Fecha siempre memorable

Un nuevo aniversario de la Batalla de Tucumán.

25 Septiembre 2005
Celebró nuestra provincia un nuevo aniversario de la Batalla de Tucumán, librada en 1812, el día de Nuestra Señora de La Merced, bajo cuya protección Manuel Belgrano puso sus tropas. Se cumplió así, como ocurre desde hace 193 años, con la obligación de rendir homenaje a una instancia clave de nuestra trayectoria como pueblo. El homenaje a quienes, en los albores de la nacionalidad, supieron dar ejemplo de dignidad moral y de espíritu de sacrificio.
Por sus características, por las circunstancias que la precedieron y la motivaron, así como por lo que significó para la posterior consolidación de los ideales patrios planteados en 1810 y consolidados en 1816, la victoria tucumana no admite paralelo con ninguno de los hechos de armas librados a lo largo de nuestra epopeya independentista.
Es la batalla por excelencia. En ella se unieron la conducción militar con la definición de un pueblo resuelto a detener, en su tierra, el avance de quienes querían sojuzgarlo.
Este es un aspecto digno de inmortal recordación. Excede el marco propio de los triunfos militares, de una época en que el heroísmo y la voluntad de vencer eran virtudes cotidianas de los ejércitos patriotas. Alcanza otra dimensión. Tiene, en efecto, los caracteres de un triunfo argentino logrado por todo el pueblo. Este, enfrentado con la alternativa de ser libre tras el sacrificio de vidas y de bienes, o dejar correr los aconteceres con resignación culpable, eligió sin vacilar el difícil camino de la gloria y del honor colectivos.
En tal sentido, la investigación histórica ha definido con precisión todo el marco de aquel enfrentamiento del Ejército del Norte, al mando del general Manuel Belgrano, y la fuerza realista, que conducía Pío Tristán, en el Campo de las Carreras, al sudoeste de nuestra ciudad.
La superioridad española era incuestionable, y por ello el Gobierno central había ordenado a Belgrano proseguir su retirada -que día a día se mostraba como irremediable derrota- hasta Córdoba. La firme solicitud de los tucumanos resolvió al general a desobedecer aquel mandato y prepararse para la batalla.
Se desarrolló entonces la frenética etapa de organización de batallones de paisanos. Todos, desde hombres hasta menores recién salidos de la niñez, empuñaron armas improvisadas y penosamente inferiores a las que poseían los realistas.Cómo fue y cómo se resolvió la batalla constituye nuestro timbre de honor. El triunfo contra fuerzas que nos doblaban en número determinó que la hueste realista se retirase hacia Salta, donde cinco meses más tarde volvería a ser derrotada por el mismo Belgrano, en Campo de Castañares. Había triunfado la actitud de un ejército y de un pueblo unidos y empeñados en afirmar la revolución de la Independencia, amenazada como nunca lo fue en otro momento de su historia.
Bartolomé Mitre destaca la "inmensa influencia" de esta victoria en el panorama de esta parte del continente, que perseguía con empeño su emancipación. Ello porque evitó que las provincias del norte se perdieran para siempre, como ocurrió con las del Alto Perú, y permitió la acción externa de liberación sobre Chile y sobre Perú, así como las campañas del Ecuador y de Montevideo, que de otro modo no hubieran sido posibles.
"Fuerza es convenir -concluye el ilustre biógrafo de Belgrano- que en Tucumán se salvó no sólo la revolución argentina, sino que se aceleró, si es que no se salvó en ella, la independencia de la América del Sur".
El aniversario mantiene, así, una sola y perenne lección que data de hace casi dos siglos. Sería provechoso mantener el espíritu despierto ante ese mensaje que firmaron con su sangre nuestros antepasados tucumanos. Es el de tomar conciencia de cómo deben proceder los argentinos, unidos y dispuestos a sacrificarse, cuando los destinos de la patria lo requieren.

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