Hace pocos días, un líder religioso de Estados Unidos pidió por televisión que se asesine al presidente venezolano Chávez. ¿Y si fueran dos Chávez? ¿o seis? ¿Y si apuntamos a cuatro Fidel? ¿o a once?¿Y si se fija el objetivo en siete Bush? La evolución del hombre para perpetuar la especie no se ha visto correspondida, con el paso de los siglos, por un paralelo desarrollo de los nobles sentimientos. Una de las razones tal vez emerja por el lado de que siempre nos desplazamos dentro de un accionar condicionado. Tal vez nunca fuimos libres, o quizá jamás lo sentimos así; por lo menos -siguiendo a Darwin-, desde que el hocico fue más chico y el cerebro más grande. Tal vez siempre tuvimos miedo. Paradojalmente, la inclinación natural por la supervivencia quedó incólume en familias donde las garras no se modificaron y se transformaron en uñas: aquellas que protegen su hábitat y no se mutilan entre sí. ¿Los problemas prístinos de las relaciones, con celos, batallas y desconfianzas empezaron cuando nos erguimos del todo? ¿Cuando pasamos de la vida nómada a la sedentaria? Lo que es muy probable es que hayan comenzado a tomar mayor vuelo cuando la moneda suplió al trueque. Eludiendo o no la Teoría de la Evolución, tal vez no habría simposios internacionales compartidos por científicos y especialistas de layas diversas capaces de intentar siquiera un acercamiento al conocimiento del porqué de la crueldad humana; esa tendencia inherente al hombre.
Tenemos ejemplos interminables a través de la historia. La conquista de América, por caso. ¿Fueron necesarias aquellas torturas inimaginables para imponer una ideología y para apropiarse de oro y de suelos? (definición de ideología, según Emile Cioran: conjunción de la idea y de la pasión = intolerancia). Una anécdota cuenta que un cacique, antes de ser quemado en la hoguera, preguntó: "los españoles, ¿estarán en el cielo?" "Sí, hijo, le contesta el fraile". "Entonces quiero ir al infierno", replica el "salvaje".
Los que son asesinados suelen ser los puros, no los pragmáticos.
Cuentan que cuando fue arrojada la bomba en Hiroshima uno de los soldados dijo: "no puedo creer lo que hicimos". Ahí está el punto: el hombre no puede creer lo que hace, pero lo sigue haciendo.
En los dibujos animados, los animales no son graciosos si no se comportan como personas idiotas.
Se argumenta que muchas guerras ocurrieron por honrosas razones: la seguridad internacional, la democracia, la dignidad nacional, la libertad, el orden, el mandato de la civilización o la voluntad de Dios. Será por eso que en una encuesta realizada en Gran Bretaña, Winston Churchill fue ubicado como el mejor líder del mundo. No está mal. El tema es que Jesucristo aparece en un cómodo cuarto puesto, y Hitler supera a Tony Blair.
Habría que deslindar a ciertos mandamases de la locura porque los tornaría inimputables. Se pueden fabricar enemistades espantosas. En la mayoría de los casos, no tienen que ver con diferencias religiosas ni de etnias, sino con intereses económicos y territoriales.
Claro que hay diferentes grados de crueldad. Muchos de ellos casi sutiles. 1) Se sabe que el calentamiento global y otros desfases ecológicos, consecuencias de las barbaridades que perpetramos a diario, nos pueden llevar a un suicidio planetario. ¿El Tratado de Kyoto? Bien, gracias. Las grandes potencias prácticamente lo ignoran. Aznar no tuvo empacho en decir que es imposible cumplirlo. 2) El huracán Katrina ratificó lo chiquitos que somos. El "gigante" del Norte recibe la ayuda de la "ilusoria comunidad internacional", como la definió la secretaria de Estado, Condoleezza Rice (Ah: ¡se vacunó por primera vez a los niños negros de Nueva Orleáns!). 3) Potencialmente, la Argentina tiene con qué alimentar a 300 millones de bocas. ¿Por, qué entonces, la desnutrición (eufemismo de hambre)? Obviamente, si no existieran corazones abiertos, desinteresados y magnánimos no podríamos alcanzar a ver la luz del otro lado del río. Como para refutar aquello (ojalá fuera así) de que nada que valga la pena puede ser comprendido por la mente.
18 Septiembre 2005 Seguir en 
Por Luis Mario Sueldo







