Un modelo inquietante

Lo que dejó la elección de Corrientes.

05 Octubre 2005
Si no fuera por el manejo oscuro de los recursos públicos y por la lucha del centralismo para dominar el Congreso, podría pensarse, respecto de la elección de Corrientes, que se está ante un caso paradigmático de recomposición política en beneficio de nuestro sistema representativo. Pero, en realidad, lo único que pudo observarse es que el estilo degradante de nuestra política nacional sigue perdurando. El amplio triunfo del radical Arturo Colombi como gobernador, para suceder a su primo hermano Ricardo, cuyo gobierno integró, ha permitido respetar el veto constitucional de la reelección, pasando el relevado a la lista de diputados nacionales que competirá el 23 del corriente. La provincia está acostumbrada desde hace largo tiempo a los clanes familiares, tanto como a las intervenciones federales, por las que encabeza a los demás distritos. La amplia victoria de Arturo se ha debido al eficaz manejo administrativo de Ricardo, quien recibió fondos del Gobierno central significativamente abundantes con ese fin. No debe olvidarse que la ausencia del régimen de coparticipación federal, somete a las provincias a la caja nacional, manejada ahora con generosidad en virtud de los superpoderes presidenciales. Esa combinación de circunstancias ha permitido que el radicalismo, en Corrientes, esté aliado al peronismo kirchnerista, a pesar de enfrentarlo en el orden nacional como primera minoría parlamentaria. No debe extrañar, pues, que ambos sectores hayan festejado el triunfo como propio, aunque sin cesar en la confrontación. El ministro del Interior, Aníbal Fernández, aseguró que el poder central está trabajando "para que radicales y peronistas dejen de lado banderías sectoriales y se dediquen a hacer un país distinto", concepto acompañado por severas descalificaciones de la UCR. Fernández, más que como ministro político del Gobierno central, se ha expresado así como un ministro polémico que respalda ese "modelo" correntino de recuperación republicana. El gobernador electo, entretanto, advierte que no se ha desvinculado del radicalismo; que su alianza con el centralismo es de conveniencia administrativa y que espera que lo previsto por aquella -el favor de caja- se cumpla. Pero Corrientes no está sola en ese juego de favores que posterga a los partidos como organizaciones intermedias del sistema representativo.
Mientras esto ocurría, en Tierra del Fuego el gobernador Jorge Colazo abandonaba su partido, la UCR, juntamente con sus candidatos a diputados nacionales para pasarse al centralismo y dejarlo sin competidores en las urnas. Catamarca y Santiago del Estero son otros testimonios de intereses compartidos con el estilo propuesto por el ministro del Interior.
La política nacional se muestra en consecuencia como un gran rompecabezas donde concurren 84 coaliciones, alianzas o listas mixtas, generalmente conformadas para oponerse, antes que por propuestas. Testimonio ejemplar es el del Frente Multisectorial, en Santiago del Estero, integrado por socialistas, comunistas y democristianos. Si el oficialismo procura con su estrategia conservar poder en el Congreso, la respuesta opositora difícilmente sea otra que impedirlo, en cuyo caso la tan afectada autonomía parlamentaria podría recuperarse, aunque con riesgo de obstrucción sistemática de la oposición, Y esa posibilidad poco tiene que ver con la democracia, donde los derechos y las obligaciones están condicionados por el diálogo para el acuerdo.
El caso de Corrientes debería poner sobre aviso a la ciudadanía de que no son posibles las soluciones estables mediante procedimientos tan reprobables como el manejo inconstitucional de los recursos públicos y el abuso de poder mediante clanes familiares.

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