El desconcierto de Orfila: las decisiones que explican el empate de San Martín contra Güemes

El ingreso de Leonardo Monroy como extremo por izquierda fue una de las imágenes del 1 a 1 en La Ciudadela. San Martín no logra encontrar una identidad ni respuestas futbolísticas.

CARAS LARGAS. Los jugadores santos no pueden creer otro paso en falso. Bruno Cabrera sacó las papas del juego y evitó una nueva derrota.
CARAS LARGAS. Los jugadores "santos" no pueden creer otro paso en falso. Bruno Cabrera sacó las papas del juego y evitó una nueva derrota. LA GACETA / Osvaldo Ripoll
Bruno Farano
Por Bruno Farano Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • San Martín de Tucumán empató 1-1 ante Güemes en La Ciudadela por la Primera Nacional, en un partido marcado por los desaciertos tácticos del entrenador Alejandro Orfila.
  • Güemes se adelantó con gol de Sala. Orfila improvisó posiciones como la de Monroy a banda cambiada y demoró variantes clave hasta que Bruno Cabrera rescató el punto.
  • El resultado evidencia la falta de identidad y funcionamiento colectivo de San Martín, sembrando dudas sobre su rumbo y capacidad para pelear el protagonismo en el torneo.
Resumen generado con IA

El cambio de Leonardo Monroy por Santiago Briñone, de muy mal primer tiempo y con un rendimiento bajísimo desde hace bastante tiempo, terminó graficando a la perfección el empate de San Martín contra Güemes.

Monroy es lateral-volante por derecha, pero Alejandro Orfila decidió mandarlo al campo para jugar extremo por izquierda; en una decisión que expuso el desconcierto y la falta de ideas del DT.

El “Santo” no encuentra el rumbo en esta Primera Nacional. Va al frente, intenta siempre, pero termina repitiéndose en sus incursiones, y perdiendo sorpresa y peso ofensivo. Y cuando un equipo no tiene claro hacia dónde va, termina andando a los tumbos. El 1 a 1 fue otra muestra de eso.

Briñone tuvo un primer tiempo muy flojo y no es una novedad. Su rendimiento viene siendo irregular desde hace mucho tiempo.  Sin embargo, la solución elegida por Orfila en el inicio del complemento tampoco pareció responder a una planificación clara. Monroy ocupó un lugar lejos de su posición natural.

No se trata de cargar las tintas sobre Monroy. El problema es pedirle a un jugador que resuelva desde un lugar que no siente como propio.

En el fútbol las posiciones importan, y los perfiles y los movimientos naturales también. Un jugador puede adaptarse pero cuando las excepciones empiezan a convertirse en regla, el equipo termina pagando las consecuencias.

La modificación fue una fotografía del momento que atraviesa San Martín; un equipo que busca respuestas sobre la marcha, que mueve piezas sin encontrar una estructura sólida y que parece depender más de la improvisación que de una idea colectiva.

Porque San Martín fue al frente y lo buscó. Porque terminó empujando y porque consiguió el empate con el gol de Bruno Cabrera, que evitó otra derrota en casa. Pero ir hacia adelante no siempre significa atacar bien. Tener la pelota no necesariamente implica saber qué hacer con ella. Y San Martín, hoy, parece un equipo que corre detrás de sus propias urgencias.

El problema no fue únicamente que Güemes se haya cerrado, haya hecho tiempo o haya cortado el juego cada vez que pudo. Eso forma parte del fútbol. También las faltas tácticas, la interrupción permanente y un árbitro que permitió que el partido se jugara demasiado al ritmo que más le convenía a la visita. Pero San Martín no puede explicar su empate solamente desde allí.

El “Santo” fue un equipo sin demasiadas ideas para atacar. Con la pelota, pero sin claridad; con voluntad, pero sin mecanismos. Con jugadores intentando resolver situaciones que, muchas veces, parecían no tener una solución colectiva detrás.

El entrenador demoró mucho en mandar a la cancha a "Caco" García

Y Orfila demoró mucho en mandar a la cancha a Matías “Caco” García, que había salvado al equipo contra Chacarita y que en esta ocasión volvió a ser importante.

Güemes hizo su partido. Se puso en ventaja con un golazo de Santiago Sala y, a partir de ahí, entendió que debía defender esa diferencia con todos los recursos disponibles. Se cerró, manejó los tiempos y llevó el partido hacia un terreno incómodo.

El empate deja una sensación difícil de disimular. Porque el gol de Cabrera sirvió para rescatar un punto, pero no para resolver los problemas. San Martín sigue sin encontrar una identidad clara, sin respuestas futbolísticas y con decisiones tácticas que, lejos de potenciar a sus jugadores, a veces parecen alejarlos de lo que mejor saben hacer.

El cambio de Monroy por Briñone fue el resumen de un equipo desconcertado, que todavía no sabe cómo jugar ni cómo corregir sus propios errores. Y un equipo puede perder por una pelota parada, por un golazo o por una distracción. Pero cuando pierde el rumbo, el problema es mucho más difícil.

Porque como le viene pasando al “Santo”, no alcanza con ir al frente. Un equipo que pretende ser protagonista, necesita saber hacia dónde va.

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