Preocupante estilo electoral

El Gobierno nacional, hasta el momento, no ha puesto en marcha la tan anunciada reforma política.

29 Julio 2005
En el sitio de Internet del Ministerio del Interior perdura, desde hace largo tiempo, un espacio donde se invita a entidades y a ciudadanos a proponer proyectos para la reforma política, de acuerdo con el decreto 592 del 13 de agosto de 2003. Por la norma, se creó una Comisión de Análisis y Estudio "ad hoc" integrada por la cartera política, la subsecretaría correspondiente de la Jefatura del Gabinete, organizaciones privadas, legisladores y personalidades académicas. Salvo en algunas oportunidades, dicha comisión se mantuvo ociosa, si bien un año después se anunció que el Poder Ejecutivo Nacional remitiría al Congreso una propuesta con diversos proyectos reformadores, cosa que no ocurrió hasta el presente. En el mismo espacio informático se incluye un temario de reformas y se invita, a quienes estén dispuestos a contribuir, a enviar sus propuestas mediante correo electrónico, consignándose que se remitieron cerca de un centenar.
Seguramente, si el proyecto reformador anunciado entre las primeras decisiones del actual Gobierno, que extrañamente perdura en ese espacio informático oficial, se hubiera puesto en marcha, las próximas elecciones legislativas se realizarían con un nuevo marco normativo, poniendo fin a la decepcionante saga de promesas frustradas por todos los gobiernos desde la restauración constitucional.
Pero en esta oportunidad, la perduración del anacrónico régimen electivo y partidocrático está planteando un proceso electoral sin precedentes, como consecuencia de una grave ruptura de relaciones de la sociedad con las organizaciones partidarias, cauces constitucionales obligatorios para la representación ciudadana. Salvo muy raras excepciones, los partidos están procurando eludir las elecciones internas abiertas o primarias, y los mayores, el PJ y la UCR, conforman complejos aparatos políticos antes que comunidades de afiliados, hasta el punto -como ocurre con el oficialismo nacional- de apelar a formas verticalistas propias de regímenes autoritarios. Esos estilos contradicen el sólido espíritu democrático que se fue afirmando en la sociedad a partir de la larga crisis institucional. Consecuentemente, la lucha electoral de las dirigencias debe hacerse en espacios acotados y protegidos mediante costosas organizaciones movilizadoras de audiencias cautivas y el empleo de punteros y otros recursos. Se trata de complejas empresas con fondos que nadie controla y participación de altos funcionarios, cuyas cuentas se desconocen. "Sería inhumano traer gente y no proveerle transporte", declaró días atrás el intendente de Florencio Varela, a propósito de un acto cerrado donde hubo, inclusive, control por listas de asistentes subsidiados por desempleo o pobreza. Pero ese sistema no es la única novedad aportada por el partido más numeroso del país. Más inquietante aún es el estilo agresivo del debate político que está poniendo fin al diálogo como herramienta esencial del sistema democrático. La violencia verbal, inclusive personalizada, representa un modelo de competencia donde la razón ha hecho crisis hasta el punto de impedir el diálogo esclarecedor. Insultos y denuncias, inclusive entre integrantes del mismo partido y desde los más elevados sitiales de la República, configuran los mensajes cotidianos que la ciudadanía recibe azorada, en lugar de las propuestas que ayuden a solventar el universo de problemas que la acosa. Ese estilo degradante de la convivencia política no puede anticipar sino incertidumbre, antes que confianza en la recuperación de los valores republicanos, pues ha de ser muy difícil que esto se logre confundiendo la rivalidad propia de las ideas con la intolerancia agraviante del pensamiento excluyente.

Tamaño texto
Comentarios