Los citricultores tucumanos atraviesan por un año movido como pocos. De enero a esta parte, tuvieron y tienen que atender diversas cuestiones de vital importancia para el futuro de la actividad que produce los mejores limones del mundo.
Entre enero y febrero, el sector debió hacer frente a una sequía que amenazó con afectar la producción de la fruta. Finalmente los daños por la falta de lluvias no fueron graves, pero el fenómeno climático llevó a que muchos pensaran que la temporada iba a ser negativa. También en febrero se produjo una feroz helada en España que provocó enormes pérdidas en la citricultura de ese país. Esta catástrofe se convirtió en una oportunidad para los productores tucumanos, que iniciaron en forma temprana la exportación de fruta fresca al Viejo Continente. La venta de limones de alta calidad en la Unión Europea (UE), en épocas en que aún se tendría que haber comercializado la fruta de la Madre Patria, provocó celos entre los operadores españoles. Tan es así que la Asociación Interprofesional de Limón y Pomelo (Ailimpo), de España, realizó hace poco una presentación ante el gobierno de ese país contra el limón tucumano. La acusación sostenía que se estaba exportando fruta de nuestro país sin tratamientos poscosecha, lo cual fue negado en forma rotunda por la Asociación Tucumana del Citrus (ATC).
El hecho podría no haber tomado mayor trascendencia si no fuera porque la denuncia fue formulada por la misma institución que había defendido la citricultura tucumana cuando España decidió prohibir el ingreso del limón de nuestra provincia a fines de 2003 por haberse detectado partidas de la fruta con enfermedades cuarentenarias. En 2004 y durante la presente temporada, las autoridades de Ailimpo vinieron a Tucumán para conocer campos, empaques y citrícolas, pero más que nada para afianzar lazos con los principales referentes de la actividad de esta parte del país. Al parecer, esos lazos no estaban del todo firmes, según se acaba de comprobar.
Pero antes de tener que salir a aclarar que Tucumán no exporta limones que no cumplan con las normas sanitarias del Senasa y de la UE, la ATC debió ocuparse de resolver una crisis dentro de la misma actividad, pero esta vez con su sector laboral. La durísima negociación que culminó con un incremento del 26% para los salarios básicos de los obreros del limón, ahora de $ 87%, tuvo un alto costo para la citricultura. Esto, porque los empresarios aseguran que ahora pagan sueldos similares en dólares a los que abonaban en tiempos de la convertibilidad, con lo que se habría neutralizado el beneficio que otorgó la devaluación al achicar el costo salarial. Resuelto este conflicto, el sector debe enfrentar la descompensación de las economías individuales de los exportadores que pierden U$S 0,80 por caja de limón que se envía a la UE debido a la baja en la cotización del euro frente al dólar.
Los costos de producir fruta de excelencia son elevados, aun cuando no todos los limones se liquidan con la divisa norteamericana. Para colmo, los precios de los cítricos que se destinan a la industria no cubren ni siquiera los gastos de producción; por lo tanto, muchos citricultores -los que no exportan- trabajan este año a quebranto. Otro aspecto que no se puede soslayar es el de los controles del Senasa, que este año son más estrictos que nunca para evitar que se venda al exterior fruta con enfermedades cuarentenarias. La tarea del órgano sanitario les cuesta cara a los productores, que deben desechar mucha fruta que es objetada por los inspectores. Y si algo faltaba, la citricultura argentina deberá vestirse de gala en julio para recibir una nueva auditoría de la UE, que evaluará si se cumplen las normas de producción de cítricos como lo establecen los protocolos de exportación. Un año en verdad intenso.
13 Junio 2005 Seguir en 
Por Fernando García Soto







