Síndrome del mirador de vidrieras

Juan L. Marcotullio - marcotulliojuan@gmail.com

Síndrome del mirador de vidrieras
29 Agosto 2026

A veces, en el consultorio, se escuchan relatos que parecen extraídos de un manual de clínica médica. Hace unos días, un paciente me contó que durante un viaje por Europa había comenzado a sentir dolor en las pantorrillas cada vez que caminaba. Debía detenerse, esperar un momento y luego continuar. Así, una y otra vez, lograba sobrellevar sus caminatas. No había consultado durante el viaje. A su regreso llegó al consultorio y relató aquella experiencia. Inmediatamente me vino a la memoria una expresión que hacía tiempo no escuchaba: el “síndrome del mirador de vidriera”.

La denominación médica actual es claudicación intermitente y constituye una de las manifestaciones más características de la enfermedad arterial periférica. Se produce cuando las arterias de los miembros inferiores presentan estrechamientos u obstrucciones, generalmente como consecuencia de la aterosclerosis. En reposo, el flujo sanguíneo puede resultar suficiente para las necesidades del músculo; pero al caminar, el músculo necesita más oxígeno y el aporte arterial no alcanza. Aparece entonces el dolor, fundamentalmente en las pantorrillas, que obliga a detenerse y desaparece después de unos minutos de reposo. De allí proviene aquella curiosa expresión. El paciente camina, aparece el dolor y entonces se detiene frente a una vidriera. Parece estar mirando algún objeto expuesto, pero en realidad está esperando que el dolor desaparezca. Después continúa su marcha hasta que la molestia vuelve a aparecer. Vidriera tras vidriera, el recorrido se transforma en una sucesión de pausas obligadas.

Lo que indica la claudicación intermitente

Los factores de riesgo son los mismos que favorecen la enfermedad aterosclerótica en otros territorios: tabaquismo, diabetes, hipertensión arterial, colesterol elevado, sedentarismo y edad, entre otros. Por eso, cuando aparece una claudicación intermitente, no estamos solamente frente a un problema de las piernas. Estamos ante una manifestación de una enfermedad vascular que puede comprometer también las arterias coronarias y cerebrales.

En este paciente, el examen clínico aportó algunos datos que orientaron el diagnóstico. Existía una disminución de la temperatura de los miembros inferiores desde las rodillas hacia abajo y una reducción de los pulsos arteriales. El paciente suponía inicialmente que su problema podía ser de origen venoso, algo bastante frecuente cuando se habla de “dolor de piernas”. Sin embargo, la historia clínica y el examen físico indicaban otra dirección. Un estudio incruento, el ecodoppler arterial de miembros inferiores, permitió confirmar la existencia de lesiones arteriales. Posteriormente se realizó una angiografía para conocer con mayor precisión la anatomía de las obstrucciones y definir la estrategia terapéutica. Actualmente se encuentra en proceso de evaluación para la colocación de una endoprótesis o stent, con el objetivo de mejorar el flujo sanguíneo y disminuir una sintomatología que puede resultar sumamente limitante.

La claudicación intermitente no debe confundirse con la isquemia crítica del miembro. Muchos pacientes pueden permanecer durante años con síntomas exclusivamente durante el ejercicio. Pero una enfermedad arterial avanzada puede evolucionar hacia el dolor en reposo, lesiones cutáneas, úlceras, necrosis de los dedos y, en situaciones graves, la necesidad de amputación.

Atender las señales de las arterias

Por eso, reconocer el relato típico tiene un enorme valor clínico. “Me duele cuando camino y se me pasa cuando me detengo” es una frase que merece ser escuchada con atención. La historia de la medicina vascular también guarda una frase que parece escrita para este paciente. Thomas Sydenham, el gran médico inglés del siglo XVII, dejó una sentencia que atravesó los siglos: “El hombre tiene la edad de sus arterias”. No hablaba, naturalmente, de una edad que pudiera medirse con un documento, sino de la importancia que tiene el estado de los vasos sanguíneos en el envejecimiento y la salud. Dos siglos después, el francés René Leriche, uno de los grandes pioneros de la cirugía vascular, hizo de las arterias, la isquemia y el dolor uno de los grandes campos de su actividad médica. Describió el síndrome aortoilíaco que lleva su nombre y fue un precursor de la cirugía destinada a restablecer el flujo sanguíneo en las arterias obstruidas.

Quizás aquella frase de Sydenham encuentre en la claudicación intermitente una de sus expresiones más visibles: el calendario dice una edad, pero las arterias pueden contar otra historia. El antiguo “síndrome del mirador de vidriera” quizá haya quedado como una expresión casi pintoresca de la medicina de otras épocas. Pero detrás de aquella persona que aparenta detenerse para contemplar una vidriera puede existir una arteria enferma que está reclamando atención. Hoy sabemos que no se trata simplemente de una pierna que duele. Es una señal de alarma vascular.

El 29 de septiembre se celebra el Día Mundial del Corazón. En 2026, bajo el lema “No pierdas ni un latido” (Don’t Miss a Beat), la campaña mundial busca generar conciencia sobre las enfermedades cardiovasculares. Vaya esta nota como un aporte para recordar que reconocer a tiempo las señales de nuestras arterias también es una forma de cuidar el corazón.

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