La resistencia a informar

La libertad de prensa ha sido un valor reconocido en el país.

21 Septiembre 2005
Desde la restauración constitucional -salvo circunstancias muy excepcionales que hallaron amparo judicial-, la libertad de prensa ha sido un valor reconocido en el país. Se trata de un modelo constitucional identificado con la democracia pluralista y la sociedad libre, que no sólo implica la libertad de informar, sino la de acceso a la información de interés público, así como la obligación de ejercerla con responsabilidad. También es cierto que las condiciones en que transcurren desde hace un tiempo las relaciones de los medios de comunicación con los poderes públicos no responden adecuadamente a la naturaleza de esa condición esencial de la democracia. Entre los diferentes testimonios, el más reciente ha sido el proyecto de un grupo de legisladores oficialistas, denominado Ley de Secretos Oficiales, con la finalidad de regular la información que el Gobierno considere reservada, mediante controles de su divulgación. La iniciativa -de la que se desentendió el Poder Ejecutivo- se sumó a una serie de antecedentes sobre el dictado de leyes y decretos reservados que, entre sus finalidades, dieron lugar a sobresueldos de funcionarios y otras irregularidades cuyas investigaciones se realizan en la Justicia. Otra señal de la tendencia oficial a ocultar gestión pública es la prolongada resistencia oficialista en Congreso a sancionar la ley de acceso a la información que las autoridades no difunden. Una tercera demostración de esa resistencia es la muy limitada relación que el presidente Kirchner mantiene con los medios de comunicación, sobre lo cual cabe señalar que no practica el habitual estilo democrático de las periódicas conferencias de prensa. El jefe de Estado ha señalado a ese respecto en distintas oportunidades que mantiene relaciones directas con el pueblo, refiriéndose con ello a sus frecuentes actos públicos. Esa modalidad tan sólo se interrumpe fugazmente cuando alguna circunstancia ineludible la impide, no siendo suficientes sus colaboradores de confianza para satisfacer la comunicación necesaria. Se genera así un espacio informativo vacío que ocupan en parte versiones y especulaciones, y beneficia al periodismo amarillo o comprometido con una de las partes del diálogo público, atributo indeseable de la comunicación pero que, no por ello, descalifica los valores de la prensa libre.
Testimonio de las dificultades para normalizar las relaciones del periodismo con el poder político ha sido también el concepto que la senadora por Santa Cruz y actualmente candidata bonaerense, Cristina Fernández de Kirchner, ha expuesto recientemente en la Universidad de Washington ante un curso sobre comunicación. "Pocas veces en la historia de la humanidad los sistemas de comunicación han estado tan vinculados a los actores económicos y tal vez sumamente desvinculados de los sujetos políticos y sociales", expresó, entre otras consideraciones, la primera dama argentina ante los estudiantes. "Una mezcla de mediocridad, democracia y sistema de comunicación da por resultado una muy mala calidad de información para el ciudadano", agregó igualmente la esposa del Presidente.
La referencia, sin duda, apuntó a la prensa argentina, afectada, por cierto, en el orden señalado por esa práctica de la incomunicación gubernamental que igualmente ejerce la senadora, siguiendo el modelo oficial. No solamente en sus relaciones con los medios, sino mediante la reforma restrictiva del proyecto de acceso a la información que lo mantiene congelado en el Congreso. Pero el espectro del periodismo nacional en sus diferentes modalidades es tan amplio y plural como selectiva la sociedad al optar entre sus medios de comunicación. Es del todo inútil, en consecuencia, pretender ocultar o tratar de orientar la información pública bajo pautas ideológicas y descalificando generalizadamente a los medios de prensa, cuyos jueces inapelables son sus destinatarios.

Tamaño texto
Comentarios