La fracción oficialista ganó terreno en el peronismo, pero está intranquila. El resultado de las elecciones internas abiertas del domingo pasado en Banda del Río Salí demostró que el aparato justicialista está intacto y que se consolida la perversa noción de que un voto equivale a un bolsón de mercadería, auténtica degradación de la democracia. Se profundizó la práctica desarrollada por el mirandismo. Mostró también que es un esquema eficiente para neutralizar la tentación rupturista que antaño puso en peligro la permanencia del peronismo en el poder. Roque Alvarez acertó cuando inventó ese cerrojo legal, en la década del 90, para impedir la repetición de la escisión liderada por Osvaldo Cirnigliaro en 1987 (Frente de Acción Provinciana). El gobernador José Alperovich cerró las heridas políticas y financieras de los perdedores Darío Monteros y Héctor Argañaraz. Con estos y con el ganador Zacarías Khoder totalizó 16.677 votos contra 1.053 de las otras cuatro fuerzas (el bussismo, el Frente Cívico y Social, Recrear y el Frente Popular). La catástrofe mayor la experimentó el radicalismo: está a punto de quedar sin candidato a intendente por no haber logrado la adhesión del 10% de su padrón de afiliados. El cambio de fachada (es socio mayoritario del Frente Cívico y Social) no lo ayudó. Lo que pasó en Banda del Río Salí -ciudad que administró la UCR entre 1987 y 1991- puede ser un anticipo de la evaporación del electorado radical para el 23 de octubre.El sistema de partidos desnudó su frágil anclaje social en una población signada por 26.000 desocupados. Hacia octubre se abren perspectivas inquietantes para la emisión del voto en condiciones de libertad política, con 83.000 hogares con necesidades básicas insatisfechas. Sólo el partido gobernante puede sacar ventajas políticas de ese cuadro de postración socioeconómica por su manejo de los planes sociales y de los bolsones.
Garrote y diplomacia
La euforia que generó la victoria en Banda del Río Sal no disipó las ansiedades en la Casa de Gobierno. El dictamen del ministro fiscal de la Corte Suprema de Justicia, Luis de Mitri, desestabilizó los planes alperovichistas y desató los pases de factura internos. Dentro del gabinete todos saben que la relación del ministro político Edmundo Jiménez con el alto tribunal está obturada por la desconfianza mutua. Alfredo Dato -presidente de la Corte- causa reacciones alérgicas en lo más alto del Poder Ejecutivo. Sospechan que él es el ideólogo de la posición que impulsaría la declaración de inconstitucionalidad del llamado a elecciones de convencionales reformadores el 23 de octubre. De Mitri sugirió esto en su consejo, pero también opinó que la designación de los postulantes a convencionales podría surgir de las elecciones internas abiertas en los partidos, cosa que no ocurre ahora.
A un ex fiscal de Estado, sin militancia política y con sólida formación en derecho público, se le encomendó sondear qué grado de ascendiente podría tener el pensamiento de Dato entre sus pares. Divide y reinarás es una vieja táctica política que la Casa de Gobierno usa con eficacia en las filas opositoras -la UCR es una muestra de ello-. En la Corte también se probaría suerte. La operación de aislamiento de Dato está en marcha.
El proceso diplomático es una fase de la estrategia oficialista, ya que la otra es de presión mediática sobre los jueces supremos. Alperovich aporreó a la Corte con argumentos que harían doler la cabeza a su coterráneo Juan Bautista Alberdi, por su desconocimiento de la división de poderes en el esquema republicano de gobierno. El gobernador le enrostró no haberse demorado 90 días para avocarse al estudio de la constitucionalidad de la ley controvertida.
Por cuestiones de conveniencia, el Gobierno estiró al máximo posible el dictado del decreto de unificación de elecciones para el 23 de octubre. Por esa misma razón se atrasó la tramitación de las impugnaciones en contra del sistema de selección de los convencionales reformadores. Alperovich menospreció en su discurso la circunstancia de que la Corte sólo se define por el ajuste o el desajuste de una norma con la Constitución cuando alguien con interés legítimo se siente afectado en sus derechos.
El gobernador insistió, además, en que el de la Corte será un fallo político. La etiquetación de política de una sentencia judicial a dos meses de las elecciones no es inocente. Se desliza la presunción de que se querría favorecer a los antagonistas del alperovichismo si se aplaza la elección de convencionales para 2006, si se tachara de inconstitucional al sistema vigente. En la Casa de Gobierno esperan que la Corte resuelva el asunto y dé pistas acerca de la receta que destrabe el enredo jurídico. De esa manera creen que se acabaría la inseguridad hacia el futuro. El criterio legislativo está lejos de la esfera de competencia de la corte. Ante esas circunstancias contradictorias, en la Legislatura hay quienes abogan por la reforma constitucional total, con el cambio de los jueces. Sisto Terán predicó esto en el gobierno de Miranda y repitió el planteo en los últimos tiempos.
Diferencias intestinas
El intendente Domingo Amaya salió ungido primer candidato a convencional constituyente por la capital y desplazó a Fernando Juri Debo al segundo, por decisión de Alperovich. En realidad, en las proximidades de Amaya se señaló que privilegiaba la gobernabilidad y el afianzamiento del eje Alperovich-Fernando Juri, por lo cual no aspiraba a generar roces con el primo del vicegobernador. Sin embargo, la situación cambió tras la elección de Banda del Río Salí. Fernando Juri salió debilitado políticamente porque sus hombres de mayor confianza jugaron por Monteros, al igual que otros dos legisladores. Alperovich no desperdició la ocasión e impuso su criterio. El intendente deberá concentrarse en la acción proselitista y descuidar su plan de trabajo. Atento a los sondeos de opinión, centró sus acciones en las necesidades reveladas por los vecinos de las distintas zonas. De ese modo empezó a ganar espacio en la opinión pública. Juri Debo no se calló y ventiló la pelea interna con la Casa de Gobierno pensando en la eventual recomposición de las listas ocasionada por el fallo que teme el alperovichismo. La postergación de los comicios provinciales le vendría como anillo al dedo.
En Fuerza Republicana se aceita la maquinaria para los comicios de octubre, bajo la supervisión del senador Ricardo Bussi. Están contentos con la cohesión de sus cuadros. José Luis Bussi volverá a Tucumán con la idea de formar una línea interna con políticos que antes militaron en FR y con nuevos dirigentes. Después del 23 de octubre, ese proyecto buscará la renovación partidaria.







