BUENOS AIRES.-Rápidamente y con fastidio, el canciller Rafael Bielsa y candidato porteño ha descalificado el capítulo argentino del informe anual del Banco Mundial, pero no pudo menos que reconocer el punto más severo del documento: la baja calidad institucional con que transcurre el país desde hace por lo menos tres décadas. Se trata de un documento duro y realista, comentado, además, por autoridades del organismo sin pelos en la lengua, que parecen devolver los duros mensajes que la campaña electoral oficialista les remite. "El crecimiento con instituciones pobres no dura" se titula el informe para señalar con prolijas referencias cómo salimos de las crisis y volvemos a ellas de nuevo durante décadas, inclusive citando fechas históricas que repiten cíclicamente parecidas situaciones, con diferentes nombres y resultados, aunque cada vez más graves. En pocas horas más, estará presente en la asamblea anual del FMI y el BM el ministro Lavagna, quien ya se sabe que tratará de devolver la pelota en lo posible, al menos, para descargar al presidente Kirchner de la irritación que -según se supo en sus inmediaciones- sintió tras padecer el prolijo flagelo. Cierto es que no resulta del estilo habitual en los organismos multilaterales apretar las tuercas de esa manera, pero hace tiempo que los funcionarios del Fondo y del Banco Mundial se sienten poco menos que agraviados por las calificaciones de incapaces que se escuchan aquí, cuando no de comprometidos con los enemigos del país.
Juicio desmedido
Después de la descalificación institucional el punto más incisivo del informe corresponde a los servicios públicos, cuando se señala que los gobiernos como el nuestro "los ven como vacas de dinero". Las concesiones de servicios constituyen, por cierto, el capítulo en discusión que más perturba al BM, y en su tribunal administrativo, el Ciadi, se ventilan ahora 43 casos, siendo el más grave de todos el de Aguas Argentinas, que finalmente hizo crisis. El economista jefe del organismo, Francois Bourguignon, llegó a expresar como saldo de su visión que "no soy demasiado optimista con la Argentina", opinión sini duda desmedida desde esa altura de gestión, pero que revela cuán difíciles de transitar son hoy nuestras negociaciones económicas internacionales. Especialmente por el estilo imprudente con que interviene en ellas el mensaje electoralista provocando un doble discurso, como ocurre con el FMI, causante, se dice, de la ruina del país, pero seguro cobrador de su parte en la deuda. Los estrategas electorales oficialistas de ese discurso solo parecen pensar en el saldo de las urnas, más no en el climax internacional que se producirá después, y que ese exordio del Banco Mundial y sus príncipes adelanta como un llamado de atención. (De nuestra Sucursal)







