Operación Amanecer Negro

Por Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Nueva Mayoría.

08 Julio 2005
El atentado en Londres, lamentablemente, era un hecho que estaba "descontado". El alcalde de Londres, apodado "Kevin, el Rojo", porque lidera el ala izquierda del Partido Laborista, opuesta a Tony Blair, anunció, cuando tuvo lugar el atentado de Atocha, que un hecho de este tipo en Londres era inevitable. Un sondeo realizado en Gran Bretaña en abril daba cuenta de que el 71% de los británicos opinaba igual. En esos días, funcionarios de Scotland Yard dijeron públicamente que se hacía inexorable un atentado en los medios de transporte públicos de Londres.
Sabemos que en el mundo musulmán, entre tres y cuatro millones de personas tienen vocación de suicidas -entre los adolescentes palestinos que viven en la Franja de Gaza dicha intención alcanza al 24%-, lo que pone al mundo frente a un riesgo sin precedentes. Con tantas personas decididas a inmolarse y con la población total como blanco, lo más probable es que nuevos atentados tengan lugar en ciudades del mundo, y por esta razón ya está "descontado" que esto puede suceder o sucederá.
Pero el hecho terrorista que produce un colapso en la economía mundial, se produce cuando a lo que sabemos -el suicidio como arma y la población total como blanco- se suma el uso de un arma de destrucción masiva.

Ejercicio de simulación
Por esta razón, en la primera semana de mayo, la OTAN realizó un ejercicio computarizado bautizado "Black Dawn" (Amanecer Negro), que fue organizado por el Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos y contó con el patrocinio de un consorcio que reúne a 21 centros de investigaciones de 16 países integrantes de dicha alianza. El ejercicio partió del supuesto que la red Al Qaeda puede fabricar una bomba nuclear rudimentaria en menos de cuatro semanas, para destruir el cuartel de mando de la OTAN y producir un colapso mundial.
El español Javier Solana, responsable para la seguridad europea, y el holandés Gijs de Vries, coordinador para la lucha antiterrorista de la UE, junto con funcionarios de la Casa Blanca, observaron las simulaciones numéricas y las filmaciones en video que mostraban el tremendo impacto de un ataque de este tipo contra la sede de la OTAN.
Michel Flourney, uno de los coordinadores del ejercicio, sostuvo: "la explosión de un artefacto nuclear rudimentario causaría una masacre, diseminaría el pánico y haría colapsar a la economía mundial".
Nuevamente los británicos, en una muestra de su típico realismo, el 14 de mayo de 2004, presentaron un plan de evacuación masiva de Londres, que contempla el traslado de todos sus residentes al interior del país en trenes, micros y autos especialmente diseñados para resistir gases letales. La Armada y la Policía británicas comandarían operativos de transporte y vivienda temporaria, además de crear salidas de emergencia para permitir el éxodo. Todo esto sucedió hace más de un año y el sistema británico previsto para las emergencias respondió con la eficacia prevista. La reacción que provocó el atentado de Atocha en la opinión pública española no es la misma que provocará el de Londres en los británicos, cuya tenacidad es característica ancestral. Pero el atentado lleva a reflexionar acerca de que el terrorismo es y será, en el corto y el largo plazo, un flagelo con el cual tendrán que convivir no sólo los londinenses sino la humanidad toda. (Exclusivo para LA GACETA)

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