Monopolio del poder sindical

La situación dentro del movimiento obrero se tensa a niveles peligrosos.

10 Julio 2005
El dirigente del gremio de camioneros Hugo Moyano ha sido elegido secretario general único de la CGT, que desde hace un año estuvo a cargo de una conducción tripartita por decisión del congreso sindical. Su nombramiento fue dispuesto por el consejo directivo, pero ocho de sus integrantes -denominados "los gordos" por tratarse de los gremios más numerosos- no participaron de la reunión, objetando el nivel de la disposición que, señalan, correspondería al congreso de la central obrera. La determinación del consejo se produjo aun así por mayoría, pero agudizó una polémica en la Confederación General del Trabajo que la coloca en virtual división, pues los dirigentes opuestos al nuevo secretario general califican el hecho como golpe institucional y analizan su planteamiento ante la Justicia.
La situación se halla en camino de reproducir otro de los episodios que en el pasado provocaron la existencia de dos centrales sin que ninguna de ellas haya dejado de ejercer una militancia de hecho en el Partido Justicialista, como partes de sus corrientes internas. Actualmente, la casi totalidad de los gremios de la CGT está encabezada por afiliados al PJ y mantiene relaciones muy semejantes a la del tiempo histórico, cuando la central era identificada como brazo sindical del peronismo.
Ello no sería tan grave si no fuera porque mediante la ley 23.551, de asociaciones de trabajadores, la CGT ejerce el monopolio de la representación de los intereses específicos de los trabajadores; es decir, el unicato gremial, en desmedro de cualquiera otra central. Esa norma determina que únicamente dispone de personería gremial para negociar convenios colectivos y otras condiciones de trabajo el sindicato más numeroso por rama de actividad económica. La CGT, por reunir el mayor número de organizaciones, es la beneficiaria de esa discriminación, que vulnera el artículo 14 bis de la Constitución nacional cuando establece el derecho de los trabajadores a asociarse para la defensa de sus intereses, con el mero requisito de inscribirse en un registro especial.
Por lo demás, la ley suprema incluye también en su texto las más importantes declaraciones internacionales que establecen la libertad sindical como pauta impuesta a todas las organizaciones pluralistas de la sociedad democrática. Tratando de atenuar esa discriminación se dispuso conferir personería jurídica a toda otra entidad de trabajadores, pero ella no habilita para la representación de los intereses específicos, por cuya razón la Central de Trabajadores Argentinos expuso recientemente la situación en la asamblea anual de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), disponiéndose el envío de una comisión a nuestro país para el análisis de la situación.
La primera visita del nuevo secretario general de la CGT, inmediatamente después de su polémico nombramiento, fue al presidente de la República, con quien permaneció media hora, para anunciar posteriormente su adhesión a la candidatura de la señora de Kirchner como senadora por la provincia de Buenos Aires, así como el propósito de participar de sus actos proselitistas. También otros dirigentes sindicales agrupados en la central oficialista identifican a sus gremios con distintas fracciones del PJ, pasando por alto que el unicato gremial inhabilita moralmente esa clase de militancias, por cuanto muchos de sus afiliados ostentan afinidades políticas diferentes, ante la carencia de libertad de asociación.
La condición corporativa en el ejercicio de la política halla en ese modelo gremial un exponente máximo y formal que perdura desde hace más de medio siglo. El encumbramiento de Moyano y la eventual división que provoca no deben confundirse, pues, con otra batalla por la democracia, sino como un nuevo testimonio de la lucha por el poder sindical absoluto.

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