta si la tremenda cantidad de bandas tocando no será parte de un gran boicot a la música.
De pronto, todo el mundo empieza a correr: llega el turno de Macy Gray, con su impactante marejada de pelos que desafía la gravedad, para cantar su soul. En el segundo tema, los peores temores se vuelven realidad: uno puede escuchar la gran versión de “Sexual Revolution”, al mismo tiempo que el rock furioso de Dios los Cría, en el escenario contiguo. La distorsión es total y, lo que es peor, insalvable. A esta altura está claro que la música se va a colar en el escenario principal y lo que iba a ser música, se va a convertir en ruido. Poco después aparecen los Good Charlote y una horda de chicas corre al campo para poder gritarles a los hermanos Joel y Benjuí Madden un “I love you” lo más fuerte posible. Luego vendrá el plato fuerte: Simple Minds, el grupo escocés de Jim Kerr, quien se dedicó a mezclar parte de sus clásicos de los 80 (“Don’t You Forget About Me” fue el momento cumbre) con temas nuevos. Y sorprendentemente, el público no es tan ochentoso. (Especial)
BUENOS AIRES.- En la segunda jornada, Erika Badu arremetió con su hip hop y soul y, despojada de su gorro, desplegó la sensualidad de una serpiente que se enrosca en el micrófono.
La performance de Badu descansa sobre su voz, la que hidrata continuamente con un trago de agua antes de disparar cada uno de sus afilados solos. La Badu da todo: desde un streap tease hasta una enorme melena, fuerte competidora de la de Macy Gray, que culmina en dos cuernos. Desde lo musical, la Badu entrega lo mejor de su repertorio, sin concesiones ni hits.
Por supuesto, no faltan temas como “Penitentiary Philosophy” ni el enganche de canciones. Y tampoco falta el sonido del escenario de al lado.
Además del cierre de Duran Duran, en la segunda noche también tocaron La Portuaria y Babasónicos, entre otros grupos nacionales. (Especial)
El público, completamente desorientado, se mueve de escenario en escenario, y la gente se consulta constantemente sobre lo que está viendo, porque nadie parece saber bien dónde está ni qué está escuchando. El ritual es el mismo, dos temas acá, dos temas allá, sin escuchar nada. Por eso, la cantidad de gente en las arterias del Personal Fest supera ampliamente al público en los escenarios, lo cual lo asemeja más a un shopping que a un festival de música. Y enseguida uno se pregunta si la tremenda cantidad de bandas tocando no será parte de un gran boicot a la música.
De pronto, todo el mundo empieza a correr: llega el turno de Macy Gray, con su impactante marejada de pelos que desafía la gravedad, para cantar su soul. En el segundo tema, los peores temores se vuelven realidad: uno puede escuchar la gran versión de “Sexual Revolution”, al mismo tiempo que el rock furioso de Dios los Cría, en el escenario contiguo. La distorsión es total y, lo que es peor, insalvable. A esta altura está claro que la música se va a colar en el escenario principal y lo que iba a ser música, se va a convertir en ruido. Poco después aparecen los Good Charlote y una horda de chicas corre al campo para poder gritarles a los hermanos Joel y Benjuí Madden un “I love you” lo más fuerte posible. Luego vendrá el plato fuerte: Simple Minds, el grupo escocés de Jim Kerr, quien se dedicó a mezclar parte de sus clásicos de los 80 (“Don’t You Forget About Me” fue el momento cumbre) con temas nuevos. Y sorprendentemente, el público no es tan ochentoso. (Especial)
Badu desplegó una enorme sensualidad
BUENOS AIRES.- En la segunda jornada, Erika Badu arremetió con su hip hop y soul y, despojada de su gorro, desplegó la sensualidad de una serpiente que se enrosca en el micrófono.
La performance de Badu descansa sobre su voz, la que hidrata continuamente con un trago de agua antes de disparar cada uno de sus afilados solos. La Badu da todo: desde un streap tease hasta una enorme melena, fuerte competidora de la de Macy Gray, que culmina en dos cuernos. Desde lo musical, la Badu entrega lo mejor de su repertorio, sin concesiones ni hits.
Por supuesto, no faltan temas como “Penitentiary Philosophy” ni el enganche de canciones. Y tampoco falta el sonido del escenario de al lado.
Además del cierre de Duran Duran, en la segunda noche también tocaron La Portuaria y Babasónicos, entre otros grupos nacionales. (Especial)
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