Crímenes de lesa humanidad

Por Emilio J. Cárdenas, ex representante permanente de la Argentina ante las Naciones Unidas.

08 Julio 2005
Como ya lo hizo en Nueva York, en Washington, en Madrid, y hasta en Buenos Aires, el terrorismo internacional descargó nuevamente su violencia inhumana e indiscriminada sobre centenares de inocentes y desprevenidos civiles. Esta vez, en los medios de transporte de la ciudad de Londres.
Para muchos, personalmente, la nueva tragedia será algo imposible de olvidar. Para todos, este es un nuevo llamado de atención acerca de lo mucho que habrá que esforzarse para defender y preservar los valores de la civilización occidental de aquellos que -en su locura totalitaria- no creen en la libertad, no toleran la diversidad y no respetan ni siquiera el derecho a la vida.
El terrorismo golpeó en Londres con la brutalidad que lo caracteriza, en momentos en que los líderes del mundo estaban reunidos en Escocia debatiendo precisamente cómo enfrentar algunos de los más acuciantes problemas sociales del mundo, como la pobreza, el sida y el cambio climático. El fanatismo islámico parece, una vez más, haber animado a los circunstanciales ejecutores de los atentados criminales, probablemente convencidos de que sus acciones poseen inspiración y aprobación divina. Como también ocurrió ayer, lejos de Londres, en Bagdad, cuando seguidores de Abu Musab al-Zarqawi asesinaran al embajador de Egipto en Irak, Ihab al-Sharif, a quien tenían cautivo y condenaron por "infiel y aliado a judíos y cristianos".

Delitos imperdonables
Los de ayer son sólo nuevos atentados que la comunidad internacional, por sus características, define -con razón- crímenes "de lesa humanidad". Por esto ese tipo de crímenes conforma delitos que son imperdonables e imprescriptibles. Tal como lo define expresamente el artículo 7, inc. k), del estatuto de la Corte Penal Internacional -que nuestro país suscribió y transformó en ley 25.390-, al incluir específicamente entre los crímenes "de lesa humanidad" los actos cometidos como parte de un ataque generalizado o sistemático contra civiles que "causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física". Lamentablemente esta no es la postura de nuestra Corte Suprema, en su nueva composición. Para nuestro máximo tribunal el terrorismo no es un crimen "de lesa humanidad". Por esto no sorprende que algunas decisiones recientes hayan rechazado la extradición de quienes son solicitados por otros países, como España o Chile, en función de acusaciones que asocian con el terrorismo. De este modo, la Argentina está camino a transformarse en un país "santuario" para aquellos que la comunidad internacional considera incursos en delitos de lesa humanidad. Dios quiera que los atentados de ayer sirvan de llamado de atención y abran los ojos de aquellos que todavía prefieren encasillar al terrorismo como crimen "de naturaleza política". De espaldas, tristemente, a lo acontecido en los atentados contra la Embajada de Israel y contra el AMIA. Pero, además, a contramano no sólo con el mundo, sino también con la civilización misma. (Exclusivo para LA GACETA)

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