Contaminación de El Frontal

Una situación que genera un conflicto de intereses entre Tucumán y Santiago.

10 Octubre 2005
Hace pocos días, informamos acerca de la manifestación multitudinaria desarrollada en Las Termas de Río Hondo, en protesta por la contaminación que afecta al embalse El Frontal y a su entorno. Como se sabe, tal cuestión tiene ya larga data, y el Gobierno de Santiago del Estero ha elevado quejas similares en varias ocasiones. Estas han sido planteadas asimismo en sede judicial, y el Superior Tribunal de esa provincia ordenó que las plantas tucumanas se abstengan de arrojar desechos en los afluentes del embalse, cosa que nunca se cumplió. El mandatario, quien participó en la protesta, dijo que el Estado tucumano debe obligar, a las 60 empresas que aún no se han sumado al programa de "producción limpia", a que lo hagan. Esas empresas, dijo, "están eliminando residuos orgánicos contaminantes y destruyendo la riqueza ictícola. Lo que ha ocurrido en los últimos años es gravísimo, y le está ocasionando un grave daño al turismo". Ocurre que, como lo subrayó el gobernador, sólo 30 de las 90 empresas se han sumado al programa de referencia, y como la adhesión es voluntaria, la cuestión sigue en el mismo nivel de gravedad. En otras oportunidades nos hemos referido a este tema. Su importancia es más que significativa. No es necesario decir que las cuestiones ambientales, a esta altura de la historia, figuran en sitio prioritario dentro de las agendas gubernamentales del mundo. Son rubros que no admiten espera, dada la magnitud de los daños (muchos de ellos irreversibles) que la desatención a ese respecto puede llegar a suscitar.
Es un hecho la contaminación del dique El Frontal, como también la culpa que Tucumán tiene en esa realidad. Parece obvio decir que si solamente 30 empresas se han adherido al programa de no contaminación, y las que contaminan son 90, esto significa que el problema está en pie prácticamente sin modificaciones.
Ya se sabe que las metodologías para volver inocuos los residuos industriales son muy costosas, y que muchas plantas industriales carecen de fondos para llevarlas a cabo. El Gobierno de Santiago del Estero expresó: "si no hay financiamiento, lo gestionaremos". Parece la actitud adecuada, ya que no puede permitirse que este proceso siga adelante, con el argumento de que no hay dinero para modificar el dañoso cuadro actual.
Esta problemática, repetimos, tiene una importancia muy grande, que excede los daños indudables causados a la fauna ictícola y al turismo de la vecina provincia. En efecto, se inscribe dentro de un cuadro de agravio concreto al medio natural, frente al cual de manera alguna puede mirarse al costado. Sería deseable, entonces, que se le otorgue un tratamiento adecuado a la dimensión que tiene.
Es decir, que deje de ser algo que se plantea con fuerza periódicamente, pero que luego se deja de lado, dado que surgen otros problemas que parecerían tener una urgencia mayor. El Estado tucumano debe poner una esmerada atención en este punto, y lograr que las empresas que contaminan ingresen en el programa de producción sin esas consecuencias.
No es nuestro cometido sugerir el modo por el cual debe lograrse esa adhesión, pero es evidente que ella resulta urgente. El Noroeste Argentino, lamentablemente, no ha puesto la suficiente inquietud en las estrategias de protección ambiental. Desde estas columnas, muchas veces hemos alertado acerca de esa problemática, no sólo con referencia a los efluentes industriales, sino también en lo que atañe al tratamiento de residuos urbanos, a la tala indiscriminada, a la polución, etcétera. En este, como en todos los asuntos de esa índole, se hace necesaria una política de Estado, que se diseñe a conciencia y que se cumpla en todos los casos.

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