La sentencia de absolución que favoreció a los acusados por el crimen de la bailanta cayó como un balde de agua fría. No tanto en la sala del juicio oral (de donde los familiares de la víctima, Daniel Agüero, se retiraron sin protestar ni hacer declaraciones) como en la sociedad toda, porque quedó cuestionado el trabajo de la Policía, e inclusive, el de la misma Justicia.
Dada la gravedad del caso, uno de los jueces de la cámara que enjuició a los custodios de la bailanta José "PC" Rivas y Carlos Castaño decidió dar explicaciones sobre el fallo, a pesar de que los fundamentos se conocerán el 9 de setiembre. Dijo que en la pesquisa policial se detectaron firmas falsas, testimonios que fueron desmentidos por los propios testigos "y -añadió- situaciones extrañas, que (los policías) no supieron explicar ante este tribunal".
El caso tenía, además, el ingrediente extra de que los acusados, en el momento del crimen, eran empleados de Rubén Ale. De alguna manera, se repite la historia, porque hace 11 años los hermanos Ale y su padre fueron absueltos de la acusación de tenencia ilegal de armas de guerra en un fallo que causó mucha más conmoción que la del jueves. También en ese caso los jueces criticaron severamente la investigación. Esta similitud de sentencias se unió al hecho de que los dos absueltos fueron saludados efusivamente por su amigo "Flay" Roldán, barrabrava "santo" condenado hace un año por el crimen de un adolescente hincha de Atlético. También el juicio del hincha generó impacto social, porque dio la sensación de que la sentencia había sido muy benigna para los acusados.El papel que les cabe a los jueces en estos casos es muy duro, porque enfrentan la mirada de una sociedad que desconfía y cree que falla gravemente el concepto global de Justicia. ¿Quién actuó mal? El primer planteo apunta a la Policía. ¿Está capacitada para hacer investigaciones serias? Los fiscales, por lo bajo, dicen que en general las causas están plagadas de imperfecciones y de problemas. Dicen que si hubiera que trabajar como en la Justicia Federal, con la obligación mínima de buscar dos testigos y con muchas restricciones, se caería la mayoría de las pesquisas. Los agentes no tienen una capacitación adecuada; trabajan sobre la base de su experiencia y con métodos a menudo cuestionados. No llama la atención, por ejemplo, la resolución del juez Alfonso Zottoli que obliga a dos comisarios y a un subcomisario a pagar por haber permitido que un detenido en Villa Mariano Moreno fuera golpeado.
Es más, los policías están habituados a trabajar con la controvertida ley de Contravenciones Policiales, que permite que los agentes eludan el control de la Justicia en caso de detenciones.
Del mal trabajo policial se dice mucho, aunque para tener datos ciertos debería ser sometido a medición. Pero no hay estadísticas para saber si hay muchos casos. La tarea en las comisarías es precaria y los fiscales siguen teniendo mucho trabajo. Hay quienes dicen que ya es tiempo de debatir la creación de la Policía Judicial, o bien, de buscar auxilio dentro de la Justicia; por ejemplo, con ayudantes fiscales que trabajen en las comisarías, como órganos de revisión de la tarea policial.
Esta falta de control deriva en conclusiones negativas. Por un lado, facilita la posibilidad de que haya causas "armadas" por los mismos policías, para sacarles dinero a los sospechosos o para beneficiarlos por amistad, o por temor. Pero lo peor de todo es que, en casos como el del crimen de la bailanta, la comunidad queda insatisfecha, ya que se provoca una sensación de impunidad que no merecen ni el acusado absuelto ni la familia de la víctima. Mucho menos la Justicia, que es la última esperanza de la gente y que tiene que empezar de nuevo el proceso, con la seguridad de que ya no se podrá reparar el daño ni saber realmente la verdad sobre lo ocurrido. Ya es tiempo de debatir esto.
27 Agosto 2005 Seguir en 
Por Roberto Delgado







