10 Octubre 2005 Seguir en 
Por confortables que sean los ómnibus que realizan viajes interprovinciales, el trayecto es siempre largo y los pasajeros deben pasar muchas horas en sus asientos. Lógicamente, si el periplo es nocturno, la gran mayoría tratará de conciliar el sueño. Pero ocurre que muchas veces les resulta imposible hacerlo, si les ha tocado la suerte de verse obligados a compartir tales horas con adolescentes dispuestos a pasar un rato divertido. Porque entonces, a lo largo de casi toda la noche, deberán soportar obligadamente los chistes, las carcajadas, las conversaciones a viva voz y los cantos del alegre grupo.
Por lo general, los choferes suelen hacerles alguna advertencia discreta. En la mayoría de los casos, ella es desoída y las cosas siguen igual -hasta que los vence el cansancio-, sin ninguna consideración hacia el resto del pasaje, que aspira a algo tan legítimo como es dormir.
Pensamos que las empresas debieran instruir a su personal para tomar medidas más severas respecto de tal problema, que afecta claramente los derechos de los pasajeros, y que suele convertir un viaje normal en una experiencia desagradable y agotadora.
Por lo general, los choferes suelen hacerles alguna advertencia discreta. En la mayoría de los casos, ella es desoída y las cosas siguen igual -hasta que los vence el cansancio-, sin ninguna consideración hacia el resto del pasaje, que aspira a algo tan legítimo como es dormir.
Pensamos que las empresas debieran instruir a su personal para tomar medidas más severas respecto de tal problema, que afecta claramente los derechos de los pasajeros, y que suele convertir un viaje normal en una experiencia desagradable y agotadora.







