La sociedad tiene una vaga idea de la crisis educativa, dice Sanguinetti

El intelectual afirma que la pedagogía actual está despegada de la realidad del aula. Habló de la crisis de la familia y de la falta de alianza entre padres y escuela. Cuestionó la idea de que esta sea más un ámbito de contención que de aprendizaje.

CONTUNDENTE. Ante un numeroso público, Sanguinetti recordó el valor de la antigua secundaria.  LA GACETA / HECTOR PERALTA CONTUNDENTE. Ante un numeroso público, Sanguinetti recordó el valor de la antigua secundaria. LA GACETA / HECTOR PERALTA
23 Noviembre 2005
Las horas transcurridas al frente de un aula se le notan en la manera de hablar. Mechando anécdotas y chascarrillos con los conceptos más duros dirigidos contra la Ley Federal de Educación, contra el Estado y contra la decadencia del sistema educativo en general, Horacio Sanguinetti logró conmover anoche al auditorio que concurrió a escucharlo en el Centro Cultural Virla.
"El estado de la educación en Argentina (tal el nombre de la conferencia que dictó, como parte del ciclo de charlas de LA GACETA) es complicado", señaló.
Para ilustrarlo, el educador -tiene más de 20 años como rector del prestigioso Colegio Nacional Buenos Aires- leyó una desopilante versión del Himno Nacional, tal como lo había entendido un niño de 9 años, en virtud de los nuevos métodos educativos que se aplican en la escuela. "Liberta, liberta y liberta", "las orquicias unidas del sur" o "y juremos con gloria y morir" fueron algunas de las perlitas que reveló la lectura.
"La sociedad tiene una vaga noticia acerca de la situación, como cuando se escucha que miles desaprobaron un examen de ingreso a la universidad -dijo-. Se sacude un poco ante el escándalo mediático, pero en pocos días todo se olvida". En su "diagnóstico" enumeró las razones que explican la decadencia del sistema educativo argentino. Sumadas a las causas externas (pobreza, crisis de la familia, y falta de una alianza entre los padres y la escuela, entre otras), hay razones internas que llevaron a la situación actual. "La escuela ya no es el lugar adonde se va a aprender o a enseñar. Se ha convertido en un ámbito de contención. Sirve para evitar que un chico ande en la calle delinquiendo, o para dar de comer. Eso -enfatizó- es un abuso infame del Estado para con la escuela".
El cuestionamiento más duro fue, sin embargo, contra las "novedades" que se imponen en la educación desde la pedagogía. "Ahora se sostiene que sancionar a un chico está mal. Tampoco se puede premiar porque eso crea desigualdades. Hay, incluso, quienes sostienen que la educación en sí misma es autoritaria, cuando en realidad la relación de discípulo y maestro es una de las más maravillosas de la humanidad", lamentó.

Optimista, pese a todo
Durante su alocución fustigó la carencia de financiamiento para educación, renegó de la falta de formación de los docentes, cuestionó ácidamente a la Ley Federal de Educación, y lamentó que se haya "dilapidado" el capital intelectual portentoso que tenía la antigua escuela secundaria.
Aunque dijo que es "racionalmente" pesimista, volvió a mostrar su cualidad de maestro, cuando, sobre el final de la charla, volvió a apostar por los jóvenes. "Cuando veo la gran cantidad de materia gris que hay en este país, y que -a la sangría de la emigración- le sucede una nueva camada de chicos dispuestos a cubrir esos espacios, digo: no todo está perdido", expresó en ese sentido.

La impronta de Sarmiento
El rector del Nacional Buenos Aires defendió la idea "sarmientina" de la educación. Horacio Sanguinetti contó una anécdota que le tocó vivir.
"Hace cinco años hubo que cambiar el féretro de Sarmiento, en La Recoleta. Se hizo un acto, fueron autoridades y los familiares. El trabajo lo hicieron los sepultureros del cementerio. Pero cuando terminaron, y les quisimos pagar, el capataz nos dijo: ?por ese no cobramos. Ese nos enseñó a leer y escribir", relató. "Ahí vi la fortaleza de la impronta de Sarmiento", concluyó.



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