Pura pirotecnia

Por Roberto Delgado.

La única que perdió en el caso Subsidio fue la gente.

14 Octubre 2005
Luego de diez días de furia, el Gobierno y el Colegio Médico se sentaron a confeccionar un nuevo acuerdo. La "corporación de los malos de la película" dio marcha atrás, según los funcionarios, y volvió a negociar con el Subsidio de Salud. Por eso, el gobernador José Alperovich llegó a quejarse. "¿Cómo puede ser que hayan rechazado y ahora quieran negociar? Hicieron sufrir una semana a la gente", dijo, dando a entender que toda la culpa del conflicto era de esa "corporación".
Alperovich usó esa palabra en su peor sentido, dando a entender que no iba a dejar que lo presionaran en forma cohesionada para obtener un nuevo convenio.
Pero los hechos no parecen ser tan claros ni las razones tan simples.
En primer lugar, el convenio que unía a médicos y Subsidio, que debía renovarse, había sido denunciado y rescindido desde el 1 de setiembre por el mismo Subsidio de Salud, según dicen los médicos.
Lo que la asamblea del Colegio Médico rechazó -y que motivó el enojo del mandatario- fue un nuevo acuerdo que contemplaba que quede en el olvido una deuda, que tanto Alperovich como el interventor del SS, Mario Koltan, reconocieron y negaron. "Si se facturó más, por más que quiera pagar lo atrasado no puedo, porque no figura en el contrato", dijo el gobernador.
Koltan y el titular del Colegio Médico, Hugo Gómez Guchea, habían acordado eliminar esa deuda y, en cambio, permitir que los médicos cobren más por las consultas, sacando el techo que establecía el viejo convenio.
Pero el hecho de que no se arreglaran los honorarios médicos que cobran los sanatorios por cirugías (que los médicos reciben tarde y mal, según dicen) hizo que se le diera vuelta la asamblea a Gómez Guchea. De ahí vino el rechazo al nuevo acuerdo.
El Gobierno hizo su propia presión. Alperovich salió en persona a la guerra y, cuando el defensor del pueblo presentó un amparo, los médicos temieron que la justicia los obligara a cobrar según los honorarios del convenio viejo, es decir que iban a trabajar a pérdida, lo cual era peor. Por eso, la nueva asamblea cambió otra vez de criterio.
Todos estos escarceos estuvieron acompañados por una convocatoria del gobierno para que los médicos se sumen a una lista nueva de prestadores, a través de la Mutualidad. Según el Colegio Médico, los que se inscribieron allí no son sus afiliados, sino otros, que habían quedado fuera de los acuerdos para prestar servicios al Subsidio.
Hasta ahí, los hechos. Hay una lectura que dice que fue toda una estrategia electoral del Gobierno para quedar bien parado. Otra, expresada por la oposición y hasta por empleados del Subsidio, sostiene que forma parte de un proceso para tercerizar en el mediano plazo el gerenciamiento de la obra social, como se hizo en su momento con el PAMI. Hoy, la gerenciadora de la obra social de los adultos mayores está comandada por ex titulares del PAMI.
Se trata de un proceso que se puede dar porque hay más dinero en juego. Las actuales autoridades han logrado reducir el cobro del plus médico -no así el plus sanatorial- pero no se ha debatido una política para cambiar las lacras que han trabado desde hace muchos años la relación médico-paciente.
No estaría mal que todas estas negociaciones y mediciones de fuerzas se hicieran en el marco de una decisión política de cambiar de raíz las cosas, sin que se llegue a rupturas y cortes de servicios.
En el medio de todo estuvo presa la gente, que tuvo que ir a las consultas sin cobertura, o bien tuvo que ir a hacer colas en los hospitales. Al cabo de la negociación, cuando se firme el acuerdo, funcionarios y profesionales habrán ganado, porque estos últimos conseguirán parte de la mejora que reclaman y las autoridades otorgarán un aumento a los médicos sin pagar costo político por el mayor gasto. Al contrario, se jactarán y lo exhibirán como un logro de la gestión.

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