Informe tardío, pero realista

El análisis del Banco Mundial para los próximo 20 años.

23 Septiembre 2005
El informe del Banco Mundial sobre perspectivas para el desarrollo en los próximos 20 años -que precede a la asamblea anual del organismo- ha dedicado a la Argentina un amplio recuadro cuyas consideraciones, sin ser novedosas, imponen una severa reflexión en cuanto representan una visión realista del país desde la comunidad internacional. Bajo el título "El crecimiento con instituciones pobres no dura", dicho análisis singulariza la paradójica realidad que representa el contraste entre los recursos naturales y humanos disponibles y la baja calidad institucional que impide su aprovechamiento ordenado y progresista. No se trata, por cierto, de una observación sobre experiencias recientes, pues se la plantea con un contexto histórico que parte de setiembre de 1930 con el golpe militar que derroca a Hipólito Yrigoyen y los que siguen hasta 1976 con reducidos intervalos constitucionales, donde el mediano plazo es el máximo espacio temporal de gobierno y el desarrollo se produce sin equidad ni inclusión social. "Aunque ciertas soluciones políticas temporarias a veces pueden menguar los conflictos por un tiempo -afirman los redactores del análisis- esos conflictos emergen a la larga ante la ausencia de una inclusión institucional más amplia, socavando los incentivos para invertir".
La baja calidad institucional tiene dos aspectos entre nosotros: el correspondiente a las instituciones en sí mismas por carencia de su actualización regular en un orden político estable, y el descreimiento e inobservancia relativa por parte de la sociedad como respuesta. Es por ello que el informe del BM extrema su juicio advirtiendo que nuestro país podría afrontar nuevamente una profunda crisis si se siguen postergando las reformas políticas y sociales necesarias para alcanzar un crecimiento más equitativo. En ese sentido la recuperación advertida en algunas variables de desarrollo después de la reciente crisis, tan sólo sería poco más que efímera si se parte del criterio ya conocido de que los problemas devienen de la economía y no del atraso en lo social y en el sistema político representativo. Se trata fundamentalmente de mejorar la inclusión política de la sociedad y el gerenciamiento de los conflictos, sin lo cual los ciclos críticos se repetirán sin solución de continuidad, aunque agravados en el transcurso generacional. En este punto aparece la ausencia de las políticas de Estado, consecuente con la baja calidad representativa de los partidos que, en sus luchas por el poder, se apoderan virtualmente de los cuerpos colegiados en desmedro de sus genuinos representados, los ciudadanos. El informe del BM puede ser observado, por cierto, en cuanto a la cartilla de sus recomendaciones y la tardanza de ellas que -como en el Caso del Fondo Monetario Internacional- no condicen con la tolerancia con que los organismos multilaterales acompañaron o eludieron los errores que ahora se plantean. Sin embargo, aunque tardías, esas observaciones deben ser mayormente compartidas por su realismo y coincidencia con las múltiples investigaciones históricas que en los recientes años han tratado de esclarecer las causas de la última crisis cíclica. La propia experiencia, por otra parte, muestra con certeza que nuestro crecimiento sustentable en beneficio de la sociedad depende esencialmente de la modernización de las estructuras políticas y sociales, antes que de las reformas macroeconómicas.
Mientras no se lo asuma así y perduren esas carencias del pasado como factores presentes en nuestra vida pública, se estará impidiendo que la Argentina se reintegre con plenitud a la comunidad internacional, como lo estuvo hasta la pérdida de sus valores institucionales.

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