La Odisea también tiene voz de mujer

Hace 7 Hs

Por Carmen Perilli

Para LA GACETA - TUCUMÁN

La película de Christopher Nolan, disfrutable por supuesto, me llevó a releer la obra de Homero para constatar las sinnúmeras omisiones y tergiversaciones más allá de la ausencia casi total de los dioses, la insólita Atenea de Zendaya o la Helena de Lupita. Me impactó la omisión, entre otros, del episodio de los feacios donde aparece el hermoso personaje de Nausica. Allí se revela la figura del narrador de aventuras que es Ulises. Sin terapia ni amnesia el guerrero arma y desarma relatos fascinantes con gran placer antes de regresar a Ítaca. Mi visita a la biblioteca no terminó ahí sino con el reencuentro con una obra maravillosa, Las doncellas de Penélope, de la escritora canadiense Margaret Atwood.

La lectura de Atwood es un homenaje y, al mismo tiempo, el revés de la trama que incluye a Penélope y sus doncellas. Alterna la historia de vida de la reina más allá de la mujer sumisa que espera. Prima de Clitemnestra y de Helena de Troya, es la princesa de Esparta, la Hija de un rey y una náyade que ha aportado sus riquezas al reino de su marido.

Su encuentro con Ulises le permite tener un compañero además de un amante al que conoce demasiado. Su relato de Penélope está en contrapunto con el demoledor coro de las 12 doncellas, sus cómplices, que Ulises manda matar y Telémaco cuelga sin piedad. “Ahora que estoy muerta lo sé todo, esperaba poder decir, pero como tantos otros de mis deseos ese no se hizo realidad. Sólo sé unas cuantas patrañas que antes no sabía”, confiesa la voz de Penélope desde el reino de los muertos, consciente no solo de las mentiras de su esposo, sino también de la leyenda de su fidelidad conyugal. Pero también revela su culpa por la injusta muerte de las jóvenes criadas. Se enjuicia por no haberlas protegido ya que cumplían sus órdenes.

La escritora canadiense desmonta la construcción patriarcal del relato heroico. En el prólogo de la novela, publicada originalmente con el título The Penelopiad, Atwood advierte que la Odisea  no es la única versión de la historia. “Originariamente, el material mítico era oral y también local (los mitos se contaban de forma completamente distinta en diferentes lugares). Así pues, he recogido material de otras fuentes, sobre todo relacionado con los orígenes de Penélope, los primeros años de su vida y su matrimonio, y los escandalosos rumores que circulaban sobre ella”.

Las criadas forman un coro que se centra en dos preguntas: ¿cuál fue la causa del ahorcamiento de las criadas? Y, ¿qué se traía entre manos Penélope? La historia oficial de los sucesos de palacio ofrece demasiadas incongruencias. El coro reclama: “Somos las criadas/ que mataste/ las criadas traicionadas/ colgadas en el aire/ quedamos agitando/ los desnudos pies”. La escritora cuestiona el sistema esclavista que se encubre detrás del mundo épico: “Nosotras también fuimos niñas. Nosotras tampoco tuvimos unos padres perfectos. Nuestros padres eran padres pobres, padres esclavos, padres campesinos, padres siervos; nuestros padres nos vendían o dejaban que nos robaran. Estos padres no eran dioses, ni semidioses, ni ninfas ni náyades”. En el texto de Homero nadie se acuerda de las criadas. En cambio, Odiseo sí tiene que rendir cuentas de los pretendientes ejecutados porque eran príncipes y nobles.  Un relato es un almácigo de formas posibles, la Odisea está construida por múltiples relatos. Atwood construye una versión que la enriquece. Como en el ensayo juguetón de Samuel Butler La Autora de La Odisea donde se afirma que el poema fue obra de la bella Nausica.

© LA GACETA

Carmen Perilli - Doctora en Letras, profesora emérita de la UNT.

Temas Tucumán
Tamaño texto
Comentarios
Comentarios