¡Seguridad!

Una fecha patria con demasiados temores.

09 Julio 2005
Por Juan Manuel Montero

Hace un año, lo que empezó como una fiesta terminó con un bochorno nacional. El país vio cómo militantes de organizaciones piqueteras, desocupados y estatales se enfrentaron con palos y piedras en la plaza Independencia. José Alperovich aún no había cumplido un año al frente de la provincia. El 9 de julio de 2003, con Julio Miranda como gobernador y con Alperovich como electo, el presidente Néstor Kirchner había visitado la provincia y se dio un baño de afecto con el pueblo, que lo recibió alborozado.
Pero 365 días después, fue un papelón. Luego de eso, Alperovich se juró que había aprendido la lección. Cuando se confirmó que Kirchner encabezaría los actos, habló con sus ministros y les hizo entender que, a algunos de ellos, ya les había perdonado los errores, pero que eso no volvería a ocurrir. Si un año antes habían pecado de ingenuos, ahora debían demostrar que eran los más inteligentes. Más de 5.000 policías custodiarán al Presidente. Pero no estarán solos. El año pasado, el ministro de Seguridad Ciudadana, Pablo Baillo, también había diseñado un plan similar, pero falló. Ahora entró en escena la figura del vicegobernador Fernando Juri, que desempolvó viejas amistades. Como cada vez que el oficialismo necesitó una fuerza de choque se citó a los remiseros, de la mano de Rubén Ale. Ale lideró un sector del justicialismo que siempre se mantuvo fiel a Carlos Menem. Inclusive cuando hace tres semanas el ex presidente llegó a la provincia estuvo con ellos. "La Chancha", cuando habla de política, suele decir: "Donde Carlos me pide que vaya, yo voy". Es incondicional. Pero ahora deberá cuidarle las espaldas a Kirchner. Cientos de remiseros vigilarán que nada empañe la visita. Ale, inclusive en su condición de directivo de la Gerenciadora del NOA, prestó las instalaciones de la cancha de San Martín. Dentro de cuatro paredes todo es más fácil de controlar que en un espacio abierto.
Con muñeca política, el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, aplacó, en base a promesas, a los gremios. Para ello contó en varios casos con el visto bueno del ministro de Economía, Jorge Jiménez. Baillo también terció en una situación que se preveía complicada: la de los policías retirados que reclaman la recomposición salarial. Para eso contó con la colaboración de un ex camarada de Fuerza Republicana, el ex jefe de Policía de la gestión de Antonio Bussi, Luis Roberto Véliz, que logró que el reclamo se pospusiera. Alperovich -dando muestras de su preocupación- llegó inclusive a visitar el Juzgado Federal. Quiso asegurarse de que los jueces actuarían con Gendarmería si era necesario, para evitar cortes de ruta. Fue acompañado justamente por un ex jefe de Gendarmería, su empleado Alberto Kaleñuk, que le abrió algunas puertas. El gobernador también le ordenó al intendente Domingo Amaya que debía controlar las protestas. Amaya ablandó los controles a los remiseros truchos, pero en la Casa de Gobierno no cayó nada bien el aval a la suba del cospel, lo que abrió otro frente de conflicto. Nada podía quedar librado al azar.
Alperovich sabe que así como ganó adeptos, sumó enemigos. La gran mayoría de ellos, dentro del propio partido que lo albergó. No está tranquilo. ¿Qué verá Kirchner cuando recorra la avenida Gobernador del Campo desde su combi? Escolares. ¿Qué verá cuando llegue a la Catedral y luego, cuando camine hasta la Casa Histórica? Más escolares. Todos de riguroso delantal blanco. Casi nadie se atrevería a atropellar a niños para hacerle saber su reclamo al Presidente. Detrás de los guardapolvos habrá otra fila de policías, y detrás, remiseros. ¿Habrá problemas? Nadie se anima a negarlo rotundamente. Desde el Gobierno sólo pensaron en la seguridad, y tal vez se olvidaron de la magnitud de la fecha que se festeja. El Día de la Independencia. Por todo lo que ello representa, nos merecemos una celebración en paz, pero no a la fuerza.

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