30 Octubre 2005 Seguir en 
El lunes, cuando ya había pasado la euforia por los increíbles 382.424 sufragios que había cosechado el Frente para la Victoria, con su mujer, Beatriz Rojkés, a la cabeza, el gobernador José Alperovich transmitía serenidad. "Los votos sólo nos dan obligaciones"; "no hay ningún proyecto hegemónico"; "estas cifras no nos dan derecho a nada". Estas fueron algunas de las cosas que dijo, en tono conciliador. A una semana de las urnas y luego de que los tucumanos ya se han pronunciado, se abre una nueva etapa, que no sólo requiere del oficialismo, sino también de la oposición, como no puede ser de otra manera en un sistema democrático.
LA GACETA consultó a intelectuales y a expertos en Ciencias Políticas para que marquen los desafíos del ciclo que comenzó el lunes 24. Todos coinciden en que el triunfo es indiscutible y que la ciudadanía, mayoritariamente, ha respaldado lo que desde hace dos años viene haciendo Alperovich.
Otra conclusión es que la actual administración ha sabido aprovechar la bonanza del ciclo económico favorable del que goza la Argentina desde hace un par de años. Por ello, la primera advertencia pasa por saber generar previsiones para cuando las finanzas no acompañen, siempre bajo la premisa de que nada es para siempre.
Profunda autocrítica
Nadie cuestiona la legitimidad del triunfo del oficialismo, que algunos, como el politólogo Juan Pablo Litchmajer, adjudican a una transversalidad, que excede los límites tradicionales del peronismo. Pero señalan que la homogeneidad no es positiva para el sistema republicano. En consecuencia, resulta clave que la oposición pueda ponerse de pie, tras una profunda autocrítica, de la que no puede estar exenta la sociedad en su conjunto. "Ampliando el dicho sarmientino, diremos que cada pueblo tiene el gobierno y la oposición que se merece", ironizó el psicoanalista Osvaldo Aiziczon.
En cuanto al oficialismo, hay unanimidad en que el Poder Ejecutivo supo resolver los problemas más inmediatos; en particular, de los sectores sociales más vulnerables. "Ahora hay que discutir los objetivos de largo plazo, que orienten las actuales acciones, tanto gubernamentales como de la sociedad civil", afirmó Julio Saguir, en su doble condición de politólogo y secretario de Planeamiento.
En definitiva, los analistas ratifican las palabras de Alperovich: los votos no deben ser analizados sólo según un punto de vista cualitativo, sino a partir de las nuevas expectativas que ellos generaron.
LA GACETA consultó a intelectuales y a expertos en Ciencias Políticas para que marquen los desafíos del ciclo que comenzó el lunes 24. Todos coinciden en que el triunfo es indiscutible y que la ciudadanía, mayoritariamente, ha respaldado lo que desde hace dos años viene haciendo Alperovich.
Otra conclusión es que la actual administración ha sabido aprovechar la bonanza del ciclo económico favorable del que goza la Argentina desde hace un par de años. Por ello, la primera advertencia pasa por saber generar previsiones para cuando las finanzas no acompañen, siempre bajo la premisa de que nada es para siempre.
Profunda autocrítica
Nadie cuestiona la legitimidad del triunfo del oficialismo, que algunos, como el politólogo Juan Pablo Litchmajer, adjudican a una transversalidad, que excede los límites tradicionales del peronismo. Pero señalan que la homogeneidad no es positiva para el sistema republicano. En consecuencia, resulta clave que la oposición pueda ponerse de pie, tras una profunda autocrítica, de la que no puede estar exenta la sociedad en su conjunto. "Ampliando el dicho sarmientino, diremos que cada pueblo tiene el gobierno y la oposición que se merece", ironizó el psicoanalista Osvaldo Aiziczon.
En cuanto al oficialismo, hay unanimidad en que el Poder Ejecutivo supo resolver los problemas más inmediatos; en particular, de los sectores sociales más vulnerables. "Ahora hay que discutir los objetivos de largo plazo, que orienten las actuales acciones, tanto gubernamentales como de la sociedad civil", afirmó Julio Saguir, en su doble condición de politólogo y secretario de Planeamiento.
En definitiva, los analistas ratifican las palabras de Alperovich: los votos no deben ser analizados sólo según un punto de vista cualitativo, sino a partir de las nuevas expectativas que ellos generaron.
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