27 Septiembre 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Roberto Lavagna no acepta que el gobierno de Kirchner asuma un infierno, como suele afirmar el Presidente, al menos en lo que corresponde a la economía. Eso se vino a señalar tácitamente en la reciente asamblea del Fondo Monetario por el representante regional en el directorio del organismo, el ministro de Finanzas chileno Nicolás Eyzaguirre, cuando se refirió a la Argentina. El modelo económico implementado desde mediados de 2002 lleva ya 12 cuatrimestres seguidos de expansión -subrayó ese informe- permitiendo completar la más compleja reestructuración de deuda de la historia. Antes de ese informe, Lavagna había recibido el premio al Mejor Ministro de Economía del Año de Latinoamérica, de la editorial Euromoney, de acuerdo con una encuesta de sus lectores del mundo de la banca.
Seguridades
El ministro regresó dejando seguridades de que el Presupuesto 2006 será aprobado antes de finalizar el año, y que su análisis precederá a las urnas. Los 12 cuatrimestres citados por Eyzaguirre son precisamente el tiempo que Lavagna lleva al frente del Palacio de Hacienda por decisión del ex presidente Duhalde, quien aconsejó a Kirchner su continuidad. Esa cita, se estima, ahora permitirá al ministro sostener en el Congreso con éxito el proyecto fiscal para 2006, si bien con la certeza de que no estará de acuerdo con algún intento de reponer superpoderes, de los cuales la iniciativa del Ejecutivo desistió por dificultades electorales.
La cosecha de Lavagna en esta oportunidad contradice la opinión del jefe del Gabinete, Alberto Fernández, que sostuvo al mismo tiempo que nunca habían sido tan duras como ahora las relaciones con el FMI. Fernández es el integrante del gobierno menos condescendiente con su colega de Economía, entre otras razones porque este último no sólo se mantiene alejado de la campaña electoral, sino que son frecuentes sus comunicaciones con Duhalde, cuya vieja relación en nada ha cambiado. Lavagna fue y vino de Washington manteniendo distancia del periodismo para evitar que se especulara con su independencia y el sólido perfil político que le está marcando su gestión. Nadie podría decir que integra alguna de las dos grandes líneas que hoy disputan por el poder en el justicialismo, pero no son pocos los que se mantienen al margen de la batalla y que ven en él a la figura de alternativa del obvio propósito reeleccionista de Néstor Kirchner. Un análisis más sutil de su reciente visita a Washington no puede menos que advertir la predisposición que el ministro de Economía halló en las más altas jerarquías del Fondo Monetario para contribuir a su regreso políticamente exitoso a Buenos Aires, a pesar de que los problemas pendientes no han tenido cambio alguno. (De nuestra Sucursal)
Seguridades
El ministro regresó dejando seguridades de que el Presupuesto 2006 será aprobado antes de finalizar el año, y que su análisis precederá a las urnas. Los 12 cuatrimestres citados por Eyzaguirre son precisamente el tiempo que Lavagna lleva al frente del Palacio de Hacienda por decisión del ex presidente Duhalde, quien aconsejó a Kirchner su continuidad. Esa cita, se estima, ahora permitirá al ministro sostener en el Congreso con éxito el proyecto fiscal para 2006, si bien con la certeza de que no estará de acuerdo con algún intento de reponer superpoderes, de los cuales la iniciativa del Ejecutivo desistió por dificultades electorales.
La cosecha de Lavagna en esta oportunidad contradice la opinión del jefe del Gabinete, Alberto Fernández, que sostuvo al mismo tiempo que nunca habían sido tan duras como ahora las relaciones con el FMI. Fernández es el integrante del gobierno menos condescendiente con su colega de Economía, entre otras razones porque este último no sólo se mantiene alejado de la campaña electoral, sino que son frecuentes sus comunicaciones con Duhalde, cuya vieja relación en nada ha cambiado. Lavagna fue y vino de Washington manteniendo distancia del periodismo para evitar que se especulara con su independencia y el sólido perfil político que le está marcando su gestión. Nadie podría decir que integra alguna de las dos grandes líneas que hoy disputan por el poder en el justicialismo, pero no son pocos los que se mantienen al margen de la batalla y que ven en él a la figura de alternativa del obvio propósito reeleccionista de Néstor Kirchner. Un análisis más sutil de su reciente visita a Washington no puede menos que advertir la predisposición que el ministro de Economía halló en las más altas jerarquías del Fondo Monetario para contribuir a su regreso políticamente exitoso a Buenos Aires, a pesar de que los problemas pendientes no han tenido cambio alguno. (De nuestra Sucursal)







