Misteriosos anuncios en España

Por Hugo E. Grimaldi.
Habrá que esperar la letra chica de los acuerdos de Salamanca. Se avanzaría en un nuevo marco regulatorio para las privatizadas.

16 Octubre 2005

BUENOS AIRES.- "El camino del infierno está plagado de buenas intenciones", dice el refrán popular que, al modo argentino, debería llevar como aditamento "...y de misterios". El viaje presidencial a Salamanca ha generado como balance mucho de ambas cosas, si de contar se trata el caso de Aguas Argentinas; la compra de material ferroviario a Renfe; las negociaciones con Telefónica y el Grupo Marsans por Aerolíneas o sobre el rimbombante anuncio de la mutua disposición a firmar el año próximo una Alianza Estratégica con España.
A una semana de las elecciones, el presidente Néstor Kirchner dejó en la Argentina la preocupación por la inflación, el valor del dólar, la puja salarial y los paros, junto a las buenas perspectivas que parece que le brindará el electorado el 23 de octubre para que solidifique su poder y mire más allá de 2007, y trasladó, sin remilgo, la tribuna electoral a ese país.
Fiel a su costumbre, y esto es algo que no sólo lo maneja con habilidad en tiempos preelectorales, sino que es parte de su naturaleza, el Gobierno se mostró muy activo a la hora de los anuncios, pero sin poner sobre la mesa -y de allí los reparos hasta no ver, como en el juego del póker- el ciento por ciento de las barajas. En esta ocasión, probablemente, algunas de ellas aún no las tenga en su poder todavía porque las cosas dependen de negociaciones entre terceros, y habrá que comprender ese aspecto que escapa de su manejo, pero a veces su alta propensión a generar buenas noticias como sea -casi al estilo Fernando de la Rúa- no lo deja bien parado en cuanto a la transparencia.

Exito o fracaso
Una sensación que dejó la batería de anuncios salmantinos es que habrá que esperar la "letra chica" de todos ellos, antes de hablar de éxito o de fracaso. Otra, mucho más clara, es que José Luis Rodríguez Zapatero no hace caridad; es ideológicamente amigo del Gobierno, pero está para hacer negocios y para mostrarse siempre comprensivo y dispuesto a ayudar.
Es más, necesitado de Iberoamérica para sumar peso en Europa, el presidente del gobierno español se comporta como su antecesor, José María Aznar, quien, en octubre del año 2000, le dijo precisamente a De la Rúa, antes de una conferencia de prensa conjunta en La Moncloa, donde el ex presidente poco tenía para decir, una frase que ya es célebre en el mundo de la diplomacia: "de qué quieres que hable".
Entre los anuncios del jueves, el caso más palmario es el de Aguas Argentinas. Allí, un misterioso grupo de inversores nucleados en un fondo que no se conoce cuál es, está negociando directamente con Suez y con sus socios, recién en una primera etapa de acercamiento, el traspaso de la concesión, al estilo de lo que ocurrió con Electricite de France y el Grupo Mindlin en Edenor.
Lo más relevante de todo es la posibilidad de que la experiencia de la catalana Agbar (en parte propiedad de Suez, pero seguramente convencida por Rodríguez Zapatero) opere el servicio al menos por dos años, durante la transición. Sin embargo, los interrogantes son tantos en materia de contratos, reconocimientos de deuda, sobre quién pondrá el dinero para hacer las inversiones, qué pasará con las demandas en curso y a cambio de qué, y hasta si es legalmente posible hacerlo, que no se puede abrir juicio sobre la conveniencia o no de la operación hasta no tener todos los detalles. Hasta ahora, el negocio sólo está en el plano de una buena expresión de deseos. Luego sigue el caso Renfe, la empresa estatal ferroviaria de España.
Detrás de una buena política de renovación que no contempla la compra de lo más moderno en esa materia, ya que sería imposible ponerlo sobre las vías, el caso de los trenes es otro incordio en cuánto a saber los porqués. ¿Son necesarios 426 vagones, 121 locomotoras y 120 coches motor? ¿En qué líneas circularán? ¿Es material obsoleto apenas o tiene un deterioro tal que merecerá una reparación profunda, para generar fuentes de trabajo en talleres locales, tal como se anunció, en una suerte de keynesianismo binacional? ¿Qué estudios y comparaciones se hicieron para aprobar un gasto de $1.100 millones?
Por el lado de Telefónica tampoco hay precisiones, tras la danza bailada por el Gobierno hace un par de meses sobre una suspensión de la demanda ante el Ciadi que nunca llegó y sobre el que la compañía -como tampoco lo hace ahora- nunca se expidió. Esta vez se habla de un nuevo marco regulatorio para avanzar y se jura que las tarifas no serán la variable de ajuste, aunque se puede presumir que las compensaciones podrían darse por el lado de los nuevos negocios. Pero aquí, lo más extraño es que el ministro Julio de Vido parece haber precisado que se negocia un nuevo marco regulatorio que desembocará en una nueva ley de telecomunicaciones y que cuando esta "esté en proceso de sanción", la empresa "tomaría la decisión de levantar las acciones en el Ciadi".
Tiene que haber un error de apreciación, porque si no se estaría condicionando ese paso, no a las tarifas, sino a la sanción de una ley, lo que sería un escándalo.
¿Por qué es rimbombante la tercera o cuarta ratificación de un anuncio de algo que ocurrirá recién en 2006, como será la firma de la importante Asociación Estratégica con España, de las que este país sólo tiene en curso dos, con Brasil y México? Porque los detalles que trascendieron apenas son buenas intenciones comunes e irreprochables de los dos gobiernos, que apuntan a mecanismos de concertación política o a luchar contra el hambre y la pobreza y buscar la justicia y la equidad social, sin plasmarse todavía en ningún hecho concreto que ayude, por ejemplo, a abrir el mercado agrícola de Europa.
En este punto del proteccionismo, con el ALCA como telón de fondo, hasta en la relación de América Latina con los Estados Unidos, el diablo metió la cola en Salamanca, habida cuenta de que en la Cumbre de Mar del Plata aún está en el limbo la redacción de su declaración final, precisamente por la no mención que se quiere hacer del Tratado de Libre Comercio que propicia el gobierno de George Bush.
En España, con buena parte de los presidentes alineados con el anfitrión, se barajaron borradores del Acta de Conclusiones donde figuraba la palabra "bloqueo", en relación con Cuba, reemplazando a la tradicional "embargo", la que siempre se utilizó para no irritar a los EE.UU. En esta ocasión, la Embajada americana en Madrid concurrió a apagar el incendio y no lo logró.
Lo concreto es que desde EEUU se percibe que la relación con Latinoamérica -y sobre todo con los grandes países del Sur- está en declive. Esta semana, el Departamento de Estado dio a conocer una extensísima lista de acciones y visitas de funcionarios de todo calibre, de cinco años a esta parte, una forma de demostrar la preocupación de la administración Bush por la región. Lo que aún está en discusión es si, tal como están las cosas, la próxima Cumbre contribuirá o no a desvanecer esa relación aún más. Ante este panorama, hay quienes especulan y se preguntan si la presencia del presidente Bush está asegurada en Mar del Plata.
A su regreso de España, el Presidente entrará en la recta final de la campaña, confiado en que podrá torcer con su presencia los dos distritos más esquivos, como son la Capital Federal y Santa Fe. Luego llegarán las elecciones, las interpretaciones sobre el triunfo y la crucial decisión sobre qué hacer con los números fiscales. Otro misterio. (DyN)

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