Frugalidad

El titular de la Corte disfruta de las comidas políticas.

22 Septiembre 2005
Por Federico Abel

No aprende. Esta vez cambió el cálido y amigable asado por un más distante almuerzo frugal. También mudó de interlocutores: en abril habían sido el senador Julio Miranda y el ex gobernador Ramón Ortega; en esta ocasión, José Alperovich. No obstante, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfredo Dato, volvió a demostrar que los despachos le resultan demasiado formales para reunirse con los políticos, quizá porque conoce bien a estos últimos. Militó con ellos (fue ministro de Gobierno de Ortega) y, a lo mejor, aspira a volver a hacerlo pronto (¿en 2007 quizás y desde el Congreso nacional?), ya sin togas incómodas. Teniendo en cuenta de que se trata de las cabezas de dos poderes del Estado, que no tienen por qué vivir incomunicados, la reunión no habría generado tantas suspicacias si no fuera por un par de detalles.
Tres semanas atrás, cuando la Corte debía pronunciarse sobre la convocatoria a elección de convencionales que el Poder Ejecutivo había efectuado para el 23 de octubre, ninguno de los dos quería cruzarse con el otro ni en la vereda. Recíprocamente se veían como el mal absoluto. Dato sospechaba -aún lo hace- que, detrás del tesón reformista de Alperovich, estaba en juego la supervivencia de los jueces, a quienes siempre los inquieta la posibilidad de una puesta en comisión en masa por el desaforado accionar de una hipotética Convención Constituyente. El gobernador replicaba que los fallos eran políticos, porque la Justicia es un poder de esa naturaleza. Era una forma poco aristotélica de decir: "piedra libre por Dato que hace política (oposición) desde (y en) el segundo piso de Tribunales". Por eso sorprende que, a una semana de la sentencia por la cual el alto tribunal volteó los comicios, hayan decidido encontrarse en el lejano lobby de un hotel porteño. Era evidente que la reunión sólo podía tener lugar a 1.300 kilómetros y de un modo casi furtivo. Pero si es cierto que sólo hablaron de cuestiones no políticas, como asevera Dato, ¿por qué demoraron 10 días en reconocer que se habían encontrado? ¡Qué curioso! Cuando hablaron en la reunión anterior sobre la construcción de una ciudad judicial (el tema de la última charla, según el juez), lo hicieron en la Casa de Gobierno y delante de todos los periodistas de Tucumán. ¿Por qué ahora se guardaron tanto tiempo la información? El lunes, el magistrado relató que el almuerzo fue el viernes pasado (16). Pero, seguramente, se confundió de fechas (¡son tantos los convites!). El 16, participó de otra comilona, pero en un reabierto restaurante de Yerba Buena y para festejar el Día del Magistrado. La cita con Alperovich fue el 9, cuando Dato estaba en Buenos Aires para intervenir en un seminario sobre ética judicial. El jueves 8 había recibido el llamado de un hombre de la Casa de Gobierno.
La entrevista, durante la que ninguno de los dos sonó como alegre castañuela precisamente, sirvió para que se dijeran un par de cosas. A Alperovich, los meandros del derecho le resultan tan poco comprensibles como un marciano. Una vez más escamoteó los canales institucionales y, como quien pregunta si llueve en la esquina, inquirió acerca de qué más debía hacer para que la convocatoria a elección de convencionales no volviera a frustrarse. La respuesta habría sido que, para evitar nuevas impugnaciones judiciales, urge redistribuir las 40 bancas que estarán en juego, según el crecimiento demográfico de cada una de las tres secciones electorales, como en vano lo manda la Constitución vigente desde 1990.
Quizá esto explique por qué en el Ejecutivo y en la Legislatura empezaron a estudiar el asunto. El problema es que tanto el este (hoy con 11 representantes), como la capital (con 18) deberían resignar escaños. Semejante empresa no parece fácil. La semana pasada, seis legisladores peronistas del este, durante una reunión de bloque, advirtieron que ya habían complacido al PE con todo lo que les había pedido, pero no con eso. Esto sucede cuando ciertas cuestiones no son discutidas en los despachos, sino durante comidas, sean ellas frugales o no.

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