Productores y Gobierno no sólo no acordaron medidas para garantizar la seguridad en las rutas de la zafra, como prometieron a fines del año pasado, sino que se trenzaron en una porfía de la que, por sus características, saldrá un perdedor, con la imagen muy magullada.
Es que hasta ahora nunca se había comprometido mayormente, como ocurre en este momento, el bolsillo, llamado la víscera más sensible del hombre. Los productores, que sólo desde la devaluación pueden decir que aspiran a sacar buen provecho de cada zafra, se asustaron ante la perspectiva de tener inmovilizado el transporte de caña durante 12 horas diarias. Las pérdidas serían cuantiosas, dicen, y por ello no sólo cortaron ayer caminos sino que están dispuestos a paralizar la zafra el lunes. Y los apoyan los obreros de Fotia y, presumiblemente, los empresarios. La zafra azucarera importa un movimiento de $ 1.000 millones anuales. La víscera azucarera es muy sensible.
Del otro lado están las autoridades que, tras los 300 accidentes anuales causados por las rastras cañeras (con un cálculo de 40 muertes y 360 heridos por año en promedio), decidieron prohibir la circulación de las rastras durante la noche. Estos "trencitos" de carros cañeros tirados por tractores (y por camiones) circulan muy lentamente y son como un muro en medio de la ruta ante los veloces autos. También tienen sus argumentos económicos, sólo que en el caso de los accidentes no se percibe tan claramente la pérdida, porque cada choque es percibido como una circunstancia singular, no como un problema generalizado. Hace cinco años, el actual director de Emergencias, Juan Masaguer, decía que la provincia (todos los tucumanos, incluidos los productores, empresarios y obreros de la caña) gastaba entre $ 62.000 y $ 80.000 por accidentado grave, y que los accidentes generan unos $ 300 millones en pérdidas a Tucumán. Claro, los 22,3 millones de pesos que implicarían (grosso modo) los 360 heridos en choques con rastras, son poco en comparación con el movimiento de dinero de la zafra. Pero significan algo.
La pulseada es dura, porque intervienen cuestiones que no se pueden resolver. A los factores vinculados a la zafra los sostiene el riesgo de crisis social que significa una economía detenida. Afirman también que el Gobierno no cumplió con el pedido de poner en condiciones caminos alternativos para que circulen los "gusanitos" cañeros de la zafra. Del otro lado, se reclama que los productores se acostumbraron a circular en la ilegalidad (de hecho, hay unos 2.000 carros registrados pero se piensa que serían unos 6.000) y que no hicieron aportes para buscar una salida. Antes bien se habituaron a presionar a las autoridades y a hacerles torcer el brazo en cada zafra, después de acordar de palabra que cuidarían entre todos la seguridad. Así fue desde hace una década, cuando se desvirtuó en Tucumán la Ley Nacional de Tránsito para permitir la circulación de vehículos agrícolas por las rutas.
Una constante de las autoridades ha sido prometer leyes duras y permitir luego el descontrol, y negarse -por desconocimiento, por inercia o por ineficiencia- a encarar una política que contemple todos los intereses y que vaya construyendo, por ejemplo, rutas alternativas. Hoy sólo el 30 % de los caminos secundarios podría servir para el trasporte de la caña, y todos están en mal estado. Las autoridades no fueron previsoras ni coherentes, y eso pesa a la hora de exigir.
La situación actual es producto del dramático final de la zafra 2004, con muertos por todas partes. Ahora, por no haber acordado en una negociación, han recurrido a los molestos cortes de ruta que todos cuestionan cuando son hechos por los piqueteros. ¿De quién es la culpa? En principio, de todos los intransigentes que no buscaron en conjunto una salida para un problema difícil y sólo pensaron en su propio bolsillo.
11 Junio 2005 Seguir en 
Por Roberto Delgado







