BUENOS AIRES.- El ruidoso barullo electoralista que se acaba de poner en marcha ha tenido una particularidad: la ausencia del ministro de Economía. El pomposo "Consenso de Buenos Aires", en el que la senadora y candidata Cristina de Kirchner sentó a su lado al premio Nobel Joseph Stiglitz, notorio adversario del vilipendiado "Consenso de Washington", y a figuras notorias del oficialismo, así como la cita del segundo con el jefe del Gobierno nacional, fueron testimonios elocuentes de aquel ausentismo. Y es que Roberto Lavagna no desea acercarse a nada que se le parezca a un acto proselitista donde resuene la crisis del justicialismo. El ministro, se dijo, tuvo otras cosas de qué ocuparse, pero no se trató, por cierto, de cuestiones de despacho, sino y fundamentalmente, de exponer sus ideas en la Cámara de Exportadores. Ideas cuya difusión van definiendo un perfil que -como ya se señaló aquí- justifica la atención con que se lo observa como figura de reserva para un futuro muy difuso todavía. Pero lo más interesante en ese sentido fue su presencia de ayer en el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (Intal). Lavagna sostuvo allí que los problemas sociales no se pueden resolver, sino apenas paliar, por la vía del asistencialismo, "que junto al clientelismo político son caras de una misma realidad". Esas cuestiones esenciales, agregó el ministro, "se arreglan con educación, con trabajo digno, con esquemas económicos favorables a la búsqueda de la competitividad a través de un capitalismo social". Es decir, en suma, "con movilidad social ascendente".
Cuando se observa el empeño con que entre la clase política se alternan el agravio y la obsesión en confundir lo urgente con lo necesario, Lavagna toma el camino largo de quien no está acuciado por las urnas, o al menos por las que vienen en lo inmediato. Y lo hace con tal estilo que nadie, especialmente en el oficialismo, pueda sentirse afectado porque le caiga el sayo. Todo el mundo sabe que el ministro mira al pasado menemista y de otros signos con fuerte fastidio, pero no por ello lo usa como dialéctica, pues percibe que para la sociedad el tema más acuciante es lo que vendrá y no lo que pasó, que es sabido y sufrido de sobra. Los ejes en torno de los cuales debe construirse el futuro, dijo también en el Intal, para redondear sus conceptos, son: educación, ciencia y técnica; inversión y productividad; ahorro nacional, y distribución más igualitaria del ingreso. Y no se trata de una improvisación del ministro, pues ese esquema de pensamiento ya lo había expuesto, con muy ligeras variantes impuestas por su experiencia actual, en su ensayo de 1999, "Neoconservadurismo versus capitalismo competitivo". (De nuestra Sucursal)
25 Agosto 2005 Seguir en 
Por Angel Anaya







