La obra tucumana que se rompe frente a su propio público: "Kitsungi" y las diversas grietas que causa una separación

La obra, escrita y protagonizada por Julieta González y dirigida por Ezequiel Martínez Marinaro, parte de una ruptura después de 11 años de relación y deja una pregunta que se siente en el cuerpo: ¿qué hacemos con algo ya no puede volver a ser como antes?

ACTUACIÓN. María, interpretada por Julieta González, atraviesa los recuerdos y las preguntas que deja el final de una relación de once años.
ACTUACIÓN. María, interpretada por Julieta González, atraviesa los recuerdos y las preguntas que deja el final de una relación de once años.

Resumen para apurados

  • Julieta González cerró en Tucumán la temporada de "Kintsugi", un unipersonal teatral sobre el duelo y las heridas emocionales que deja una ruptura de pareja tras once años.
  • Dirigida por Ezequiel Martínez Marinaro, la puesta combina cine y teatro para romper la cuarta pared, inspirándose en el arte japonés de reparar cerámicas rotas con oro.
  • Tras el éxito de público y con el respaldo de la Asociación Japonesa de Tucumán, el equipo de producción confirmó que la aclamada obra regresará en una nueva temporada.
Resumen generado con IA

“Mejor lo dejamos acá, yo no puedo seguir así”, dijo Julieta González, que interpretaba a María. “Pero está el público”, le respondieron desde producción. “Ya sé que está el público. Por eso no puedo seguir así”.

Parecía que la obra "Kintsugi (Exposición de una ruptura)" estaba apunto de terminar cuando algo se salió de lugar. Tras un "error" técnico, González se detuvo, miró alrededor y se llevó las manos a la cabeza. Ante la incomodidad, yo (una espectadora más) quise que la tierra se abriera, cavar un pozo y quedarme ahí para siempre. Tal como María lo había manifestado durante la obra,

Hasta ese momento había entrado de lleno en el mundo interno de la protagonista: sus recuerdos, sus preguntas y esa necesidad casi desesperada de entender en qué momento una relación puede romperse. De pronto, el deseo de una explicación también estaba en la sala.

La cuarta pared, que la obra ya había ido quebrando, terminó de caer. Por un momento, ya no era tan fácil distinguir entre María y Julieta. La escena continuó y, poco después, llegó un final abrupto.

Al salir: escuché a algunas personas decir que se habían quedado con ganas de más. Yo también. Volví a casa con la angustia todavía encima. Durante horas seguí pensando en lo que había pasado, tratando de entender por qué una obra que había disfrutado tanto me había dejado con esa sensación. Y entonces empecé a reconstruirla.

Una ruptura que empieza en un bar

Kintsugi es una propuesta teatral contemporánea tucumana escrita y protagonizada por Julieta González y dirigida por Ezequiel Martínez Marinaro, con asistencia de dirección y arte de Camila Caram y producción de Lucía Dzienczarski. La puesta se presentó en la sala Juan Tríbulo, un espacio alternativo e íntimo de apenas 72 butacas.

La historia comienza en un bar. Manuel convoca a María para terminar una relación de 11 años. Entre cervezas y cigarrillos aparece un hombre mayor que le habla en japonés. Ella no entiende qué le dice, pero esas palabras quedan dando vueltas. María quiere descifrarlas, encontrar alguna pista que le permita entender a Manuel y, quizás, entenderse a sí misma.

A partir de ahí comienza una búsqueda. María vuelve sobre aquella noche, revisa recuerdos, reconstruye conversaciones y trata de encontrar el momento exacto en que algo cambió. La obra lleva esa idea al terreno de los vínculos. ¿Qué hacemos con aquello que se rompió? ¿Intentamos reconstruirlo? ¿Buscamos un culpable? ¿Por qué Manuel dejó de quererla? ¿Había alguna señal que no vio? Kintsugi no ofrece respuestas cómodas.

Entrar en la cabeza de María

La obra es un unipersonal que mezcla lenguaje teatral y cinematográfico. Las proyecciones que aparecen detrás de González acompañan la historia y funcionan como una extensión de los recuerdos, preguntas y búsquedas de María.

Una mesa, una silla y un pequeño vestuario móvil completan el escenario. Elementos simples que ayudan a construir la sensación de estar entrando en su mundo interno.

La puesta también rompe la cuarta pared: ella mira al público, le habla y lo convierte en testigo de su búsqueda. Por eso, cuando hacia el final esa frontera termina de caer, la incomodidad se siente de una manera particular. Ya no estamos solamente frente a María, sino también frente a Julieta y a una situación que parece haber escapado de lo previsto.

Quizás ahí esté una de las claves de Kintsugi: hacer que el espectador experimente, aunque sea por un instante, algo parecido a lo que atraviesa María: confiar, esperar y, de pronto, no saber qué hacer con lo que acaba de pasar.

Lo que queda tras una ruptura

El nombre de la obra remite al kintsugi, la técnica japonesa de reparar cerámica rota con resina y polvo de oro. Su filosofía propone dejar visibles las grietas y convertirlas en parte de la historia del objeto.

En ese vínculo con la tradición japonesa, el equipo contó con el apoyo de la Asociación Japonesa de Tucumán. La función que vi fue la última de esta temporada y, desde el equipo, adelantaron que Kintsugi volverá en una nueva temporada, aunque todavía no hay fecha confirmada.

Como María, también tuve que reconstruir lo que había vivido. Con el paso de las horas entendí que aquello que entendí como un error, esa interrupción que me había provocado tanta incomodidad, también formaba parte del juego que la obra había planteado desde el comienzo.

Horas después, sigo pensando. Ahora en Simone Weil, la filósofa francesa del siglo XX que reflexionó sobre el dolor y la necesidad de mirar de frente aquello que incomoda, sin recurrir a consuelos fáciles. Quizás por eso Kintsugi queda dando vueltas. En un mundo acostumbrado a respuestas rápidas, explicaciones inmediatas y a pasar enseguida a lo siguiente, hay algo incómodo -y también valioso- en una experiencia que nos obliga a quedarnos un rato más con la pregunta.

No todo puede reconstruirse en el instante en que se quiebra. Algunas marcas permanecen cuando se apagan las luces. Y después, simplemente, seguir. Aunque la angustia de no tener todas las respuestas te acompañe a dormir.

Comentarios