BUENOS AIRES.- Con la campaña electoral formalmente en marcha, la gran incógnita es saber si de aquí en más los nervios de la sociedad estarán lo suficientemente templados como para aguantar hasta el 23 de octubre un bombardeo similar al vivido en estos últimos cuatro o cinco días. Sin propuestas a la vista, esta parece ser la clave para que no se fuguen los votos hacia otros candidatos o hacia la abstención, y kirchneristas y duhaldistas aseguran que lo perciben.
En apenas 96 horas, apareció en el escenario una agotadora escalada de discursos inflamados, denuncias de pactos espurios, cambios de vereda, amenazas veladas y agravios cruzados. En este sentido, el oficialismo hizo punta y, como estrategia visible, identificó como enemigo a aniquilar a su viejo mentor (Eduardo Duhalde) y lo tiró a la hoguera, tal como esta columna lo había anticipado la semana anterior.
Además de esta ofensiva, y en paralelo, desde el oficialismo se fue construyendo durante la semana una serie de paradojas adicionales que son fruto, o bien de una brillante estrategia electoral para ganar las elecciones al galope, o bien parte de la inseguridad que puede haber generado la preocupación por no poder lograrlo con la comodidad soñada, según las fuentes que se consulte.
La más visible fue el cambio de actitud en materia piquetera, para evitar que los muchachos "se pasen de la raya", tales los nuevos límites que se acuñaron desde el Gobierno. En verdad, el giro que la sociedad reclamaba desde hace dos años y que se da dos meses antes de las elecciones emparentándolo con el pacto de desestabilización denunciado parece tener que ver esencialmente con la pobre performance electoral que se le intuye a Rafael Bielsa en la Capital Federal, a quien -por su parte- le cuesta alinear su discurso de intelectualidad progresista, con la explicación de los palos que pegó la Policía, el jueves, en la Rural.
Toda es una gran dicotomía para el Gobierno. ¿Cómo atacar cómodamente a Duhalde si varios ministros e intendentes hoy afines fueron sus compañeros de ruta y algunos casi sus manos derechas? ¿Cómo seducir a la clase media frenando los piquetes, con operativos policiales que a su vez -otra paradoja- cortan calles y generan caos de tránsito, sin malquistarse con la izquierda que les da sustento ideológico a muchos de estos grupos de pobres y desesperanzados?
¿Cómo sostener que Duhalde es la derecha que representan Luis Patti y Carlos Menem y que, a la vez, financia a estos piqueteros para desestabilizar? Aunque se quiera seguir las encuestas a pie juntillas, es imposible quedar bien con todo el mundo.
En este aspecto, el presidente Kirchner, que busca siempre diferenciarse de la "vieja" política, parece compartir la mayor contradicción de todas con buena parte de la llamada dirigencia argentina -Eduardo Duhalde en primera línea- todos personajes que en realidad no dirigen, ya que van a los tumbos detrás de lo que dicen las encuestas de opinión pública. Como a aquellos padres que prefieren ser amigos de sus hijos antes que padres, probablemente la sociedad también les facture ese desvío alguna vez, ya que los eligió para referenciarse y para que la guíen, aunque el experimento del "¡Síganme!" de Menem la haya escaldado.
El panorama político de estos días se enturbia aún más porque tampoco se han escuchado todavía desde ningún lado ni ideas renovadoras ni proyectos concretos, salvo el muy global de "seguir como hasta ahora y mejorar", expresado con cifras de gestión en la mano por la senadora Cristina Fernández en Rosario.
En la Casa Rosada, por ejemplo, los equipos de campaña ya le advierten al Presidente que la saturación podría darse rápidamente. El mismo Néstor Kirchner le habría prometido a esos colaboradores sólo un par de semanas de revulsión para verificar luego en las encuestas si el camino elegido ha dado resultado. Las huestes de Fernando Braga Menéndez -su publicista de cabecera- van y vienen con proyectos que se terminan en la estrategia que en soledad define la cabeza del Presidente.
Números insuficientes
Claro que desde el duhaldismo dicen que son "nervios", porque -según ellos- en el Gobierno "saben" que los números se les están dando vuelta en la provincia de Buenos Aires. Y sostienen con picardía que es así porque "una cosa son los intendentes que se pasaron para conseguir plata y otra son los concejales". El razonamiento, que implica además una advertencia con destinatarios ciertos, es que son estos y los punteros los que mueven a la gente y que aquellos deberán cuidarse de no exteriorizar demasiado su nueva afinidad política, porque los estatutos municipales permiten la remoción de los jefes comunales por parte de los Concejos Deliberantes.También desde el búnker de Duhalde, en el barrio de Congreso, se siguen las encuestas electorales con mucha avidez, incluidas algunas propias muy particulares con urnas, sobres y votos secretos que se pasean casa por casa en la provincia de Buenos Aires. Quienes vieron los números aseguran que, con este método, las diferencias con el oficialismo no son para nada abismales y que las dos damas del peronismo se quedarían con tres cuartas partes de los votos, lo que dejaría afuera del Senado a Ricardo López Murphy. Más allá de las interpretaciones interesadas sobre probables números de intención de voto, una fuente cercana al caudillo de Lomas de Zamora aseguró, con pedido de reserva de su apellido y refiriéndose a porcentajes, que "35 a 25, festejamos". Una hipótesis aceptable para el duhaldismo está en lograr en que el Frente para la Victoria no logre mayorías propias en el Congreso y que necesite "consensuar" todo con los bonaerenses, lo que en la Casa de Gobierno llaman con sorna "casilla de peaje".
Donde no se guardan nada los duhaldistas es a la hora de calificar el modo de gobernar del Presidente, a quien consideran ya sin tapujos demasiado autoritario y personalista, al tiempo que dicen que le mete miedo a opositores y a empresarios. Precisamente, este es el flanco que buscarán utilizar para jugar de "buenos" en la campaña y para no irritar más a la gente. Sus íntimos dicen que es Duhalde en persona quien no quiere sumarse a la escalada verbal para no saturar al electorado, y que le gustaría no hablar públicamente hasta después de octubre, pero habrá que ver si los candidatos de sus listas o sus referentes, su esposa Chiche incluida, siguen el mismo temperamento.
Por último y, en medio de la gran pelea, una miscelánea que ha pasado inadvertida es que, a nivel internacional, la continuidad de Eduardo Duhalde al frente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur, cargo que ejerce desde Montevideo, depende de Néstor Kirchner. Lo paradójico del asunto es que, si el Presidente le baja el pulgar en diciembre para que acceda a la única reelección que permiten los Estatutos, la Argentina habrá perdido el turno y será otro país el que deberá nombrar al nuevo presidente. (DyN)







