Los partidos sin calle
El extremado clientelismo pone también en evidencia la gran pérdida de capacidad representativa de los partidos, generalmente imposibilitados de ganar la calle por el desprestigio ciudadano. No es raro por ello que muchos de sus dirigentes con cargos públicos aplaudan a Kirchner, a pesar de integrar agrupaciones opositoras. En lo que va de la semana, el Presidente tuvo esas satisfacciones en Junín y en Vicente López, donde sus alcaldes ensalzaron su acción de gobierno, a desmedro de ser figuras del radicalismo. Otra muestra de la reducida atracción de los partidos es la escasa atención que la gente presta a sus escasos puestos callejeros, donde se informa sobre las listas. Los electores saben que cuando lleguen al cuarto oscuro, salvo dos o tres nombres, las boletas de distritos grandes contendrán a los desconocidos de siempre, como los calificó el ex presidente Carlos Menem sin que demostrara mayor esfuerzo en poner fin a la lista sábana. La situación descripta ha permitido, pues, que las manipulaciones electorales decisivas sean cuestiones de aparatos que ya no manejan los grandes partidos, tan inmovilizados como sus reformas. (De nuestra Sucursal)
06 Octubre 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La aparente perplejidad con que el oficialismo de turno está recibiendo las denuncias sobre clientelismo electoralista es otro dato de la hipocresía con que se desenvuelve -desde hace bastantes años- la política nacional. "Si yo tuviera una prueba, la denunciaría a la Justicia", ha dicho el presidente Kirchner al término de un acto para el que el reparto de fondos públicos sin control y la entrega de bienes diversos, reconocida por los propios intermediarios, fueron consumados a la vista. Lo que ocurre ahora es que el clientelismo resulta más ostensible y puede mimetizarse en los planes regulares de subsidios por la crisis social mayor que conoció el país. Precisamente al mismo tiempo acaban de aparecer unas memorias de Mario Pontaquarto, ex valijero de las coimas en el Senado, quien, para dar testimonio de arrepentimiento, relata con minuciosidad, no sólo esa historia, sino el estilo depredador que desde poco después de la restauración constitucional ha imperado en la administración de la Cámara Alta, por lo menos hasta su alejamiento. La excusa de esa situación en los elevados niveles del poder es el desconocimiento de lo que ocurre más abajo, como se deduce de las réplicas de los ministros del Interior y de Desarrollo Social, y también de la cúpula duhaldista; pero es del todo imposible ignorar que se trata de un "modus operandi" para asegurar concurrencia a los actos cerrados con que ahora se hacen las campañas y que corre por cuenta de intendentes o de caudillos lugareños.







