BUENOS AIRES.- El número mágico es 129 y en él se están concentrando por estos días los estrategas de la Casa Rosada. Si bien los porcentajes a obtener en la elección de octubre resultan de mucha importancia para mostrar ante la opinión pública (se habla de 40% de piso en todo el país), cuando pase la polvareda de los comicios, en una elección legislativa lo que importan son las bancas.
Precisamente, 129 son los diputados que integran el bloque del PJ, un cuerpo que hoy transita la terapia intensiva, tras el pedido de licencia de su titular, José María Díaz Bancalari. Y si bien en el Senado también habrá renovación, en la Cámara Alta se cree que el número de los actuales 38 peronistas hasta podría incrementarse, lo que aseguraría su holgado manejo, sobre todo por la dependencia directa que tienen los senadores de sus propios gobernadores, la mayoría a su vez dependientes, por ineficiencia o por comodidad, de la chequera del Gobierno nacional. El problema entonces no será sólo superar esos 129 diputados actuales, para controlar así la mitad más uno de la Cámara, sino saber cuántos de los nuevos se encolumnarán finalmente tras Néstor Kirchner. Los analistas piensan que recién entonces se podrá saber a ciencia cierta si finalmente se rompió el justicialismo.
Eduardo Camaño, hasta ahora titular de la Cámara de Diputados, un notorio duhaldista calcinado durante la semana por el rayo presidencial, cree que el Presidente sólo podrá contar con 80 legisladores leales, mientras que Chiche Duhalde sigue diciendo en la parte más melosa de su estudiado discurso de campaña: "vamos a apoyar al Presidente, pero no en todo, porque queremos disentir con él cuando nos plazca".
Igualmente, aunque después algunos que lleguen por el duhaldismo salten el cerco en la primera de cambio y se ubiquen tras el Presidente siguiendo la más pura tradición justicialista de cuadrarse ante el jefe, si fuere acertado, el número que plantea la bravata de Camaño resulta bastante pobre para las necesidades legislativas que le aguardan a Kirchner, no sólo durante la segunda parte de su mandato, sino desde ahora hasta fin de año. El punto más crítico será conseguir una prórroga de la Emergencia Económica, desde dónde justificar las facultades extraordinarias para el Ejecutivo, que vencen a fin de año con el cierre del Presupuesto. La presentación del cálculo de gastos y recursos para 2006, su estudio y debate quizás se generen con esta composición legislativa, si la morosidad actual del Congreso se disipa, algo improbable. Pero es más que factible que no haya tiempo ni voluntad de aprobar el nuevo Presupuesto antes de fin de año, hasta que las nuevas barajas hayan sido repartidas.
Este tropiezo político-económico irá de la mano de la negociación con el Fondo Monetario, si finalmente se pone en marcha de modo efectivo hacia noviembre. Con apelaciones a la Patria, el Presidente manifestó desde la tribuna dos veces durante la semana su conocido propósito de "desendeudar" a la Argentina, para evitar la injerencia del FMI, situación también deseada por el organismo, a quien se le ha pagado desde setiembre del año pasado a la fecha U$S 2.400 millones, tal como consigna el Centro de Estudios Bonaerenses en su último Informe.
Cifras siderales
Para seguir achicando la deuda actual de U$S 11.600 millones, habría que desembolsar durante este año U$S 1.200 millones adicionales, durante el próximo casi U$S 2.000 millones y durante 2007 y 2008 otros U$S 8.000 millones, por los que hoy se paga una tasa de interés mucho más benigna que la que se consigue en los mercados para reponer esos fondos. Si finalmente se adopta esta postura de máxima, es más que probable que entre las leyes a necesitar del Congreso durante el año próximo haya que modificar la Carta Orgánica del Banco Central, en su artículo 20, para permitir una mayor masa de Adelantos Transitorios al Tesoro por parte de la autoridad monetaria.
Un alto funcionario de la línea del BCRA le dijo a DyN que los cambios "son un tema del Congreso, que habrán que acatar si se producen, aunque sabemos que puede resentir la credibilidad".
Con respecto a los números actuales, la fuente señaló: "hoy estamos casi en el máximo que permite la Ley y hay poco margen", una cifra cercana a los U$S 15.000 millones que tiene como techo el 12% de la Base Monetaria, más el 10% de la recaudación, cuando se trata de pagos a organismos internacionales.
No obstante, el funcionario estimó que para este año la probabilidad del uso de reservas es baja, porque el Tesoro tiene varias opciones, como son los fondos fiduciarios o los depósitos del sector público, sin contar con las colocaciones de nuevos títulos, en las que Economía se puso selectivo, tras la decisión de la semana de no tomar más fondos indexados por CER.
Una caja de resonancia
Los problemas de la construcción política ponen al Gobierno en una suerte de desfiladero que seguramente se seguirá estrechando desde ahora hasta las elecciones y aún más si se le suman algunos problemas de la economía del día a día. La suba de los precios es uno de ellos, una cuestión que pone a prueba los nervios de todos los funcionarios, tanto del ala política cuanto del Palacio de Hacienda, que trata de paliarse por ahora con acuerdos entre sectores, de dudosa efectividad en el tiempo.
La comida que protagonizó Roberto Lavagna con la Unión Industrial Argentina el martes pasado fue caja de resonancia de la cuestión, ya que desde allí se hicieron fuertes críticas a eventuales controles de precios, que el propio ministro salió a decir que no está en su ánimo imponer. Pero la interna con otras áreas del Gobierno que piensan diferente hizo que el ministro dejara trascender algún grado de molestia con la cúpula de la UIA, a quien objetó su "doble discurso" de un modo poco profesional, a través de la difusión pública, y por debajo de la mesa, de una carta que su titular, Héctor Méndez, le había hecho llegar para agradecerle su presencia en el almuerzo de la discordia.
Méndez cayó en la volteada de una suerte de tendencia persecutoria gubernamental que campea entre quienes temen que las debilidades objetivas que acosan al Presidente desde la política y desde la economía comiencen a minarle el terreno de la credibilidad. Está claro también que es él mismo quien se expone además a un desgaste excesivo al mostrarse día a día en campaña, pero ese punto de la saturación ya le ha sido advertido y Kirchner sigue adelante con su estrategia, redoblando la apuesta, aunque se tope con voces que, de a poco, se le van animando.
En esa línea crítica, con una dureza como nunca antes se había escuchado, se han pronunciado durante los últimos días desde el púlpito y en privado muchos jerarcas de la Iglesia. También algunos empresarios, por ahora sutilmente, salen a marcarle la cancha a Kirchner, situación de la que se despegó la UIA rápidamente, tras una cena con otras entidades, en la Rural, el miércoles.
Y fue en este foro donde, desde la tribuna más esperada del año por la gente de campo y con más libertad que en otros tiempos, se pusieron ayer los puntos sobre las íes sobre las grandes diferencias que existen entre quienes producen y quienes recaudan, diferencias apenas mitigadas desde la apelación a la solidaridad por el orador oficial.
Estos enfáticos pedidos sectoriales suenan más fuertes aún que una típica acción de lobbies, porque durante mucho tiempo los lenguaraces de los sectores se habían abstenido de opinar. Habrá de verse si se permite un disenso público tan fuerte, o si, para cortar de raíz la reacción, comienzan a escucharse voces oficiales (y otras oficiosas) que intenten desacreditar las críticas no desde el fondo de la cuestión, sino desde lateralidades tales como "resabio neoliberal" u "operación desestabilizadora", muy a tono con algunas paranoias que recorren por estos días el Gobierno. (DyN)







