BUENOS AIRES.- Tres anuncios dieron cuenta de una apremiante estrategia gubernamental para atemperar los efectos negativos del discurso electoral oficialista sobre la confianza en el país. El primero de ellos ha sido el compromiso de Kirchner en Nueva York de promover las inversiones extranjeras, convirtiendo ese punto en el eje de sus actividades. Mientras tanto, el ministro Lavagna invitaba a los hombres de empresas nacionales más relevantes a integrar el Consejo Empresario Asesor con el mismo fin y adjunto a la Agencia para el Desarrollo de Inversiones. En tercer término, la cartera económica confirmó que el proyecto de Presupuesto 2006 no propondrá al Congreso el mantenimiento de superpoderes fiscales para el Poder Ejecutivo. Debe advertirse, empero, que todos esos anuncios están condicionados por el resultado de las elecciones, pues políticamente dependen de cómo quede conformada la Cámara de Diputados; es decir, del mayor o menor poder disponible por el Gobierno. Si bien Lavagna niega, molesto, que el caso de Aguas Argentinas y los reproches públicos del gobierno francés por las diferencias con la inversora Suez perturbe el clima de inversiones, el episodio ha sido el gatillo de aquellos anuncios y decisiones. A partir de ahora, deberán pasar los comicios y observarse la recomposición parlamentaria antes de aceptar sin dudas el fin de los superpoderes, pues su mantenimiento podría intentarse durante el debate del Presupuesto.
La confianza tarda en perderse, pero mucho más en recuperarse, e implica un alto costo, como demostraron las grandes inversiones en servicios públicos de los años 90 y que, justamente ahora, se hallan en tela de juicio y son vilipendiadas por voces del oficialismo. Una de las más severas fue la del ministro De Vido, provocando interpretaciones confusas sobre tendencias gubernamentales a reestatizar los servicios. De Vido, sin embargo, ha manifestado ahora que el Estado no tiene vocación de aumentar su participación en la economía, y que el Gobierno "buscará inversión privada en sinergia con la pública". Hilando fino en el análisis de este gesto de confianza ante los mercados de inversión, pueden hallarse algunas referencias y causas de los cambios del discurso oficial. Ello no implica que el duhaldismo haya dejado de ser rival clave para Kirchner, para la primera dama y para sus fieles acompañantes Alberto y Aníbal Fernández, sino que ahora ha pasado a ser adversario y no enemigo repudiable, como en otro momento. Acaso en dos semanas más, hasta parezcan hermanos distanciados por un problema hereditario, que pueda arreglarse con más razonable reparto de la herencia. (De nuestra Sucursal)
15 Septiembre 2005 Seguir en 
Por Angel Anaya







