27 Septiembre 2005 Seguir en 
El premio Nobel de Economía Amartya Sen afirma que la penuria económica en hogares encabezados por mujeres es tanto un problema de privación femenina como de carencia familiar. En otras palabras, lo que él dice es que hay problemas que aparentan ser individuales, pero que resultan ser eminentemente sociales. Por eso, el prestigioso economista hindú está convencido de que para hacer un análisis atinado de las condiciones de pobreza hay que trabajar en alguna medida desde una perspectiva de género. Por ejemplo, en un artículo de su autoría, "Género y conflictos cooperativos"?, afirma que cuando a las mujeres rurales de su país les preguntan cuál es su percepción acerca de su "bienestar personal", ese concepto les resulta inasible, ya que en su imaginario no hay lugar para el "deseo individual".
La reflexión de Amartya Sen viene a cuento a propósito del reciente lanzamiento del Observatorio de la Mujer en la Provincia de Tucumán. Al parecer, la gestora de la iniciativa fue Beatriz Rojkés de Alperovich. Y decidió impulsar este modelo "exportado de España" cuando vio en el interior tucumano lo que el economista hindú había observado en las campesinas hindúes: que la mujer rural tucumana ha reemplazado en porcentajes significativos al varón en el sustento económico. Sumado ello a que ahora tiene a su cargo a sus nietos (de hijas adolescentes) y a sus mayores, más el trabajo doméstico.
El Observatorio, que depende de la Secretaría de Políticas Sociales, es la primera experiencia estatal en su tipo en Argentina, y la segunda en Latinoamérica. Y su función será la de concentrar en una gran base de datos toda la información relativa a temas que involucran a la mujer, y que está dispersa en distintas áreas (hay representantes de ministerios y de secretarías con rango de tales, como Salud, Educación, Políticas Sociales, Justicia). En otras palabras, el objetivo -ambicioso, por cierto- es que el observatorio permita articular, desde sus distintos ángulos, toda la problemática que afecta a la mujer y a su grupo familiar, incluido el varón.De todos modos, el concepto de los Observatorios (los hay también económicos y culturales, entre otros) no se agota en la mera recolección de datos. Conceptualmente, esa base de datos debe ser una plataforma para modificar parámetros o realidades inquietantes. Entre otros ejemplos, se infiere que tanto la Escuela como la Justicia acercarán información relevante sobre temas como la violencia doméstica, un fenómeno que en el Tucumán actual atraviesa todas las capas sociales.
Más allá de la oportunidad del lanzamiento en Tucumán (demasiado atado a la coyuntura electoral) el Observatorio debería proyectarse también como un espacio para el desarrollo de "capital social", entendido este como "empoderamiento" o "liderazgo", sea este político o económico. En el primer punto, entre las mujeres tucumanas hay muchas líderes sociales, como lo demuestran infinitas experiencias comunitarias y de microemprendimientos. Sin embargo, esa presencia no se proyecta todavía -salvo excepciones - en los ámbitos institucionales, y en la representación parlamentaria, donde hay escasísimas mujeres en comisiones estratégicas, como las de Legislación General y Presupuesto y Hacienda. En el segundo aspecto -el que indica la presencia de liderazgo económico o gerencial- el resultado es más pobre todavía (en América Latina sólo entre el 12 y el 15% de las empresas tienen dirección femenina). Es un fenómeno mundial, que empresas de primera línea tratan de subsanar, impulsando, por ejemplo, becas para mujeres en sus áreas de interés. La reflexión unánime es que, en un mundo en el que la fuerza laboral bruta ya es casi parte del pasado, hay que preparar el acceso femenino para las reglas del mercado. Un mercado en el que las mujeres son las que más consumen.
La reflexión de Amartya Sen viene a cuento a propósito del reciente lanzamiento del Observatorio de la Mujer en la Provincia de Tucumán. Al parecer, la gestora de la iniciativa fue Beatriz Rojkés de Alperovich. Y decidió impulsar este modelo "exportado de España" cuando vio en el interior tucumano lo que el economista hindú había observado en las campesinas hindúes: que la mujer rural tucumana ha reemplazado en porcentajes significativos al varón en el sustento económico. Sumado ello a que ahora tiene a su cargo a sus nietos (de hijas adolescentes) y a sus mayores, más el trabajo doméstico.
El Observatorio, que depende de la Secretaría de Políticas Sociales, es la primera experiencia estatal en su tipo en Argentina, y la segunda en Latinoamérica. Y su función será la de concentrar en una gran base de datos toda la información relativa a temas que involucran a la mujer, y que está dispersa en distintas áreas (hay representantes de ministerios y de secretarías con rango de tales, como Salud, Educación, Políticas Sociales, Justicia). En otras palabras, el objetivo -ambicioso, por cierto- es que el observatorio permita articular, desde sus distintos ángulos, toda la problemática que afecta a la mujer y a su grupo familiar, incluido el varón.De todos modos, el concepto de los Observatorios (los hay también económicos y culturales, entre otros) no se agota en la mera recolección de datos. Conceptualmente, esa base de datos debe ser una plataforma para modificar parámetros o realidades inquietantes. Entre otros ejemplos, se infiere que tanto la Escuela como la Justicia acercarán información relevante sobre temas como la violencia doméstica, un fenómeno que en el Tucumán actual atraviesa todas las capas sociales.
Más allá de la oportunidad del lanzamiento en Tucumán (demasiado atado a la coyuntura electoral) el Observatorio debería proyectarse también como un espacio para el desarrollo de "capital social", entendido este como "empoderamiento" o "liderazgo", sea este político o económico. En el primer punto, entre las mujeres tucumanas hay muchas líderes sociales, como lo demuestran infinitas experiencias comunitarias y de microemprendimientos. Sin embargo, esa presencia no se proyecta todavía -salvo excepciones - en los ámbitos institucionales, y en la representación parlamentaria, donde hay escasísimas mujeres en comisiones estratégicas, como las de Legislación General y Presupuesto y Hacienda. En el segundo aspecto -el que indica la presencia de liderazgo económico o gerencial- el resultado es más pobre todavía (en América Latina sólo entre el 12 y el 15% de las empresas tienen dirección femenina). Es un fenómeno mundial, que empresas de primera línea tratan de subsanar, impulsando, por ejemplo, becas para mujeres en sus áreas de interés. La reflexión unánime es que, en un mundo en el que la fuerza laboral bruta ya es casi parte del pasado, hay que preparar el acceso femenino para las reglas del mercado. Un mercado en el que las mujeres son las que más consumen.







