El trauma de comunicar

Califican de impertinente el proyecto de senadores kirchneristas. Por Angel Anaya.

20 Septiembre 2005
BUENOS AIRES.-El calificativo más moderado que recibió en el entorno presidencial el proyecto de senadores kirchneristas que amplía las facultades gubernamentales para ocultar información y controlar su divulgación, fue el de impertinente. Cuidadosos, los ministros Alberto y Aníbal Fernández han puesto distancia de esa iniciativa, lanzada en plena carrera a las urnas y cuando la oposición carga sobre el oficialismo, acusándolo de autoritario y carente de diálogo. Sin embargo, esa distancia del jefe del Gabinete, cuyo rol, según el proyecto, es fundamental, y del ministro político, no convence a quienes estuvieron cerca de la hornalla donde se cocinó, pues su principal autor es el titular del bloque de senadores, Miguel Piccheto, hombre funcional a Olivos y que no se mueve en algo fundamental sin consultar con la primera dama. Legislar sobre ese punto es un tema complejo que seguramente va para largo, como ya ocurre con el bloqueo al proyecto sobre acceso a la información pública, que anda rondando por ambas cámaras desde hace dos años, cuando fue reformado restrictivamente por la senadora Fernández de Kirchner, a poco de acceder el actual gobierno. El tema es picante y se pega inevitablemente a la reciente conferencia que la primera dama ofreció en la Universidad de Washington sobre las relaciones entre la política y el periodismo, oportunidad en que la prensa argentina salió malparada.

Un tono más bajo
"Pocas veces en la historia de la humanidad -dijo la senadora por Santa Cruz y candidata bonaerense- los sistemas de comunicación están tan vinculados a los actores económicos y tal vez sumamente desvinculados de los sujetos políticos y sociales". Pareció un discurso de maestría de quien, precisamente, se niega a mantener relaciones regulares con los medios, a los que el Presidente nunca ofreció una conferencia de prensa y tan sólo acepta algunas palabras al paso, cuando no tiene otra alternativa. Esa función corre por cuenta esencialmente del jefe del Gabinete, de quien se dice que es uno de los que aconsejó a Kirchner bajar el tono agresivo del discurso antiduhaldista, juntamente con su colega del Interior y el canciller Rafael Bielsa. "Bajar el tono del discurso siempre será necesario, porque la campaña ha empezado a confundir a la gente", piensa el canciller, quien tiene un auditorio muy diferente en el distrito federal. El modelo a observar es el estilo del ministro de Economía, quien pone fuerza en las cosas, pero suavidad en los modos con que las dice. Esta modalidad es la que Roberto Lavagna lleva el jueves a Washington, a propósito de la asamblea anual del FMI y el Banco Mundial. Allí tendrá ocasión de dialogar con Rodrigo de Rato, maltratado por la retórica presidencial durante la asamblea de la ONU, considerando que cualquiera que sea la relación con el organismo, no debe perderse de vista que ejerce el rol de auditor ante la comunidad financiera internacional sobre el comportamiento de sus países miembro. (De nuestra Sucursal)

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