BUENOS AIRES.- Tenía 33 años, era un militante anarquista y dirigente de la Asociación de Obreros y Empleados del Estado, se llamaba Libertario Ferrari.
Sus argumentos a viva voz en el Congreso Confederal de la CGT del 16 de octubre de 1945 fueron los que decidieron a una mayoría de la agitada dirigencia a organizar un paro general el día 18.
Se mezclaban reivindicaciones con la libertad del entonces coronel Juan Domingo Perón, desplazado de la Secretaría de Trabajo y preso en la isla Martín García por orden de los altos mandos de las Fuerzas Armadas, apoyados por los partidos de la oposición.
Ferrari fue el principal exponente de la razones para impulsar aquel paro general, a pesar que la conducción de su gremio le había dado mandato para votar en contra de cualquier medida movilizadora. Arturo Jauretche, figura de la intelectualidad que iba a cimentar el nacimiento del movimiento peronista, en un intermedio, lo había convencido a Ferrari de desobedecer el mandato que traía de su gremio. Ambos integraban FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), fundada por yrigoyenistas, que habían roto con el Comité Nacional dominado por el alvearismo. En FORJA también abrevaban Homero Manzi, Raúl Scalabrini Ortiz y Luis Dellepiane, entre muchos otros. "Tenemos que aprovechar este momento excepcional, favorable para nosotros, pues si no habremos perdido la lucha por muchos años" enfatizó Ferrari.
Había salido al cruce del dirigente ferroviario Telmo Luna, quien había propuesto relegar el paro general por un pedido de audiencia al presidente, el general Edelmiro Farell.
En la madrugada de aquel día 17 de octubre, el somnoliento Congreso Confederal finalmente decidió por 26 votos contra 11 organizar un paro general por 24 horas. En el texto de la resolución sindical, sin embargo, no se mencionó a Perón.
Los trabajadores se movilizan
Pero a esa misma hora, los trabajadores de los frigoríficos y de las fábricas que poblaban el sur del conurbano ya iniciaban su marcha para cruzar los puentes y entrar a la ciudad de Buenos Aires.
Y al promediar la mañana, la muchedumbre sumaba hombres y mujeres de otros sectores populares y minaba desde los cuatro puntos cardinales. Era el levantamiento anónimo, sin planes, que se movía por sentimientos. Recorrían las avenidas empujados por un canto que atronará luego en la Plaza de Mayo: "Yo te daré/ te daré, Patria hermosa/ te daré una cosa/ una cosa que empieza con P: íPeróoon!, según contó el escritor Leopoldo Marechal (1900-1970).
El papel de Evita
Eva Duarte, a pesar de que conocía a los dirigentes obreros que visitaban a Perón, por su vinculación a través de la minúscula Secretaría de Trabajo, no tuvo un protagonismo decisivo como el que se ha imaginado.
Sólo en sus idas y vueltas en taxi en busca de la libertad de Perón, un grupo de estudiantes la increpó y le golpeó la cara en Las Heras y Pueyrredón.
Curó entonces las hematomas en la casa de su amiga, la actriz Pierina Dealessi y desde allí trató de hablar por teléfono, infructuosamente, con el coronel aquella mañana del 17, cuando ya estaba en el Hospital Militar, traído desde la isla Martín García.
Cerca de la medianoche, Eva escuchó por radio el discurso que Perón dijo desde los balcones de la Casa Rosada. Una carta del coronel, hallada diez años después, es el testimonio de su destino común desde aquel día. Acompañado por el presidente Edelmiro Farell, Perón salió al balcón de la Casa de Gobierno, pero la enorme concurrencia no lo podía identificar por la difusa iluminación de los reflectores.
Cuando tomó el micrófono y dijo: "Trabajadores", su nombre vibró como un solo grito en cientos de miles de voces.
"Quiero seguir siendo el coronel Perón y ponerme, con este nombre, al servicio integral del pueblo argentino, confundiéndome con esa masa sufriente y sudorosa, que elabora el trabajo y la grandeza de la Patria", remarcó en una parte de su improvisación.
Y sonrió por la demanda de "Mañana es San Perón" que cubría la Plaza de Mayo. "Realicen el paro -respondió- festejando la gloria de esta reunión de hombres de bien, de trabajo, que son la esperanza de la Patria". Mientras la muchedumbre insistía :"Mañana es San Perón, que trabaje el patrón".
Dos muertos
La desconcentración, con muchos manifestantes portando antorchas, fue pacífica. Pero al pasar frente al diario Crítica, que tenía su redacción en la avenida de Mayo, los silbidos de la gente fueron contestados con balazos. Hubo dos muertos.
Comandos civiles habían estado alertas en distintos puntos de la ciudad a la espera de un "desembarco" de marinos y la llegada de tropas de Campo de Mayo. Pero eso no ocurrió y la policía frenó mayores incidentes.
Los comandos civiles tuvieron que llevar en silencio las armas a sus casas. Y la jornada del 18 transcurrió con una población en holganza, sin diarios. (Télam, por Roberto Muñoz)