De Huirapuca al rugby francés: se fue a Europa para crecer como jugador y encontró mucho más
Alejo Sotillo atraviesa su quinta temporada en Europa y actualmente juega en el RC Amiénois, de la Fédérale 2 francesa. A los 28 años, el tercera línea tucumano combina el rugby con el trabajo, estudia Inteligencia Artificial y entrena a juveniles.
Resumen para apurados
- El tucumano Alejo Sotillo disputa su quinta temporada en Francia con RC Amiénois, adonde emigró para crecer como jugador y hoy combina el rugby con el ámbito laboral y académico.
- Formado en Huirapuca, el tercera línea de 28 años reside en Europa desde hace un lustro, donde además de competir entrena divisiones juveniles y estudia Inteligencia Artificial.
- Su trayectoria refleja la adaptación y desarrollo integral de deportistas argentinos que buscan consolidar su vida profesional en ligas europeas más allá de la competencia.
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Alejo Sotillo atraviesa su quinta temporada en Europa. El tercera línea formado en Huirapuca juega actualmente en el RC Amiénois, de Francia, que compite en la Fédérale 2, después de un recorrido que comenzó en agosto de 2021 y que también incluyó dos temporadas en España. A los 28 años, combina el rugby con un trabajo en una cadena de restaurantes, estudia la Licenciatura en Inteligencia Artificial a distancia y, además, entrena a la M-19 del club francés.
Cinco años atrás, cuando dejó Tucumán con apenas 23, el escenario era bastante diferente. Sotillo estudiaba Agronomía en San Miguel de Tucumán y tenía una pregunta difícil de responder: hasta dónde podía llevarlo el rugby. Una propuesta para jugar en la sexta categoría francesa le dio la posibilidad de averiguarlo.
“Mi idea era poder ver hasta qué nivel podía llegar jugando. Pero los objetivos se van amoldando a las situaciones”, reconoce. Con el tiempo, la pelota terminó abriendo puertas que excedían cualquier cancha. “Gracias al rugby hoy conozco más de 25 países. Me dio experiencias y amigos de distintas partes del mundo”, cuenta.
Aprender a vivir lejos
La oportunidad apareció mediante Fernando Reche, entrenador marplatense que trabajaba en Francia y había recibido referencias suyas a través de Juan Manuel “Maneco” Molinuevo. Así llegó a un pequeño club de Bretaña que competía en Fédérale 3.
El cambio fue total. De vivir con sus padres y regresar a Concepción durante los fines de semana pasó a desenvolverse solo en una ciudad francesa de alrededor de 5.000 habitantes. Nuevo idioma, nueva rutina y, por primera vez, la responsabilidad de manejarse completamente por su cuenta.
“Fue un cambio brusco. Era nueva ciudad, nueva gente, nuevo todo. Le tengo mucho aprecio al club porque me abrió los brazos y me permitió crecer, no sólo como jugador sino como persona”, asegura.
También descubrió una estructura de rugby diferente. En las categorías federales francesas conviven ex profesionales, jugadores que reciben dinero y otros que simplemente practican el deporte como hobby. Los acuerdos tampoco son iguales: algunos clubes ofrecen alojamiento; otros suman un trabajo o una remuneración por jugar.
Después llegó España. Luego apareció la posibilidad de incorporarse a Getxo, en el País Vasco. Allí compitió en la segunda categoría y su rutina se acercó todavía más al profesionalismo, con entrenamientos por la mañana y la tarde.
Sotillo, además, encontró una particular manera de complementar sus ingresos: vendía empanadas. “En España la gente suele ser más parecida a nosotros. Y el idioma ayuda muchísimo para adaptarse”, explica.
El regreso más difícil
Su recorrido europeo tuvo una interrupción que dejó al rugby completamente en segundo plano. Sotillo tenía acordado regresar a Europa cuando, durante un viaje familiar, sufrió un accidente en el que murió su padre.
“Decidí quedarme para acompañar a mi mamá y estar con mi familia. No sabía si iba a ser por un tiempo determinado o no. Fui yo quien tomó la decisión de no volver”, cuenta.
Permaneció alrededor de un año en Tucumán y regresó a Huirapuca. Incluso fue convocado a la Academia del Norte, pero durante un partido del Torneo del Interior contra Universitario sufrió una lesión en el peroné que lo mantuvo aproximadamente siete meses fuera de las canchas.
Cuando consiguió regresar, aparecieron nuevos obstáculos: primero un desgarro y después un corte en el rostro. Sotillo decidió frenar. “En un momento mi cabeza estaba medio mal. Paré un mes y medio para recuperarme de todo, disfrutar con mi familia y salir con mis amigos”, recuerda.
Después volvió a comunicarse con Getxo. Les contó lo ocurrido, explicó su situación física y preguntó si todavía estaban interesados. La puerta seguía abierta. Europa volvió a aparecer.
Mucho más que jugar
Hoy Sotillo está nuevamente en Francia. Su club acaba de ascender a Fédérale 2 y afronta una temporada particular por la reestructuración que tendrá el rugby francés. El objetivo es conseguir un nuevo salto de categoría. Pero su vida ya no gira únicamente alrededor de los resultados.
Durante aquella estadía en Tucumán decidió buscar una carrera que pudiera acompañarlo sin importar dónde estuviera. Dejó Agronomía y comenzó la Licenciatura en Inteligencia Artificial en la Universidad Siglo 21, que cursa a distancia.
En Francia trabaja también en el sector de stock de una cadena de restaurantes que patrocina al club. Prepara pedidos, recibe mercadería y dispone de horarios compatibles con los entrenamientos. Y esta temporada agregó otra función: entrena a la M-19.
Cinco años después de aquella primera valija, la pregunta inicial también cambió. Sotillo salió de Huirapuca queriendo saber hasta dónde podía llegar jugando al rugby. No terminó encontrando solamente categorías, clubes o partidos. “Para mí no es que no haya logrado nada jugando”, aclara. Conoció más de 25 países, aprendió idiomas, trabajó, estudió, atravesó una pérdida, regresó a casa y volvió a empezar lejos de ella.
El rugby sigue ocupando buena parte de sus días. Pero a esta altura Sotillo ya descubrió algo más: la pelota que lo llevó de Concepción a Europa nunca fue solamente el destino. También fue su pasaporte.







