Contrapuestos

Diferencias de organización en el limón y en el azúcar.

25 Julio 2005
Por Fernando García Soto

Contrariamente a lo que se podría esperar, el sector azucarero le acaba de dar una lección de organización a la citricultura, que por estos días transita su momento más difícil. Mientras los referentes de los ingenios y del campo aceitaron sus vínculos la semana pasada para mantener rentable el precio interno del azúcar, en la actividad del limón se destruye inexorablemente la economía de los que producen fruta para la industria o para el mercado nacional, sin que nadie en esta actividad haga algo para revertir la situación.
Pocos se atreven en el mundo a cuestionar la calidad del limón tucumano, que goza de este prestigio por años de trabajo intenso y a conciencia de empresarios con gran visión de futuro. Pero históricamente la citricultura mostró un déficit en el plano de la comercialización de la fruta fresca y sus derivados en los mercados externos. Hoy, debido a un sobrestock de aceites esenciales, cáscara deshidratada y jugo de limón en las citrícolas, cientos de productores que sólo venden para la industria o para el mercado interno sufren quebrantos por los bajos precios a que cotiza su fruta. Los precios que reciben oscilan entre $ 60 y $ 70 la tonelada, mientras que los gastos para cosechar ese volumen rondan los $ 90. El problema es que del 1,3 millón de toneladas de limones previstos para cosecharse este año, sólo 350.000 se exportarían -a precios favorables-, mientras que las 950.000 toneladas restantes tienen como destino a la industria y al mercado interno, a pérdida.
Casi todos los años se desploman los precios del limón en los principales mercados del planeta justamente porque la fruta de Tucumán se exporta sin un ordenamiento que permita abastecer sólo la demanda del producto. En los meses pico de la campaña -julio y agosto- los envíos de limones son incontenibles, al punto tal que en los últimos días trascendió que Rusia no permitía que desembarque un cargamento proveniente de nuestra provincia, porque el mercado de ese país habría estado demasiado sobreofertado por la fruta. Por ahora, la provisión a la Unión Europea es razonable, pero porque los controles del Senasa son sumamente estrictos y rigurosos, e impiden que se exporten limones con el más mínimo indicio de enfermedades cuarentenarias.
Distinta situación se vive en el sector azucarero, pese a que subsiste el conflicto salarial entre los cañeros de Cactu y de UCIT con los obreros de Fotia. El encuentro que propició en la última semana el Centro Azucarero Argentino (CAA) con los agricultores tucumanos en nuestra provincia sirvió para que se consolide la estrategia exportadora en la actividad, de manera que la oferta en el mercado interno no supere a la demanda. Así, se busca que los precios del azúcar en el mercado interno sigan siendo rentables. Este propósito está mostrando sus primeros frutos, puesto que la cotización del producto en puerta de ingenio ronda el importe de $ 0,72 por kilo, un valor razonable, según los factores del sector.
La decisión de evitar que se desplomen los precios del azúcar demuestra madurez por parte de quienes integran la actividad. Los industriales se dieron cuenta de que es necesario contar con la buena voluntad de los cañeros -sus socios- para llevar a cabo políticas que a menudo exigen sacrificios, como es la de vender el producto en mercados donde las cotizaciones no son las más rentables posibles. Saben que de ahora en más siempre puede producirse mucho más azúcar de lo que se consume en la Argentina, lo que los llevó a delinear una estrategia de exportación a mediano y largo plazo.
Lo ideal, a futuro, sería que las convicciones exportadoras que manifiestan los azucareros se sostengan en el tiempo, y que los citricultores se den cuenta de que el beneficio circunstancial de sólo unos pocos atenta contra el éxito de la actividad.

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