La fotografía de limones tirados como deshechos que publicó el viernes pasado LA GACETA provocó una verdadera conmoción en los ámbitos empresarios de la provincia, del país e incluso en el extranjero, donde se sigue con atención todo lo que sucede en la citricultura de Tucumán. La imagen molestó a los dirigentes del sector, porque evidenciaba una realidad de esas que no se quieren dar a conocer. Sin embargo, actuó como un disparador para que se genere un debate dentro y fuera de la actividad, que puede derivar en alternativas de solución para el problema que podrían ser válidas.
Como aspecto positivo, vale señalar que absolutamente todos en la citricultura tucumana admiten que el sector está sobredimensionado. Incluso, lo dice el industrial Daniel Lucci, conductor de Citrusvil, una de las compañías citrícolas más importantes del país y que más expandió en los últimos años la superficie implantada con limoneros. También coincide con la extrema magnitud de la actividad el presidente de la Asociación Tucumana del Citrus (ATC), Carlos Parravicini, que opina, tajantemente, que sobran 300.000 toneladas de la fruta.
¿Cómo se explica que este sector, que demostró gran habilidad para insertarse con su producción -de la mejor calidad- en los principales mercados del mundo, se haya permitido crecer de manera desmedida? En principio, las expectativas de años atrás eran de una mayor colocación de limón en fresco en mercados altamente apetecibles, como el de Estados Unidos, el de Japón y el de China. Las buenas perspectivas se cumplieron en los dos primeros países, pero con resultados que fueron frustrantes, al menos hasta ahora. A Estados Unidos sólo se pudo exportar dos años seguidos -hasta que un juez de California frenó definitivamente el proceso-, mientras que en Japón no se logró aún vender grandes volúmenes de la fruta.
Si realmente sobran 300.000 toneladas de limones, es evidente que la recuperación de mercados perdidos y la obtención de nuevas plazas para colocar los cítricos debe transformarse en un objetivo de máxima no sólo en la actividad, sino también en el Estado provincial, que debe velar por la paz social y por resguardar los dineros que la citricultura le aporta a sus arcas y a la economía tucumana en general. Tal vez por eso desde el Gobierno tucumano también se esté impulsando la reapertura del mercado norteamericano al limón, para lo cual quieren interesar en la cuestión nada menos que al embajador argentino en Estados Unidos, José Octavio Bordón. Este funcionario visitaría la provincia entre el 8 y el 9 de este mes, según lo anunció el ministro de Desarrollo Productivo, José Manuel Paz.
Otras alternativas
Pero probablemente no alcance con nuevos mercados para canalizar las 300.000 toneladas de cítricos tucumanos que no son aceptados ni por los países compradores ni por la industria. Entonces, es posible que se deba atender a quienes sugieren que se propicie un achicamiento de la actividad. Este procedimiento -como bien lo admite Lucci- puede ser doloroso, especialmente para quienes tendrían que sacrificar sus posiciones en favor del resto. Otra alternativa es la que presenta el economista Víctor Elías, que siempre es partidario de que se debe dejar actuar al mercado para todos los ajustes que los sectores de la economía no pueden o no se animan a encarar.
Sea la que fuere la decisión que se adopte, el debate está iniciado y dependerá de los propios citricultores y del Gobierno el que la solución al exceso de producción de este año se transforme en un mal recuerdo a futuro, o que la situación se prolongue durante años, y promueva la sangría de una actividad que es considerada altamente exitosa en todo el mundo.







