25 Agosto 2005 Seguir en 
Adolf Hitler quiso saber si sus órdenes se habían cumplido. ¿Arde París?, preguntó en la mañana del 25 de agosto de 1944, pero la respuesta que recibió a través del teléfono desde la capital francesa fue el repique de las campanas y los acordes de la Marsellesa. La multitud celebraba alborozada la liberación de la ciudad, después de cuatro años de ocupación por parte de las tropas alemanas. El gobernador germano de París, general Dietrich von Choltitz, no había cumplido el mandato del Führer: volar los puentes sobre el Sena y bombardear los edificios y los palacios de la ciudad cuando el ingreso de las tropas aliadas fuera inminente.
No se sabe con certeza si la anécdota es absolutamente verídica; pero lo cierto es que Von Choltitz, convencido de que la resistencia era imposible, preservó la vida de sus soldados y trató de minimizar los daños en el escenario de los combates.
El militar fue uno de los firmantes del acta de rendición de las tropas alemanas, rubricada hace hoy exactamente 61 años, pero la liberación de París había empezado mucho antes. Los miembros de la Resistencia habían mantenido una heroica lucha desde la misma entrada de los alemanes a la "Ciudad Luz", en la que la Gestapo y las SS habían sembrado el terror. A partir del desembarco de las tropas aliadas en Normandía y de su avance por la Bretaña francesa, cobró fuerza la idea de provocar un alzamiento popular para precipitar la caída del gobierno de ocupación.
Dos semanas antes de la llegada de los soldados comenzaron las huelgas: los empleados de los ferrocarriles fueron los primeros; luego se sumaron los oficiales de la Policía y, finalmente, los empleados del Correo. El 18 de agosto los parisinos comenzaron a levantar barricadas en las calles y los choques armados con los alemanes estallaron en toda la ciudad. Von Choltitz había comenzado a negociar una tregua, pero sorpresivamente lanzó un ataque con todo el poderío de las fuerzas bajo sus órdenes.
El 22 de agosto, los aliados ya estaban a unos 200 kilómetros de París. La 2ª División Armada, al mando del general Philippe Leclerc, cruzó las líneas enemigas y avanzó velozmente hacia la ciudad. Con la autorización del general norteamericano Omar Bradley, Leclerc y sus 15.000 hombres lograron quebrar la resistencia de las tropas enemigas y entrar en la capital francesa el 24 de agosto. Al día siguente, en las inmediaciones de la estación Montparnasse, recibió la rendición de las fuerzas alemanas y firmó el acta junto al coronel Rol-Tanguy, mientras que Von Choltitz certificó la capitulación de las fuerzas de ocupación.
Poco después, el general Charles de Gaulle entró en la ciudad al frente de un desfile triunfal, enmarcado por la algarabía de los parisinos y, desde el Hotel de Ville, pronunció su famosa sentencia: "¡París ultrajada! ¡París quebrantada! ¡París martirizada! ¡Pero París liberada!".
No se sabe con certeza si la anécdota es absolutamente verídica; pero lo cierto es que Von Choltitz, convencido de que la resistencia era imposible, preservó la vida de sus soldados y trató de minimizar los daños en el escenario de los combates.
El militar fue uno de los firmantes del acta de rendición de las tropas alemanas, rubricada hace hoy exactamente 61 años, pero la liberación de París había empezado mucho antes. Los miembros de la Resistencia habían mantenido una heroica lucha desde la misma entrada de los alemanes a la "Ciudad Luz", en la que la Gestapo y las SS habían sembrado el terror. A partir del desembarco de las tropas aliadas en Normandía y de su avance por la Bretaña francesa, cobró fuerza la idea de provocar un alzamiento popular para precipitar la caída del gobierno de ocupación.
Dos semanas antes de la llegada de los soldados comenzaron las huelgas: los empleados de los ferrocarriles fueron los primeros; luego se sumaron los oficiales de la Policía y, finalmente, los empleados del Correo. El 18 de agosto los parisinos comenzaron a levantar barricadas en las calles y los choques armados con los alemanes estallaron en toda la ciudad. Von Choltitz había comenzado a negociar una tregua, pero sorpresivamente lanzó un ataque con todo el poderío de las fuerzas bajo sus órdenes.
El 22 de agosto, los aliados ya estaban a unos 200 kilómetros de París. La 2ª División Armada, al mando del general Philippe Leclerc, cruzó las líneas enemigas y avanzó velozmente hacia la ciudad. Con la autorización del general norteamericano Omar Bradley, Leclerc y sus 15.000 hombres lograron quebrar la resistencia de las tropas enemigas y entrar en la capital francesa el 24 de agosto. Al día siguente, en las inmediaciones de la estación Montparnasse, recibió la rendición de las fuerzas alemanas y firmó el acta junto al coronel Rol-Tanguy, mientras que Von Choltitz certificó la capitulación de las fuerzas de ocupación.
Poco después, el general Charles de Gaulle entró en la ciudad al frente de un desfile triunfal, enmarcado por la algarabía de los parisinos y, desde el Hotel de Ville, pronunció su famosa sentencia: "¡París ultrajada! ¡París quebrantada! ¡París martirizada! ¡Pero París liberada!".
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