10 Julio 2005 Seguir en 
Fueron apenas 16 meses de calma relativa para Europa y, por extensión, para EEUU. El jueves, en Londres, el terrorismo volvió a asestar un sangriento y espectacular golpe con ataques simultáneos y coordinados en blancos escogidos. El momento elegido coincidió con el comienzo de la cumbre del G-8 en el Reino Unido, pero, principalmente, fue el día siguiente a la designación de Londres, por parte del Comité Olímpico Internacional, como sede de los Juegos 2012.
Lo que se inició en EEUU el 11 de setiembre de 2001 (con las Torres Gemelas) hoy, cuatro años después, aparece a los ojos del mundo como una trágica y, por momentos, incontrolable acción de los terroristas de Al Qaeda contra la "arrogancia" occidental.
En la lógica de Al Qaeda, como dice Gilles Kepel, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de París, es vital demostrar que el enemigo no es más que un coloso con los pies de barro y que es es posible hacerlo vacilar.
El analista observa que el Reino Unido creía estar preparado contra la violencia, por su nivel de sus operativos de seguridad y por el "multiculturalismo" que ofrece al mundo, con diversas poblaciones que se yuxtaponen y conviven en su territorio. "Los atentados son una forma de intervenir en un combate que rebasa el enfrentamiento entre los islamistas radicales y Occidente, de buscar alianzas con todos los que rechazan el G-8 y el triunfo del capitalismo. Si los alternativos celebran conciertos, los jihadistas pasan a la acción e intentan presentarse como la única fuerza capaz de enfrentarse al orden mundial mediante la violencia, a la manera de los anarquistas de hace un siglo", reflexiona Kepel en el diario El País.
En este sentido, advierte sobre el peligro que encierra, para las sociedades occidentales indefensas, la fuerza de un pequeño núcleo de fanáticos, cuyo principal objetivo ideológico consiste en la resistencia por la fuerza ante la hegemonía de EEUU y de sus aliados.
Con todo, el experto considera que la lucha contra el terrorismo es un desafío de largo alcance, que exige a los Estados, y al mismo tiempo a todas las sociedades, que cumplan con sus responsabilidad y se unan en torno de un núcleo de valores firmes en defensa de la democracia y de las libertades.
En una línea coincidente con Kepel, la directora de Open Democracy, Isabel Hilton (en El País) dice que si bien cada ataque terrorista es un asalto a la confianza y a la tolerancia de una ciudad como Londres, sería ingenuo suponer que ciudades como la capital británica no corren ningún riesgo.
"Ahora es el momento de reafirmar esos valores; de resistirse a culpar a cualquier otra comunidad o fe por las acciones de los criminales; de defender las tradiciones de justicia, disensión y solidaridad, ese amplio terreno del que se vale el ciudadano democrático", sostiene Hilton.
Tres años después de que en Bruselas, durante una reunión de Europol (asociación que agrupa a la policía de la Unión Europea), los jefes policiales redactaron un informe confidencial que hoy surge cada vez con más rigor, y que comenzaba así: "La principal pregunta no es si habrá otro ataque (terrorista), sino quién lo hará, cuándo, cómo y contra qué objetivo". Mientras las grandes ciudades del mundo muestran su vulnerabilidad y activan la alerta máxima, Al Qaeda y sus satélites parecen reafirmar que están cumpliendo uno de los objetivos y obsesiones de Bin Laden: internacionalizar la Guerra Santa, o sea, llevarla a otros continentes, especialmente al enemigo central, EEUU, y a la confortable y acomodada Europa.
PUNTO DE VISTA
Acciones que parecen "castigo" y "advertencia"
Por Patricia Kreibohm, experta en conflictos internacionales- docente de la UNSTA
Los atentados en Londres no son un hecho aislado; forman parte de una estrategia mucho más amplia, cuyos objetivos primordiales fueron diseñados para desmoralizar las capacidades de la hegemonía occidental y, en especial, debilitar la alianza en la ocupación iraquí. En este sentido, el ataque puede ser interpretado como un "castigo" y como una "advertencia" para los estados que integran la coalición liderada por EEUU. La reunión del G-8 fue un factor importante, pero accesorio.
Durante mucho tiempo, los especialistas debatieron sobre el tema de la eficacia del terrorismo. En opinión de la mayoría, esta estrategia no es útil pues -de acuerdo con la experiencia histórica- casi siempre fracasó en la obtención de sus objetivos o fue inadecuada para asegurar la permanencia de sus organizaciones. Sin embargo, esta perspectiva está cambiando. La nueva campaña, que se inició el 11-S, está demostrando que el terrorismo es un instrumento altamente eficaz para sus autores; tan eficaz que van a seguir empleándolo durante mucho tiempo más. En efecto, los últimos atentados generaron un gran impacto material, psíquico y simbólico sobre los agredidos; incrementaron el número de las víctimas y provocaron un cúmulo de consecuencias profundamente significativas. Una de las más importantes es -probablemente- la constatación de la vulnerabilidad y la impotencia del sistema agredido para prevenir o evitar el ataque; constatación que se complementa con la evidente capacidad de sus autores para causar daños importantes. En el caso de Londres, el golpe material y moral fue muy contundente y se proyectó al resto de Europa.
En cuanto a la vulnerabilidad, quedó demostrado que la operatividad del grupo agresor supera todas las previsiones y que el desencadenamiento de la violencia es casi inevitable. Lamentablemente, el análisis de estos elementos sugiere -para el corto y el mediano plazo- que la estrategia terrorista seguirá siendo empleada durante bastante tiempo. La seguirán empleando porque es eficaz y funcional a sus objetivos; porque tiene bajo costo económico y altísimo rédito político; porque sus "éxitos" están incrementando su prestigio en ciertas regiones del mundo, lo cual redunda en el aumento de sus apoyos y de sus fuentes de financiamiento. Lograron lo que buscaban: herir gravemente a sus enemigos y potenciar los errores de su reacción. Así, la estrategia bélica de EEUU sólo sirvió para profundizar la escalada, para incrementar el número de ataques y las justificaciones esgrimidas por los terroristas y para exacerbar aún más el odio, el resentimiento y la violencia. (Exclusivo para LA GACETA)
ENTREVISTA A CARLOS ESCUDE
Europa es hoy una bomba de tiempo
"Los terroristas tienen muy claro, fríamente premeditado, qué tipo de persuasión los moviliza, cómo se financian, cómo se organizan, cuál es la red de escuela religiosas donde se fanatizan. Por todo, será muy difícil combatirlos". Así de contundentes fueron las declaraciones de Carlos Escudé, doctor en Ciencia Política de la Universidad de Yale y sociólogo por la Universidad Católica Argentina, a LA GACETA.
- Cuando se lucha contra el terrorismo, ¿quién es el enemigo de los países occidentales?
- El enemigo terrorista no es un fantasma, tiene nombre y apellido: es el segmento terrorista del fundamentalismo islámico. No es todo el Islam, sino una pequeña minoría que es fundamentalista, sector que tampoco en su totalidad está dedicado al terrorismo. Es un sub-subsegmento. Esto es Al Qaeda, que no es la única organización terrorista del fundamentalismo islámico. Tiene una amplia base de financiación porque en Arabia Saudita gran parte de la población es wahabita (fundamentalista). Muchos magnates de la industria petrolera simpatizan con esta causa y la financian. También se financian desde Arabia Saudita con petrodólares las madrazas europeas (escuelas de religión) que son, en su mayoría, fundamentalistas. Todo esto produce varias paradojas. Por ejemplo, los turcos de Alemania son mucho más extremistas que los turcos de Turquía, porque estos se educan según el sistema de su país, mientras que los turcos de Alemania se educan en madrazas wahabitas.
- ¿Puede decirse entonces que resulta casi incontrolable el terrorismo en Europa?
- Europa es una bomba de tiempo, porque en su territorio hay millones de musulmanes que ya tienen pasaporte europeo de los países donde viven y pueden transitar libremente. Gran parte de estos ciudadanos europeos fue educada en madrazas; son fundamentalistas. Y entre ellos se esconde una pequeña minoría de terroristas.
- ¿Es muy difícil identificarlos?
- Se esconden con absoluta facilidad porque es gente que no se identifica ante sus pares musulmanes. Son células durmientes que están esperando que se les dé una orden de ataque. Esto constituye un problema terrible, casi insoluble para los europeos. Hoy puede suceder lo que sucedió en Londres en cualquier ciudad europea y en cualquier momento, porque los planes ya están trazados. Lo de Londres no habría sucedido el jueves si el miércoles no la hubieran designado ciudad olímpica. Se hubiera esperado otro momento que también generase réditos políticos.En Madrid, en marzo de 2004, también se esperó una ocasión oportuna para convencer a España de que debía abandonar la coalición militar anglonorteamericana en Irak.
Lo que se inició en EEUU el 11 de setiembre de 2001 (con las Torres Gemelas) hoy, cuatro años después, aparece a los ojos del mundo como una trágica y, por momentos, incontrolable acción de los terroristas de Al Qaeda contra la "arrogancia" occidental.
En la lógica de Al Qaeda, como dice Gilles Kepel, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de París, es vital demostrar que el enemigo no es más que un coloso con los pies de barro y que es es posible hacerlo vacilar.
El analista observa que el Reino Unido creía estar preparado contra la violencia, por su nivel de sus operativos de seguridad y por el "multiculturalismo" que ofrece al mundo, con diversas poblaciones que se yuxtaponen y conviven en su territorio. "Los atentados son una forma de intervenir en un combate que rebasa el enfrentamiento entre los islamistas radicales y Occidente, de buscar alianzas con todos los que rechazan el G-8 y el triunfo del capitalismo. Si los alternativos celebran conciertos, los jihadistas pasan a la acción e intentan presentarse como la única fuerza capaz de enfrentarse al orden mundial mediante la violencia, a la manera de los anarquistas de hace un siglo", reflexiona Kepel en el diario El País.
En este sentido, advierte sobre el peligro que encierra, para las sociedades occidentales indefensas, la fuerza de un pequeño núcleo de fanáticos, cuyo principal objetivo ideológico consiste en la resistencia por la fuerza ante la hegemonía de EEUU y de sus aliados.
Con todo, el experto considera que la lucha contra el terrorismo es un desafío de largo alcance, que exige a los Estados, y al mismo tiempo a todas las sociedades, que cumplan con sus responsabilidad y se unan en torno de un núcleo de valores firmes en defensa de la democracia y de las libertades.
En una línea coincidente con Kepel, la directora de Open Democracy, Isabel Hilton (en El País) dice que si bien cada ataque terrorista es un asalto a la confianza y a la tolerancia de una ciudad como Londres, sería ingenuo suponer que ciudades como la capital británica no corren ningún riesgo.
"Ahora es el momento de reafirmar esos valores; de resistirse a culpar a cualquier otra comunidad o fe por las acciones de los criminales; de defender las tradiciones de justicia, disensión y solidaridad, ese amplio terreno del que se vale el ciudadano democrático", sostiene Hilton.
Tres años después de que en Bruselas, durante una reunión de Europol (asociación que agrupa a la policía de la Unión Europea), los jefes policiales redactaron un informe confidencial que hoy surge cada vez con más rigor, y que comenzaba así: "La principal pregunta no es si habrá otro ataque (terrorista), sino quién lo hará, cuándo, cómo y contra qué objetivo". Mientras las grandes ciudades del mundo muestran su vulnerabilidad y activan la alerta máxima, Al Qaeda y sus satélites parecen reafirmar que están cumpliendo uno de los objetivos y obsesiones de Bin Laden: internacionalizar la Guerra Santa, o sea, llevarla a otros continentes, especialmente al enemigo central, EEUU, y a la confortable y acomodada Europa.
PUNTO DE VISTA
Acciones que parecen "castigo" y "advertencia"
Por Patricia Kreibohm, experta en conflictos internacionales- docente de la UNSTA
Los atentados en Londres no son un hecho aislado; forman parte de una estrategia mucho más amplia, cuyos objetivos primordiales fueron diseñados para desmoralizar las capacidades de la hegemonía occidental y, en especial, debilitar la alianza en la ocupación iraquí. En este sentido, el ataque puede ser interpretado como un "castigo" y como una "advertencia" para los estados que integran la coalición liderada por EEUU. La reunión del G-8 fue un factor importante, pero accesorio.
Durante mucho tiempo, los especialistas debatieron sobre el tema de la eficacia del terrorismo. En opinión de la mayoría, esta estrategia no es útil pues -de acuerdo con la experiencia histórica- casi siempre fracasó en la obtención de sus objetivos o fue inadecuada para asegurar la permanencia de sus organizaciones. Sin embargo, esta perspectiva está cambiando. La nueva campaña, que se inició el 11-S, está demostrando que el terrorismo es un instrumento altamente eficaz para sus autores; tan eficaz que van a seguir empleándolo durante mucho tiempo más. En efecto, los últimos atentados generaron un gran impacto material, psíquico y simbólico sobre los agredidos; incrementaron el número de las víctimas y provocaron un cúmulo de consecuencias profundamente significativas. Una de las más importantes es -probablemente- la constatación de la vulnerabilidad y la impotencia del sistema agredido para prevenir o evitar el ataque; constatación que se complementa con la evidente capacidad de sus autores para causar daños importantes. En el caso de Londres, el golpe material y moral fue muy contundente y se proyectó al resto de Europa.
En cuanto a la vulnerabilidad, quedó demostrado que la operatividad del grupo agresor supera todas las previsiones y que el desencadenamiento de la violencia es casi inevitable. Lamentablemente, el análisis de estos elementos sugiere -para el corto y el mediano plazo- que la estrategia terrorista seguirá siendo empleada durante bastante tiempo. La seguirán empleando porque es eficaz y funcional a sus objetivos; porque tiene bajo costo económico y altísimo rédito político; porque sus "éxitos" están incrementando su prestigio en ciertas regiones del mundo, lo cual redunda en el aumento de sus apoyos y de sus fuentes de financiamiento. Lograron lo que buscaban: herir gravemente a sus enemigos y potenciar los errores de su reacción. Así, la estrategia bélica de EEUU sólo sirvió para profundizar la escalada, para incrementar el número de ataques y las justificaciones esgrimidas por los terroristas y para exacerbar aún más el odio, el resentimiento y la violencia. (Exclusivo para LA GACETA)
ENTREVISTA A CARLOS ESCUDE
Europa es hoy una bomba de tiempo
"Los terroristas tienen muy claro, fríamente premeditado, qué tipo de persuasión los moviliza, cómo se financian, cómo se organizan, cuál es la red de escuela religiosas donde se fanatizan. Por todo, será muy difícil combatirlos". Así de contundentes fueron las declaraciones de Carlos Escudé, doctor en Ciencia Política de la Universidad de Yale y sociólogo por la Universidad Católica Argentina, a LA GACETA.
- Cuando se lucha contra el terrorismo, ¿quién es el enemigo de los países occidentales?
- El enemigo terrorista no es un fantasma, tiene nombre y apellido: es el segmento terrorista del fundamentalismo islámico. No es todo el Islam, sino una pequeña minoría que es fundamentalista, sector que tampoco en su totalidad está dedicado al terrorismo. Es un sub-subsegmento. Esto es Al Qaeda, que no es la única organización terrorista del fundamentalismo islámico. Tiene una amplia base de financiación porque en Arabia Saudita gran parte de la población es wahabita (fundamentalista). Muchos magnates de la industria petrolera simpatizan con esta causa y la financian. También se financian desde Arabia Saudita con petrodólares las madrazas europeas (escuelas de religión) que son, en su mayoría, fundamentalistas. Todo esto produce varias paradojas. Por ejemplo, los turcos de Alemania son mucho más extremistas que los turcos de Turquía, porque estos se educan según el sistema de su país, mientras que los turcos de Alemania se educan en madrazas wahabitas.
- ¿Puede decirse entonces que resulta casi incontrolable el terrorismo en Europa?
- Europa es una bomba de tiempo, porque en su territorio hay millones de musulmanes que ya tienen pasaporte europeo de los países donde viven y pueden transitar libremente. Gran parte de estos ciudadanos europeos fue educada en madrazas; son fundamentalistas. Y entre ellos se esconde una pequeña minoría de terroristas.
- ¿Es muy difícil identificarlos?
- Se esconden con absoluta facilidad porque es gente que no se identifica ante sus pares musulmanes. Son células durmientes que están esperando que se les dé una orden de ataque. Esto constituye un problema terrible, casi insoluble para los europeos. Hoy puede suceder lo que sucedió en Londres en cualquier ciudad europea y en cualquier momento, porque los planes ya están trazados. Lo de Londres no habría sucedido el jueves si el miércoles no la hubieran designado ciudad olímpica. Se hubiera esperado otro momento que también generase réditos políticos.En Madrid, en marzo de 2004, también se esperó una ocasión oportuna para convencer a España de que debía abandonar la coalición militar anglonorteamericana en Irak.







