La clave para acercar la ciudad a los barrios

Hace 2 Hs

San Miguel de Tucumán tiene una paradoja que el debate por el nuevo Código de Planeamiento Urbano ayuda a hacer visible: es una ciudad extensa, pero buena parte de su actividad continúa dependiendo de unos pocos puntos de concentración. El centro sigue siendo el gran imán y, alrededor de él, existen barrios cercanos geográficamente, pero distantes en oportunidades.

La discusión sobre potenciar sectores como Ciudadela, Villa 9 de Julio o Villa Urquiza introduce algo más profundo que una estrategia inmobiliaria. Obliga a preguntarse qué ciudad se quiere construir y, sobre todo, para quién. La propuesta de “microdensificación” puede ser una de las claves para abandonar la idea de que crecer significa necesariamente extender la mancha urbana.

Microdensificar no debería significar llenar de edificios cada lote disponible. Significa detectar lugares donde ya existen transporte, comercios, instituciones y servicios, y fortalecer allí una escala urbana capaz de satisfacer las necesidades cotidianas. Que un vecino pueda comprar, estudiar, trabajar, encontrarse o realizar trámites sin trasladarse hasta el centro es mucho más que una comodidad: es una forma de construir ciudad.

Allí aparece el concepto de sectores intermedios. No se trata de elegir entre un centro poderoso y una periferia abandonada, sino de crear una red de centralidades menores, conectadas entre sí, que permitan distribuir actividades, servicios y oportunidades. Ciudadela, Villa 9 de Julio, Villa Urquiza y otros barrios podrían cumplir ese papel si el Estado reconoce sus potencialidades y orienta inversiones hacia ellos.

La idea forma parte de una discusión más amplia. Ya se había planteado la necesidad de otorgar nuevas identidades a los barrios y recuperar espacios públicos como motores de esa transformación. También se analizaron incentivos para estimular inversiones en zonas que pierden atractivo a medida que se alejan de las áreas más valorizadas.

Ambas propuestas deberían entenderse como partes de un mismo proyecto. Una nueva identidad barrial no se construye cambiando un nombre o delimitando un polígono. Se construye con plazas cuidadas, actividad comercial, instituciones, arbolado, iluminación, transporte y motivos para recorrer y habitar cada sector.

El desafío es que el nuevo Código no sea solamente una herramienta para decidir qué se puede construir y dónde, sino también para definir dónde queremos que ocurra la ciudad.

Potenciar los sectores intermedios implica, además, una política de equidad. Si las inversiones se concentran siempre en los mismos corredores, las desigualdades se profundizan. Si se lleva calidad urbana a barrios que hoy funcionan como lugares de paso o dormitorios, Tucumán puede distribuir mejor sus oportunidades.

San Miguel no necesita necesariamente crecer hacia afuera para crecer mejor. Puede crecer hacia adentro: recuperando barrios, fortaleciendo centralidades y acercando servicios.

El éxito del nuevo Código no debería medirse por los metros cuadrados construidos, sino por cuántos vecinos puedan dejar de sentir que, para acceder a una ciudad completa, deben viajar hasta el centro. Si logra transformar esa lógica, la microdensificación será mucho más que un concepto urbanístico: será una nueva manera de habitar Tucumán.

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