¿Cuánto tiempo lleva un duelo? Una psicóloga analiza el peso de las expectativas del entorno

Verónica Figueroa explica cómo la búsqueda de aprobación y las expectativas del entorno pueden agregar angustia a una pérdida. Los tiempos, sostiene, son personales.

Qué pasa cuando los demás esperan que vuelvas rápido a tu vida.
Qué pasa cuando los demás esperan que vuelvas rápido a tu vida.
Ale Casas Cau
Por Ale Casas Cau Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • La psicóloga Verónica Figueroa advirtió hoy en Tucumán que la presión social por superar un duelo añade culpa y angustia, ya que cada pérdida demanda tiempos individuales.
  • La exigencia del entorno de retomar rutinas choca con la necesidad de procesar la ausencia, un problema común en duelos complejos como los gestacionales y perinatales.
  • La especialista plantea la necesidad de crear espacios de escucha donde el dolor sea validado sin mandatos de superación rápida para lograr una convivencia sana con la pérdida.
Resumen generado con IA

Volver al trabajo, recuperar la rutina, responder como antes. Después de una pérdida, esas expectativas pueden aparecer cuando una persona todavía necesita hablar de lo ocurrido o no sabe cómo reorganizar su vida. A lo que siente se suma entonces otra pregunta: si los demás creen que ya debería estar mejor, ¿por qué todavía no puede?

“Los duelos son personales porque los tiempos son personales”, sostiene Verónica Figueroa, psicóloga y coordinadora de la Unidad de Prevención y Atención de las Violencias del Servicio de Salud Mental del Hospital Centro de Salud. 

La profesional plantea que elaborar una pérdida requiere reconocer qué significaba aquello que ya no está. Esa experiencia no puede medirse solamente a partir de lo que hicieron otras personas ni de la rapidez con la que retomaron sus actividades. “Esto no significa que porque se lo haga más rápido, menos rápido, está mejor elaborado un duelo”, explica.

El tiempo propio frente a la mirada ajena 

Figueroa observa que las personas buscan aceptación y validación. Esperan que alguien confirme que están haciendo bien las cosas. Durante un duelo, esa necesidad puede llevar a poner las expectativas ajenas por encima de lo que se siente.

Para trabajar esa diferencia, propone distinguir el tiempo de los otros del propio. “Puede ser que la mayoría lo haga en este tiempo”, plantea. “Ahora, yo, ¿cuál es mi tiempo? ¿Hasta cuándo necesito?”.

La respuesta se va construyendo en el día a día. Puede implicar conversar con alguien, reconocer una dificultad o buscar acompañamiento profesional cuando se siente que no se puede seguir solo. “Tomarse el tiempo para hacerlo también es una decisión personal y es un acto de gran cuidado”, afirma.

Ese espacio resulta más difícil cuando el entorno interpreta que la persona debería haber terminado su duelo. La exigencia de estar bien puede agregar culpa a un dolor que ya requiere atención.

“Si yo estoy pendiente de la mirada del otro y lo que el otro dice se vuelve más importante de lo que yo siento y necesito, voy a estar doblemente angustiada y culpabilizada”.

Una pérdida que el entorno no comprende 

En la entrevista, Figueroa también se refiere al duelo gestacional y perinatal. La muerte de un bebé puede ser vivida de una manera diferente por quien lo esperaba y por quienes no llegaron a conocerlo. “La pérdida de alguien siempre es pérdida de algo, alguien valioso, amado, deseado por mí”, explica.

En ese vínculo están las expectativas y el lugar que esa persona tenía para quien atraviesa la muerte. Por eso, las opiniones del entorno no pueden determinar la forma en que debería sentirse.

“Todos podemos opinar”, señala. Los demás pueden hablar de sus propias experiencias o pensamientos, pero eso no permite establecer cómo tiene que transitar otra persona lo que le pasó. “Cada subjetividad, cada psiquismo, cada cuerpo sabe lo que siente”, sostiene.

Convivir con lo que permanece 

Figueroa plantea que el dolor puede transformarse en recuerdos, actos u otras formas de vínculo con lo vivido. No supone que la ausencia desaparezca. “El dolor de la pérdida por alguien probablemente no desaparezca nunca, pero se vuelve tolerable y algo con lo que puedo vivir”, explica.

Algunas personas encuentran un lugar en grupos de apoyo o en el acompañamiento de otras familias que atraviesan situaciones similares. Otras construyen maneras diferentes de recordar y continuar. La profesional remarca que ese recorrido también es propio. 

“Se necesitan espacios de escucha donde se pueda poner en palabras esto que me pasa para no aguantar y callar”, dice. Un lugar donde contar lo que todavía duele sin tener que demostrar que ya se está mejor.

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