Los paros en la Universidad

Pese a lo justo de los reclamos se hace necesario una revisión de la metodología de protesta.

29 Septiembre 2005
La segunda mitad de este año ha sido particularmente conflictiva para la comunidad universitaria en nuestra provincia. Los reclamos por mejoras salariales por parte de los docentes de las casas de altos estudios de todo el país han tenido resonancias particularmente preocupantes en el ámbito de la institución fundada por Juan B. Terán en los comienzos del siglo pasado.
La huelga de cuatro semanas consecutivas que hubo entre agosto y setiembre impidió el comienzo regular del segundo cuatrimestre en la mayoría de las facultades de la Universidad Nacional de Tucumán. Y los nuevos paros, que comienzan hoy y que dejarán margen para sólo dos días de actividad hasta el 17 de octubre próximo, ponen en evidencia que será poco menos que imposible cumplir con las tareas académicas en lo que resta del año. Esto, si es que los gremios docentes no insisten en la modalidad de los paros de actividades para llamar la atención de las autoridades sobre sus reclamos salariales y otras reivindicaciones.
La decisión del Rectorado y de los decanos de prolongar el ciclo académico y de acortar el receso estival ha sido rechazada de plano por los dirigentes de la Asociación de Docentes e Investigadores de la UNT, por lo que la alternativa de recuperar en los próximos meses las jornadas consumidas en el plan de lucha de los educadores no parece viable.
En más de una oportunidad se ha reconocido desde este espacio la justicia del reclamo salarial de los docentes. El deterioro sufrido por las remuneraciones de los profesores universitarios en los últimos años es innegable. Resulta inadmisible el pago de sumas "en negro" y la existencia de docentes que trabajan sin percibir una retribución económica por su tarea. También es razonable la aspiración de un sustancial aumento en el presupuesto universitario para atender las múltiples necesidades económicas que deben ser satisfechas para que la educación superior recupere en nuestro país el nivel de excelencia que la distinguió en tiempos pasados.
Pocas dudas caben acerca de que el de la enseñanza universitaria ha sido uno de los sectores más castigados y que más postergaciones ha sufrido en las últimas décadas. Es la metodología de la protesta lo que debe ser urgentemente revisada por la comunidad docente en pleno. Resulta evidente que la sucesión de paros perjudica principalmente a los estudiantes, aunque los objetivos de la protesta, a largo plazo, redunden en beneficio de los jóvenes educandos. Así planteada, la huelga conspira directamente contra las posibilidades de que los docentes puedan cubrir con seriedad los contenidos de sus cátedras y realizar las consultas y las ejercitaciones prácticas suficientes, como para que los alumnos puedan preparar sus materias con tranquilidad y en tiempos pedagógicamente admisibles, para la incorporación de los conocimientos que una carrera de nivel superior exige.Cuando una medida de fuerza se prolonga indefinidamente y sus efectos perjudican directamente a un sector de la comunidad, su legitimidad tambalea.
Si es cierto que en la Universidad está concentrada la excelencia del pensamiento de nuestra sociedad, es necesario que los integrantes de la comunidad docente extremen su creatividad y su capacidad intelectual para encontrar alternativas que les permitan efectuar sus justos reclamos, sin lesionar el derecho de los estudiantes de recibir una formación académica sin fisuras. Está en juego nada menos que el futuro de una generación de profesionales y el bien ganado prestigio de una institución emblemática, como es la Universidad Nacional de Tucumán.

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