15 Octubre 2005 Seguir en 
Los mercados y la City bailan al ritmo del dólar. La moneda norteamericana está llegando a los $ 3 por unidad y esto mejoró el humor entre los exportadores. Según el Gobierno, esa cotización favorece la competitividad del país, pero si se la observa desde otras aristas, más comunes al sentir de la población, denota un factor de alto riesgo de cara a la inflación y, por ende, un peligro para los bolsillos de los argentinos.
La suba de precios sigue asomando como un fantasma, que tomaría más fuerzas después de las elecciones del domingo 23.
Aunque parezca extraño, la cotización del dólar condenó a los partidos políticos considerados chicos. En la década de 1990, a esas fuerzas se les reconocía U$S 3 por cada voto. La devaluación de 2002 echó por tierra una de las principales fuentes de financiamiento político. Hoy, por cada sufragio obtenido, el Gobierno nacional sólo reconoce a los partidos U$S 0,23.
Al igual que sucede con los indicadores socioeconómicos de la población, entre los partidos las brechas económicas crecen cada vez más. El oficialista Frente para la Victoria no precisa de los aportes estatales (los recibidos por votos obtenidos por los partidos que lo integran), que llegan a $ 50.000, para afrontar los gastos de campaña.
Estar en el poder tiene sus privilegios. Los candidatos apoyados por José Alperovich tienen toda una estructura por detrás, basada en el apoyo del aparato gubernamental. Pero, a su vez, esa estructura abre puertas para que cualquier particular aporte su granito de arena a la causa oficialista. Por eso no les inquieta ser penalizados con la suspensión en el envío de fondos para partidos si superan el tope de gastos de campaña que, en Tucumán, no puede ser mayor que $ 900.000.
También está devaluada la proyección que efectuaron los partidos políticos y las alianzas que competirán el domingo 23. No admite mucho análisis la hipótesis de que, entre todos, gastarán en campaña menos de $ 1,5 millón.
En esto podría decirse que está devaluado el principio de transparencia -o los propios valores, como le dijo a este columnista el socialista Rodolfo Succar-. "No se puede medir con la misma vara a los partidos chicos que a las grandes estructuras", planteó el ex legislador.
En la Casa de Gobierno tienen claras estas diferencias cuando los funcionarios analizan las encuestas que encargaron, que dicen que el Frente para la Victoria se llevará tres de las cuatro bancas de diputados en juego y que entre Gumersindo Parajón y Osvaldo Cirnigliaro se dirimirá el otro escaño; esto último porque se volcarían hacia ellos las preferencias de los habitantes de los centros urbanos.
¿Fuerza Republicana? Dicen los hombres cercanos a Alperovich que está devaluado como partido y que, por la lucha interna, el bussismo perdió terreno -sobre todo en la capital-; a ello se suma como agravante el hecho de que Antonio Bussi estará fuera de la política y de las boletas que serán colocadas por FR en los cuartos oscuros. Sólo algunos afirman que puede ser la sorpresa del 23.
Si el análisis se centra en los candidatos, en FR admiten que Parajón está por encima de Miguel Brito en intención de votos.
Pero afirman que la estructura partidaria pesará a la hora del voto, más allá de que su líder natural haya sacado los pies del plato.
"Ya no se puede pensar en una polarización en las elecciones, por los gastos infernales de la campaña oficialista", reconoce Ricardo Bussi. Las fuerzas electorales opositoras sospechan que la distribución de bolsones con mercadería seguirá siendo uno de los elementos que usará el oficialismo para captar votos.
Todo parece estar devaluado, pero las elecciones del domingo, no. Alperovich puso todas sus fichas a la próxima compulsa, no sólo para apostar por su esposa, Beatriz Rojkés, cabeza de lista. También para consolidar su poder y su aspiración reeleccionista, reforma constitucional mediante.
La suba de precios sigue asomando como un fantasma, que tomaría más fuerzas después de las elecciones del domingo 23.
Aunque parezca extraño, la cotización del dólar condenó a los partidos políticos considerados chicos. En la década de 1990, a esas fuerzas se les reconocía U$S 3 por cada voto. La devaluación de 2002 echó por tierra una de las principales fuentes de financiamiento político. Hoy, por cada sufragio obtenido, el Gobierno nacional sólo reconoce a los partidos U$S 0,23.
Al igual que sucede con los indicadores socioeconómicos de la población, entre los partidos las brechas económicas crecen cada vez más. El oficialista Frente para la Victoria no precisa de los aportes estatales (los recibidos por votos obtenidos por los partidos que lo integran), que llegan a $ 50.000, para afrontar los gastos de campaña.
Estar en el poder tiene sus privilegios. Los candidatos apoyados por José Alperovich tienen toda una estructura por detrás, basada en el apoyo del aparato gubernamental. Pero, a su vez, esa estructura abre puertas para que cualquier particular aporte su granito de arena a la causa oficialista. Por eso no les inquieta ser penalizados con la suspensión en el envío de fondos para partidos si superan el tope de gastos de campaña que, en Tucumán, no puede ser mayor que $ 900.000.
También está devaluada la proyección que efectuaron los partidos políticos y las alianzas que competirán el domingo 23. No admite mucho análisis la hipótesis de que, entre todos, gastarán en campaña menos de $ 1,5 millón.
En esto podría decirse que está devaluado el principio de transparencia -o los propios valores, como le dijo a este columnista el socialista Rodolfo Succar-. "No se puede medir con la misma vara a los partidos chicos que a las grandes estructuras", planteó el ex legislador.
En la Casa de Gobierno tienen claras estas diferencias cuando los funcionarios analizan las encuestas que encargaron, que dicen que el Frente para la Victoria se llevará tres de las cuatro bancas de diputados en juego y que entre Gumersindo Parajón y Osvaldo Cirnigliaro se dirimirá el otro escaño; esto último porque se volcarían hacia ellos las preferencias de los habitantes de los centros urbanos.
¿Fuerza Republicana? Dicen los hombres cercanos a Alperovich que está devaluado como partido y que, por la lucha interna, el bussismo perdió terreno -sobre todo en la capital-; a ello se suma como agravante el hecho de que Antonio Bussi estará fuera de la política y de las boletas que serán colocadas por FR en los cuartos oscuros. Sólo algunos afirman que puede ser la sorpresa del 23.
Si el análisis se centra en los candidatos, en FR admiten que Parajón está por encima de Miguel Brito en intención de votos.
Pero afirman que la estructura partidaria pesará a la hora del voto, más allá de que su líder natural haya sacado los pies del plato.
"Ya no se puede pensar en una polarización en las elecciones, por los gastos infernales de la campaña oficialista", reconoce Ricardo Bussi. Las fuerzas electorales opositoras sospechan que la distribución de bolsones con mercadería seguirá siendo uno de los elementos que usará el oficialismo para captar votos.
Todo parece estar devaluado, pero las elecciones del domingo, no. Alperovich puso todas sus fichas a la próxima compulsa, no sólo para apostar por su esposa, Beatriz Rojkés, cabeza de lista. También para consolidar su poder y su aspiración reeleccionista, reforma constitucional mediante.







