10 Julio 2005 Seguir en 
La historia podría servir para un guión de una película de Hollywood. La Policía detuvo a un joven de 27 años que se encontraba prófugo, acusado de haber defraudado en un millón de dólares a un banco de capitales nacionales que opera en la provincia.
Una comisión de la Brigada de Investigaciones, supervisada por el comisario Alfredo Jiménez, confirmó a través de un parte oficial, que logró detener en la vía pública a Martín Majorel, que era buscado por la Justicia desde octubre del año pasado después de que el Banco de Galicia inició en 2002 una causa en su contra.
El caso, que sería una de las defraudaciones más importantes en nuestra provincia, se remontaría a 1999, fecha en la que el sospechoso comenzó a trabajar en la entidad crediticia como encargado de reponer dinero y registrar en el sistema informático todos los movimientos que se producían en los cajeros automáticos.
Según las investigaciones que figuran en la causa, Majorel habría inventado un sistema de software paralelo al del banco. Las teorías que manejan los pesquisas indican que el joven, que por esos tiempos tenía poco más de 21 años, modificaba los movimientos de los clientes. Por ejemplo, si había una persona que extraía $ 5.000, se registraba como si se tratara de $ 50.000 y él se quedaba con la diferencia.
El final
Ante los permanentes problemas que se registraban, la entidad crediticia decidió comenzar a investigar los casos que denunciaron sus clientes. Sin embargo no descubrieron nada, a pesar de que se realizaron dos auditorías contables sorpresivas para detectar las irregularidades y a sus responsables.
Como continuaban registrándose casos de este tipo, las autoridades del banco decidieron contratar un servicio de investigación especializado en estos delitos, con lo que la historia comenzó a acercarse a su punto final. Al poco tiempo de haber iniciado las investigaciones, los especialistas comenzaron a fijarse en la vida privada de Majorel.
Descubrieron que, en muy poco tiempo, habría adquirido propiedades y vehículos y habría realizado importantes remodelaciones en inmuebles de su propiedad, costosos viajes y lujosas fiestas, por lo que se transformó en el principal sospechoso.
Cuando el acusado estaba entre la espada y la pared, no sólo habría confesado -mediante dos cartas documento- ante las autoridades del banco ser el autor de la maniobra, sino que devolvió $ 117.000 y otros bienes -habrían sido dos vehículos- a la entidad. Sin embargo, los cálculos del personal del Galicia estimaron que el desfalco habría llegado al $ 1 millón, como mínimo -cuando estaba en vigencia la Ley de Convertibilidad-.
La búsqueda
La causa por defraudación siguió su curso, hasta que en octubre pasado, la Justicia ordenó su detención. La Policía, a partir de ese momento, comenzó a buscarlo en la casa de sus padres en Yerba Buena y en los centros nocturnos de esa y de esta ciudad a los que se sospechaba que concurría, pero sin éxito.
Hasta que en los últimos días, los uniformados recibieron el dato de que el prófugo vivía en el barrio Congreso. Hicieron un seguimiento y lograron detenerlo.
Una comisión de la Brigada de Investigaciones, supervisada por el comisario Alfredo Jiménez, confirmó a través de un parte oficial, que logró detener en la vía pública a Martín Majorel, que era buscado por la Justicia desde octubre del año pasado después de que el Banco de Galicia inició en 2002 una causa en su contra.
El caso, que sería una de las defraudaciones más importantes en nuestra provincia, se remontaría a 1999, fecha en la que el sospechoso comenzó a trabajar en la entidad crediticia como encargado de reponer dinero y registrar en el sistema informático todos los movimientos que se producían en los cajeros automáticos.
Según las investigaciones que figuran en la causa, Majorel habría inventado un sistema de software paralelo al del banco. Las teorías que manejan los pesquisas indican que el joven, que por esos tiempos tenía poco más de 21 años, modificaba los movimientos de los clientes. Por ejemplo, si había una persona que extraía $ 5.000, se registraba como si se tratara de $ 50.000 y él se quedaba con la diferencia.
El final
Ante los permanentes problemas que se registraban, la entidad crediticia decidió comenzar a investigar los casos que denunciaron sus clientes. Sin embargo no descubrieron nada, a pesar de que se realizaron dos auditorías contables sorpresivas para detectar las irregularidades y a sus responsables.
Como continuaban registrándose casos de este tipo, las autoridades del banco decidieron contratar un servicio de investigación especializado en estos delitos, con lo que la historia comenzó a acercarse a su punto final. Al poco tiempo de haber iniciado las investigaciones, los especialistas comenzaron a fijarse en la vida privada de Majorel.
Descubrieron que, en muy poco tiempo, habría adquirido propiedades y vehículos y habría realizado importantes remodelaciones en inmuebles de su propiedad, costosos viajes y lujosas fiestas, por lo que se transformó en el principal sospechoso.
Cuando el acusado estaba entre la espada y la pared, no sólo habría confesado -mediante dos cartas documento- ante las autoridades del banco ser el autor de la maniobra, sino que devolvió $ 117.000 y otros bienes -habrían sido dos vehículos- a la entidad. Sin embargo, los cálculos del personal del Galicia estimaron que el desfalco habría llegado al $ 1 millón, como mínimo -cuando estaba en vigencia la Ley de Convertibilidad-.
La búsqueda
La causa por defraudación siguió su curso, hasta que en octubre pasado, la Justicia ordenó su detención. La Policía, a partir de ese momento, comenzó a buscarlo en la casa de sus padres en Yerba Buena y en los centros nocturnos de esa y de esta ciudad a los que se sospechaba que concurría, pero sin éxito.
Hasta que en los últimos días, los uniformados recibieron el dato de que el prófugo vivía en el barrio Congreso. Hicieron un seguimiento y lograron detenerlo.







