Tren a las nubes y seguridad

La protección y resguardo de los pasajeros no se tiene en cuenta.

25 Julio 2005
El denominado Tren a las nubes, de Salta, constituye una de las grandes atracciones del Noroeste Argentino. Como se sabe, se trata de un convoy turístico que, desde la ciudad capital, recorre más de 200 kilómetros, durante los cuales rebasa los 4.000 metros de altura en varios puntos del trayecto. De allí su nombre, ya que parece internarse literalmente dentro de las formaciones nubosas del departamento Los Andes. Al espectáculo natural se suma el de una obra de ingeniería ferroviaria de características únicas en el continente.
Hace pocos días, los pasajeros de ese tren debieron soportar un percance. Fallas mecánicas determinaron que el viaje se detuviera a los 4.000 metros de altura. La temperatura rondaba los 10 grados bajo cero, y no se contaba con calefacción, ni siquiera con suficientes frazadas. Tampoco existían medicamentos suficientes para atender a quienes se descompusieron.
El rescate se produjo cuatro horas más tarde, y los pasajeros recién pudieron estar de vuelta, en la capital de Salta, unas catorce horas después del susto.
Si bien no se produjeron víctimas, el caso es suficientemente ilustrativo como testimonio de las inaceptables condiciones que rodean ese servicio. No es la primera vez que se ve afectado por problemas técnicos. El año pasado tuvieron que suspenderse varias veces los viajes; hace un par de meses la locomotora debió ser reparada, y poco antes del suceso que nos ocupa, ya se registró el recalentamiento en un motor.
Los referidos antecedentes debieron haber movido a la concesionaria a tener aprestada una planificación para superar eficazmente cualquier sorpresa de este tipo, y poder rescatar de inmediato a los viajeros. Pero sucedió que ese plan no existía y, como decimos, tampoco estaban previstos los recaudos mínimos para protegerse de las consecuencias de temperaturas tan bajas como las que se soportan en la época invernal. Así fue que esta formidable atracción, que Salta exhibe como una de sus más tentadoras experiencias para el forastero, se transformó en algo muy peligroso, que pudo haber tenido derivaciones trágicas.
A comienzos de este año, la terrible experiencia acaecida en el boliche Cromagnon, de Buenos Aires, puso en un sitio central, dentro de las preocupaciones del Estado y de la comunidad, el imperativo de cuidar estrechamente la vida de las personas que se congregan en algún lugar. Quedó claro que, si bien las tragedias son -felizmente- excepcionales, hay momentos en que ocurren. Y cuando así sucede, queda a la vista la cantidad de recaudos que debieron adoptarse y que no se adoptaron.Como se recordará, después del incendio de Cromagnon, se expresó con fuerza una manifiesta disposición del Estado, para hacer cumplir a rajatabla las normas de seguridad existentes para lugares cerrados. Así, muchos de sus propietarios debieron modificar apresuradamente sus locales, para obtener el respectivo permiso de funcionamiento.
Como vemos, el "efecto Cromagnon" no había llegado hasta el Tren a las nubes. Es algo que no puede de manera alguna admitirse, en nombre de valores que la sociedad y el Estado deben tener siempre entre sus prioridades.
Ahora, la concesión del convoy turístico habría sido revocada. Es de esperar que, cuando se la adjudique de nuevo, se tenga muy en cuenta no sólo la dotación técnica adecuada, sino también la estipulación de prevenciones que garanticen la veloz y segura evacuación de los pasajeros frente a cualquier contingencia. Y además, por cierto, que se controle rigurosamente su cumplimiento en todo momento.

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